Chinampas y libertad: aspectos del zapatismo en la región de Tláhuac

Baruc Martínez Díaz

A pesar de que tradicionalmente en la historiografía se le ha considerado al zapatismo como un movimiento territorializado en Morelos, recientes estudios regionales han demostrado que éste tuvo una influencia mayor, abarcando una zona mucho más extensa del centro sur del país. Estas investigaciones también mostraron la complejidad del mismo y las diversas y variadas dinámicas que el zapatismo manifestó en cada espacio en donde iba echando raíces.1 Así pues, para entender la profundidad de la revolución del sur, además de estudiarla de manera general, pienso que es necesario seguir trabajando en las características que poseyó en las escalas local y regional.

            En las líneas siguientes se presentan algunos de los aspectos que caracterizaron al zapatismo en la región de Tláhuac, espacio con particularidades bien definidas a través del aprovechamiento de los recursos lacustres que en aquellos años existían en abundancia, a pesar del deterioro que la modernización capitalista había provocado en los últimos años del porfiriato. El texto busca aportar mayor información que permita avizorar la compleja estructuración y el abstruso desarrollo histórico que se vivió al interior de las filas del Ejército Libertador del Sur; sobre todo, tratándose de una serie de comunidades poco estudiadas respecto a la relación que éstas mantuvieron frente a la rebelión campesina encabezada por el general Emiliano Zapata. 

La guerra

De acuerdo con las propias concepciones históricas de los habitantes de la región de Tláhuac, la revolución fue anunciada por un presagio, o tetzahuitl en lengua náhuatl. Matiana Flores Martínez, originaria de Zapotitlán y quien nació hacia 1905, aseguraba: “[…] huan utiquihtahqueh ce hueye tlecuhuatl, ihquion utechtetzahuililuc ye huitz hueye guerra, mayaneliztle, miquiztle […] y vimos una gran culebra de fuego [el cometa Halley], así se nos anunció que vendría la gran guerra, el hambre, la muerte”.3 Algunos meses después se empezaron a oír las descargas de máuseres y ametralladoras; la guerra había llegado a los lagos. Las primeras incursiones del Ejército Libertador del Sur en la región de Tláhuac ocurrieron de manera temprana: a finales de 1911. El 22 de octubre se combatió en Tulyehualco, en las estribaciones del Teuctli, y tres días después los zapatistas volvieron a ocupar la misma plaza y se extendieron hacia Tláhuac; pueblos en donde los lugareños engrosaron las filas zapatistas, según comentaron entonces los funcionarios del gobierno maderista. El 27 de octubre, durante una sesión del Consejo de Ministros, Manuel Calero, secretario de Relaciones Exteriores, refirió al respecto:

Por lo que toca a las bandas zapatistas que han salido fuera del Estado, expulsadas por la acción de la campaña, tengo el honor de informar que éstas son batidas con toda energía y perseguidas con la mayor eficacia posible. Respecto de ellas debo decir que, según lo expresó ayer el Subsecretario de Guerra, su composición y carácter es muy variable, por la lamentable cooperación que les prestan las poblaciones indígenas, en forma igual a las observadas en Morelos. Me es grato poner en el superior conocimiento de esta H. Cámara que, después de que nuestras fuerzas batieron a los asaltantes de Milpa Alta, causándoles treinta y cuatro muertos contra dos heridos de las tropas del Gobierno, los malhechores, en número aproximado de cien, se dirigieron rumbo a Tláhuac, en donde, como de costumbre, fueron engrosados por gente de la región.4

            Desde estas primeras incursiones, el Ejército Libertador contó con el apoyo y la simpatía de los pobladores de la región lacustre, lo cual, a la postre, permitió el fortalecimiento y una mayor capacidad de operatividad por parte de los grupos rebeldes, que al paso de los años se fue incrementando por lo menos hasta 1916. En aquel entonces, los zapatistas fueron bien recibidos en Tláhuac, pues de acuerdo con el parte militar a cargo del capitán Hernando Limón, la gente les dio una calurosa bienvenida a los surianos: “He de informar a Ud. que en el Pueblo de Tláhuac, poco antes de nuestra llegada al mismo, salieron un grupo de vecinos a recibir con música y agasajos a las partidas de bandidos que se acercaban, mostrando esta información la aptitud de simpatía que se guarda por estos lugares a esta gente”.5

            A partir de 1911 y hasta 1916, los combates zapatistas en la región de Tláhuac fueron en aumento, enfrentándose tanto al ejército maderista como al huertista y al carrancista (véase cuadro n.° 1). El notable incremento, acaecido en 1913, se explica en mucho por el contexto general que vivía la revolución del sur, puesto que en ese año se pretendió, por segunda ocasión, tomar la capital de la república, según orden expresa del propio general Zapata.6 Sin embargo, no fue sino hasta el año siguiente cuando las fuerzas surianas lograron apoderarse de la ciudad de México; no es posible explicar el fortalecimiento del Ejército Libertador, y la posterior caída del gobierno huertista, si no se atiende a lo crucial que fue la participación activa de los pueblos meridionales de la Cuenca de México durante la guerra zapatista. Por esto mismo, en 1914 los enfrentamientos militares librados en la región de Tláhuac se intensificaron; situación similar a lo que pasó en las zonas aledañas de Chalco, Milpa Alta y Xochimilco.  

Cuadro n.° 17

Combates entre zapatistas y maderistas/huertistas/carrancistas

Región de Tláhuac

Año Número de combates
1911 3
1912 4
1913 12
1914 19
1915 13
1916 16
1917 4
1918 2
Total 73

           

            Así pues, la diversa participación de las comunidades de Tláhuac, así como la franca incorporación de muchos de sus habitantes a las filas del zapatismo, jugaron un papel relevante para la propagación del movimiento rebelde suriano y de los ideales y esperanzas que éste traía consigo. El 21 de julio de 1914, por ejemplo, la participación de la gente de Ixtayopan hizo posible la victoria de los campesinos insurrectos en contra del ejército federal. El parte militar refería:

Tengo la honra de poner en el superior conocimiento de Ud. que hoy a las 11 de la mañana, se presentó el enemigo en este pueblo, en número de 500 o 600 hombres, atacando a este destacamento por los rumbos denominados “El Panteón”, “La Cruz”, “Los Olivos” y otras calles más del pueblo, entablándose un combate desigual por el crecido número de asaltantes que eran ayudados por los habitantes del pueblo, así que a poco me vi obligado a evacuar el cuartel batiéndome en retirada por el rumbo de Xico, y en cuya retirada fue herido el Cabo Benigno Arzate.8

            No sólo los de Ixtayopan apoyaron a las fuerzas rebeldes, también existe constancia de la ayuda que brindaron al Ejército Libertador los de Zapotitlán, Tlaltenco, Yecahuitzotl, Tláhuac, Tulyehualco, Xico, Tetelco y Mixquic, como más adelante se verá. Su adhesión a la causa insurgente se manifestó de múltiples formas: con combatientes, con información, con arrieros-espías, con parque, con vestimenta, con comida, etcétera. Así cuando en 1915 se llevó a cabo la segunda ocupación de la ciudad de México, considerada por Francisco Pineda como la mayor operación militar del zapatismo,9 los pueblos de la región de Tláhuac también participaron activamente. El primero de marzo, Dionisio Olivares, miembro de las fuerzas rebeldes, escribió al general Emiliano Zapata para manifestarle la adhesión del pueblo de Tláhuac a la causa insurgente, así como su ayuda en las acciones inmediatas:

Tláhuac, marzo 1° de 1915.

Sr. Gral. Emiliano Zapata.

Cuartel Gral. La Purísima.

Respetuoso General. En contestación a su atenta y distinguida comunicación, me honro en decirle a Ud. que quedamos enterados sobre sus deseos y que el pueblo en general está animado de la mejor disposición para prestar su ayuda. Además Señor General le ponemos a Ud. en conocimiento que la gente se reunirá donde se halla el Cuartel de Ud., a fin de que el Sr. Gral. Arriaga disponga dónde será el lugar para poner manos a la obra. Esperamos también que el día de mañana la compañía no vaya a desconocernos. Sin otro asunto me suscribo a sus órdenes, reiterándole a Ud. mi adhesión y respeto.

Dionisio Olivares.10

            A partir de la segunda mitad de 1915, el avance del carrancismo, debido a la gran cantidad de armas y a la inyección de capital que el gobierno de Estados Unidos le proporcionó, originó un repliegue considerable de las fuerzas rebeldes. Los pueblos fueron reprimidos con severidad, algunos de ellos como Tláhuac y Xico,11 inclusive, fueron quemados por el ejército que comandaba Pablo González. En esta tesitura, de 1916 a 1919, los combates en la región lacustre fueron disminuyendo; no sólo por las acciones militares, sino también, por el temprano reparto de tierras que en algunas comunidades se llevaron a cabo, basándose en la ley agraria carrancista de enero de 1915. Así, la restitución de tierras fue utilizada como un mecanismo para desmovilizar la rebeldía, pues muchos de los zapatistas chinamperos regresaron a sus hogares para obtener una parcela de labor; trocaron el máuser por el arado y el azadón.12

Revolución lacustre

Si bien el zapatismo no triunfó militarmente, pienso que es menester reconocer la gran capacidad de adaptación que tuvo para adecuarse a los nuevos espacios adonde se iba expandiendo. En la región de Tláhuac, por ejemplo, los surianos, en colaboración con los lugareños, lograron potenciar las características del espacio lacustre para extender su revolución. Durante los combates utilizaron la intrincada red de canales para ganarles terreno a sus diferentes contrincantes; atacaban a bordo de canoas y si era necesario se replegaban en ellas, impidiendo que sus rivales les lograran dar alcance, ya que la geografía acuática, en un principio, representó un freno para los ejércitos maderista, huertista y carrancista. El conocimiento de la serranía del Chichinauhtzin, por otra parte, también les otorgó la llave de acceso y salida para la zona sur de la Cuenca de México, a unos cuantos kilómetros de la capital de la república.

            La estrategia lacustre zapatista quedó evidenciada cuando el 31 de julio de 1914, en su quinta plana, El Imparcial, uno de los más antiguos defensores del régimen porfirista, asentó que una comisión de marinos se hallaba investigando “la complicada red de chinampas del lago”. El diario agregaba que: “El general [Eduardo] Ocaranza ha comisionado a los oficiales de marina que se hallan en Xochimilco, para que estudien el caso, y se encarguen de presentar el proyecto correspondiente. Un teniente mayor de la Armada fue nombrado jefe de la comisión que ya empezó a estudiar las condiciones en las que está el lago”.13 Así pues, la prensa gobiernista ratificaba, implícitamente, el acierto de las acciones militares zapatistas dentro del territorio de los antiguos lagos, ya que, si a una comisión se le había confiado tal tarea, era debido al aprovechamiento que el Ejército Libertador hacía de la geografía acuática, como uno de los pilares de sus acciones beligerantes.

Entonces es factible aseverar que en la región de Tláhuac la revolución del sur se caracterizó por ser una revolución lacustre, gracias al conocimiento del territorio que los zapatistas chinamperos le otorgaron al Ejército Libertador.

            Los zapatistas chinamperos, entonces, otorgaron el conocimiento del territorio lacustre a la revolución del sur, lo cual representó, por lo menos en un principio, un elemento indispensable para aventajar militarmente a sus enemigos. Sin embargo, también hay que reconocer que la revolución lacustre no siempre obtuvo la victoria, puesto que a veces, ciertas circunstancias, anularon la eficacia de la estrategia acuática, como en el caso del enfrentamiento ocurrido en Mixquic el 18 de septiembre de 1913. El documento oficial señalaba:

Tengo la honra de participar a Ud. que ayer a las 9:30 pm estando con mi fuerza en el servicio, como diario se establece, una de las avanzadas al mando de un Cabo Habilitado, situada en el camino rumbo a Chalco, dio aviso de que entre las Chinampas habíase oído una descarga de armas de fuego. Inmediatamente para no ser atacados destaqué parte de mi fuerza al lugar indicado y el resto quedó parapetada en las alturas. Pocos momentos después los bandoleros que venían en canoas por los flancos de dicho camino a Chalco, intentaron hacer el ataque contra nosotros; pero como yo tenía ya convenientemente dispuesto el combate, ordené a mis soldados, después de que los bandoleros nos hicieron más descargas, que hicieran fuego contra el enemigo, habiendo durado el encuentro 35 minutos. Los asaltantes no pudieron resistir esas descargas y a gran prisa fueron alejándose en sus canoas. La persecución se hizo hasta donde fue posible, pues estamos divididos por las aguas de los canales, como la oscuridad de la noche no permitió ver los resultados del combate ignoro los resultados; pero varios tiros de mis soldados fueron acertados y puedo asegurar que el enemigo llevóse en su huida algunos muertos y heridos. Por nuestra parte solamente el Cabo de Escuadra Rafael Castillo salió muy levemente herido de una mano.14  

            La información más relevante que contiene el documento citado, más allá de la derrota de los surianos, es la utilización que de las características del mundo lacustre estaba haciendo el zapatismo y, al mismo tiempo, el obstáculo que éstas representaron para el ejército federal (huertista). Entonces es factible aseverar que en la región de Tláhuac la revolución del sur se caracterizó por ser una revolución lacustre, gracias al conocimiento del territorio que los zapatistas chinamperos le otorgaron al Ejército Libertador.

            No obstante, los rivales del zapatismo aprendieron de sus limitaciones iniciales. Tanto huertistas15 como carrancistas comenzaron a usar las canoas indígenas como parte de sus respectivas estrategias militares, encaminadas a sofocar la revuelta campesina. The Mexican Herald, en su primera plana del 14 de septiembre de 1914, informó que las fuerzas constitucionalistas habían hecho retroceder de Tláhuac al ejército zapatista:

Las personas que trajeron esta información a la capital afirman que para ocupar Tláhuac los constitucionalistas usaron varias decenas de canoas de las utilizadas por los indios. Si algún combate ocurrió en Tláhuac los recién llegados no lo supieron. Tláhuac es considerada la llave para la región del Ajusco y en los círculos militares de aquí se cree que los constitucionalistas serán capaces de operar, en el futuro, con mayor ventaja sobre esta región. Las fuerzas que ocuparon Tláhuac son aquellas comandadas por el general Zúñiga, mientras que los zapatistas expulsados pertenecen a los hombres bajo el mando de Juan Banderas y Francisco Pacheco.16

            Así pues, lo que en un principio favoreció al zapatismo, es decir, la estrategia militar acuática, pronto fue también usado en su contra por sus enemigos, lo que, a la larga, contribuyó a disminuir su eficacia. Sin embargo, es necesario reconocer que los surianos fueron los primeros en adaptar su revolución a las particularidades del mundo lacustre de la región de Tláhuac. 

Los zapatistas chinamperos

El Cuartel General zapatista encomendó la región de Tláhuac a una serie de generales que, aunque no eran originarios del rumbo, sí pertenecían a comunidades de zonas aledañas. Sin embargo, bajo el mando de éstos se encontraron muchos grupos que sí estuvieron liderados por habitantes de los pueblos lacustres y a los que se debe considerar como los zapatistas chinamperos. Estos últimos también llegaron a alcanzar diversos grados militares dentro del Ejército Libertador, desde los de mayor de caballería y coronel hasta el de general brigadier. 

            De acuerdo con Gildardo Magaña, el sector Tláhuac se encontraba bajo el mando del general Herminio Chavarría, originario de Santa María Aztahuacán.17 A su vez, Chavarría era miembro de la División Amador Salazar y, como parte de ella, actuó en varias acciones militares que se llevaron a cabo en otros sitios del centro-sur del país.18 Al interior de su brigada se hallaba un núcleo bastante numeroso de zapatistas de Tlaltenco, dirigidos por el general Matilde Galicia Rioja y por el coronel Matilde Gutiérrez.19 También en Tlaltenco operaba Nicolás Rioja, en su calidad de arriero-espía, bajo el mando directo de Emiliano Zapata, según consta en un salvoconducto firmado por este último, fechado en marzo de 1917.20

            En San Pedro Tláhuac se unieron al zapatismo un grupo de chinamperos, aglutinados bajo la figura del coronel Domingo Mateos, los cuales tuvieron a su pueblo como centro de operaciones pero, también, en ocasiones se desplazaban hacia las laderas del Teuctli o rumbo a la región de Chalco-Amecameca. Muchos de ellos eran familiares cercanos, como los casos de Pedro y Gualberto Martínez Ramos, Luis Chavarría Martínez, Florentino Chavarría Rodríguez, Concepción y Silvestre Martínez Chavarría;21 pero otros eran de diferentes familias de la comunidad, de estos últimos se pueden citar a Francisco Enríquez, Crescencio Ruiz, Sabás Flores, Catarino Pérez y Carlos Palacios Galicia. Todo este núcleo pertenecía a la División Genovevo de la O. Asimismo, Hermenegildo Mendoza Martínez desempeñó las funciones de caballerango del Cuartel General zapatista y, como tal, estaba bajo las órdenes directas de Zapata o de sus principales secretarios (Santiago Orozco y Manuel Palafox). Otros chinamperos de Tláhuac, como Loreto Galicia, apoyaron a las fuerzas del general Valentín Reyes, originario del Ajusco, dotándolas de parque, manta y carabinas,  de acuerdo con un salvoconducto de 22 de abril de 1916.22

            En Zapotitlán y Tulyehualco hubo zapatistas bajo los mandos de la coronela María Chavarría y de Cecilio Camacho y Celedonio Garcés, pero se ignora a qué brigada o a qué división del Ejército Libertador pertenecían.

            Las fuerzas zapatistas contaron en Ixtayopan con gente como Juan Díaz Sandoval, Pedro y Concepción Acatitla y Dimas Vázquez,23 posiblemente dentro de la brigada del coronel Lázaro García Montoya, el que operó en ese pueblo y en los de Mixquic, Tetelco, Tecomitl y Tulyehualco. También el mayor de caballería, Félix Vázquez Jiménez, alias “el Fierros”, se incorporó a la revuelta suriana, pero él participó sobre todo en operaciones militares en los estados de Morelos y Puebla, al interior de la División Felipe Neri.24  

            El general brigadier Maximiliano Vigueras, alias “el Xoco” y originario de Tetelco, formó su propio grupo con gente de su pueblo y comunidades vecinas; en él también participó otro paisano suyo, Juan Laguna, que llegó a obtener el grado de coronel. Vigueras fue parte de la División Everardo González y, como tal, sus operaciones desbordaron el límite original de su terruño.25 El 4 de diciembre de 1914 fue parte de la escolta que acompañó a Emiliano Zapata en su entrada a Xochimilco.

            También varios chinamperos de Mixquic se unieron al zapatismo, según lo atestigua la carta que Félix C. Galicia envió al general en jefe del Ejército Libertador del Sur. Ellos combatieron, en un inicio, bajo las órdenes del general Juan M. Banderas y, posteriormente, al lado del general Everardo González.26

            Así pues, y como se puede apreciar, los mandos medios, originarios de la región de Tláhuac, fueron la bisagra que permitió la unión entre el Cuartel General y los zapatistas chinamperos. En esta tesitura, es necesario advertir que el liderazgo oriundo facilitó la participación activa de las comunidades lacustres para fortalecer y expandir la revolución del sur a otros territorios. Ahí, el zapatismo no fue un movimiento externo sino uno que logró echar raíces, debido a que, las comunidades que lo conformaban, compartían una gran cantidad de elementos, históricos y culturales, los cuales ayudaron a ir construyendo una identidad mucho más abarcante.        

Las causas

Si se ve al zapatismo desde la óptica de la larga duración, es posible advertir que los pueblos que le dieron sustento poseían procesos históricos muy similares, originados, incluso, desde la conformación misma de la civilización mesoamericana, y caracterizados, además, por cuatro siglos de imposición de la colonialidad del poder en estas tierras.27 Como ya he tratado esto en otro lugar,28 sólo quiero señalar que, amén de los elementos de larga duración, los agravios recientes, ocurridos en los últimos años del porfiriato, también ayudan a explicar por qué los pueblos lacustres se unieron a las filas del Ejército Libertador. A ellos me referiré a continuación.

            En la región de Tláhuac, la modernización capitalista impulsada durante los últimos años de la administración de Díaz, trajo consigo una serie de drásticas modificaciones en una zona acuática que no había experimentado cambios trascendentales desde hacía varios siglos. El impulsor de este proceso modernizador fue el español Íñigo Noriega, personaje con el que las comunidades tuvieron una larga cadena de conflictos por el uso y aprovechamiento del espacio lacustre. Desde su llegada, Noriega implementó variadas medidas que alteraron la relación que los pueblos habían mantenido con el lago de Chalco; en un primer momento, el empresario impidió que los ribereños siguieran haciendo uso de los productos que obtenían del agua, arguyendo que sus títulos de propiedad del rancho de Xico también incluían la extensión total del lago, es decir: 9,500 hectáreas de ciénegas, chinampas y lagunas. Los lugareños, a contracorriente de lo estipulado por Íñigo, continuaron pescando, recolectando y cortando pastura. El 1 de septiembre de 1891 se dio el primer enfrentamiento cuando su administrador, el español José Rueda, apresó a indígenas de Tláhuac, Tlaltenco, Santa Catarina, Ayotla y Tulyehualco y les decomisó sus canoas porque se hallaban en la ciénega de Zacapa, dentro del perímetro de la propiedad reclamada por Noriega. El prefecto político de Xochimilco se quejó ante sus superiores por tales abusos:

[…] ha capturado a algunos vecinos y recogiéndoles canoas de la propiedad de éstos, de las que aún conserva diez y seis, cuyos hechos atentatorios han tenido lugar en la referida ciénega y ni ha entregado a las autoridades de esta localidad los vecinos capturados, ni ha devuelto a sus dueños las canoas recogidas, constituyéndose con estos actos, en señor absoluto de su lugar a guisa de feudo, con derecho sobre la libertad de estos pueblos […]29    

            Sin embargo, las autoridades porfirianas nada hicieron al respecto y, antes bien, apoyaron todas las acciones que Noriega emprendió en la región. Desde este primer momento, los pueblos ribereños se percataron que el gobierno de Díaz había decidido apoyar al hacendado español, aun a costa del perjuicio de sus intereses. Por tal motivo, el rencor y el descontento se fueron acrecentando al interior de las comunidades y en ciertos momentos se logró visibilizar su malestar. Ejemplo de lo anterior es el testimonio que Antonio Díaz Soto y Gama recogió de un hecho ocurrido en Tláhuac:

A este propósito se refiere que el general Díaz, acompañado  del ministro de Agricultura y del propio Yñigo Noriega, hizo a invitación de éste un viaje de recreo a través del lago referido, por los años de 1892 o 1893, embarcados al efecto en grandes canoas hermosamente adornadas, que sin tropiezo alguno hicieron el recorrido del canal hasta llegar a Chalco; y que al pasar por este punto, se vio la comitiva obligada a desembarcar en busca de abrigo, por ser el frío insoportable debido a lo riguroso del invierno. Solicitaron los viajeros sarapes para cubrirse del frío; pero el pueblo ya hostil al gobierno por sus complicidades con Noriega, rehusó en lo absoluto a prestar sus servicios. Hubo necesidad de que el comandante de escolta, acompañado por un pelotón de soldados, anduviese de casa en casa del barrio de Tizco o Tixio [sic por Ticic], recogiendo hasta los más humildes sarapes que encontraba, lo que provocó la indignación del pueblo en grado tal, que cuando después de un discurso pronunciado por algún personaje de la comitiva, prorrumpió éste en “vivas” para el general Díaz, el pueblo de Tláhuac respondió con un “muera” estrepitoso.30

            A pesar de estas muestras de malestar social, la administración de Díaz continuó apoyando las acciones de Noriega. En 1895, el gobierno aprobó el proyecto de desecación del lago de Chalco que el español había tramitado apenas el año anterior, aun cuando desde hacía tiempo ya estaba llevando a cabo obras parciales para el drenado del espejo de agua, sin contar con autorización alguna.31 El hecho es que las obras de Íñigo acabaron con una enorme extensión de geografía lacustre y desarticularon la economía y cultura que los pueblos, durante cientos de años, habían tejido alrededor del lago. Esta situación motivó que el descontento se expandiera en todas las comunidades ribereñas y, en buena medida, es parte de la explicación de su incorporación al zapatismo, pues todos los caminos pacíficos, incluyendo las vías legales, se fueron cerrando a lo largo de los últimos años del porfiriato.

            Aunado a esto, y como parte del conflicto contra Noriega, los chinamperos también sufrieron persecución, encarcelamiento, exilio y deportación, ya que el aparato militar y represivo porfirista actuó a favor del hacendado. Las hostilidades, inclusive, continuaron durante los primeros brotes revolucionarios. La noche del 22 de julio de 1911, por ejemplo, unos soldados, destacados en la hacienda de Xico, se la pasaron balaceando las casas de los habitantes de Ixtayopan;32 el 25 de octubre de ese año, las mismas fuerzas perpetraron una matanza de chinamperos en Tláhuac, en venganza por la simpatía que éstos habían manifestado para con los zapatistas;33 en enero de 1912, los de Tlaltenco habían hecho públicos los despojos que sufrieron a manos de Noriega y, un mes después, el pueblo fue incendiado por trabajadores de la hacienda de Xico.34

            Así pues, la conflictividad social creció en la región de Tláhuac a partir de los proyectos modernizadores, en especial por la desecación del lago de Chalco. Al irse cerrando las alternativas pacíficas y ante el continuo hostigamiento que los ribereños padecían a manos de los soldados pagados por el propio hacendado español, las opciones se fueron achicando y la expansión del zapatismo en la región se convirtió, poco a poco, en la única salida posible que otorgaba esperanzas y promesas de un mundo mejor. Los ribereños tuvieron bien claro quién era el enemigo a vencer y cuál era el camino para conseguirlo, según consta en la carta que el sacerdote Juan B. Mancilla, originario de Tlaltenco, le escribió al general Emiliano Zapata:

Señor general Zapata, insurgente libertador. Acuérdese que las haciendas daban a los jornaleros las tierras para que limpien por el espacio de un año o dos sin renta; y después los obligaban a pagar renta. Y por esto se saca por consecuencia que los hacendados deben renta a los pueblos. Porque las tierras son de los pueblos, el dinero de Xico es de la nación: no puso el extranjero más que su inteligencia. Pues los extranjeros no vinieron hacendados al territorio mexicano, sino con la tierra de los pueblos mexicanos se hicieron hacendados. Y por tanto los hacendados deben renta a la nación mexicana. Tlaltenco, septiembre 22 de 1914. Presbítero Juan B. Mancilla.  [Nota marginal: se tomarán en consideración sus informes].35        

La fortaleza del zapatismo y una de sus principales características: los soldados surianos eran, en realidad, los pueblos mesoamericanos en armas.

            Justo por esos meses, después de que el sacerdote Mancilla redactara su carta, el Ejército Libertador del Sur invadió y destruyó la otrora poderosa fortaleza de la hacienda de Xico. Los “amarillos”, militares pagados por Noriega, fueron derrotados, después de tres años, por los campesinos insurrectos. Las filas zapatistas, durante esta operación, habían sido nutridas por numerosos contingentes de rebeldes chinamperos, provenientes de Tláhuac, Tulyehualco, Ixtayopan, Tetelco, Mixquic y otros muchos pueblos.36 Esto evidenció la fortaleza del zapatismo y una de sus principales características: los soldados surianos eran, en realidad, los pueblos mesoamericanos en armas. Durante el ataque a la hacienda de Xico, las antiguas comunidades ribereñas ocuparon de facto, y con las armas en la mano como lo decía el Plan de Ayala, aquellas tierras que consideraban suyas y que les habían sido arrebatadas por el hacendado español. Asimismo, algunos habitantes de Tláhuac también recobraron antiguas piezas sacras que Noriega había tomado de su iglesia para llevarlas a la capilla de su hacienda, con el consentimiento del entonces párroco de Tláhuac, Domingo B. López, quien le intercambió, a su cercano amigo, esas esculturas coloniales por una imagen nueva de san Pedro que hasta la fecha se encuentra en la iglesia de esta población.

            El fin de la hacienda de Xico ocurrió, precisamente, en 1914. En ese año, además, los zapatistas chinamperos obtuvieron su revancha frente a Íñigo Noriega. Todos los agravios, despojos, encarcelamientos, persecuciones y destierros fueron cobrados: el palacio de Xico, sus establos, trojes y molinos fueron consumidos por las llamas.   


Notas

1 Entre los estudios regionales acerca del zapatismo se pueden citar los siguientes: José Ángel Aguilar, La revolución en el Estado de México, 2 t., México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1977. Laura Espejel, “El movimiento campesino en el oriente del Estado de México: el caso de Juchitepec”, en Cuicuilco, México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, 1981, vol. 1, año 2, número 3, 33-37 p. Marcelo González Bustos, El general Jesús H. Salgado y el movimiento zapatista en Guerrero, México, Universidad Autónoma de Guerrero, 1983, 164 p. Marco Antonio Anaya Pérez, Rebelión y Revolución en Chalco-Amecameca, Estado de México, 1821-1921,  Margarita Carbó (pról.), 2 t., México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, Universidad Autónoma de Chapingo,  1997, t 2. David G. LaFrance, “Arrugas y verrugas: los zapatistas en Puebla, 1910-1920”, en Zapatismo: origen e historia, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2009, pp. 351-368.

2 La relación entre la región de Tláhuac y el zapatismo no ha sido abordada hasta el momento, sin embargo, sí existen algunas investigaciones que han tratado espacios aledaños a ésta. De estas últimas pueden citarse los siguientes: Gerardo Camacho de la Rosa, Raíz y razón de Totolapan: el drama de la guerra zapatista, México, GDF, Secretaría de Desarrollo Social, 2007, 110 p. Iván Gomezcésar Hernández, Pueblos arrasados. El zapatismo en Milpa Alta, México, Gobierno del Distrito Federal, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2009, 134 p. María Teresa Álvarez Icaza Longoria, “El zapatismo rondando la capital”, en Zapatismo: origen e historia, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2009, 369-388 p. Norma Angélica Castillo Palma, “La revolución en la memoria: las haciendas y el general Herminio Chavarría en Iztapalapa”, en Signos Históricos, México, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, número 21, enero-junio de 2009, 170-181 p. Francisco Pineda Gómez, “Milpa Alta en la revolución”, en Mario Barbosa Cruz y María Eugenia Terrones López (coord.), Tohuehuetlalnantzin. Antigua es nuestra querida tierra. Historia e imágenes de Milpa Alta de la época prehispánica a la revolución, México, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa, Delegación Milpa Alta, 2012, pp. 155-209. 

3 Entrevistas a Matiana Flores Martínez realizadas por Baruc Martínez Díaz en los meses de marzo a julio de 2005 en su domicilio en Santiago Zapotitlán. Algunos otros pobladores del sur del Distrito Federal también mencionan al cometa como el presagio que anunció la revolución. Dionisio Chávez Acevedo, de Tlaltenco, afirma que su mamá, originaria de Aztahuacán, también vio el cometa y así supieron que la guerra, el hambre y la muerte habían llegado a su pueblo. Entrevista a Dionisio Chávez Acevedo realizada por Baruc Martínez Díaz el 10 de abril de 2009 en San Francisco Tlaltenco.

4 Citado en Gildardo Magaña, Emiliano Zapata y el agrarismo en México, Carlos Pérez Guerrero (continuación de la obra), 5 t., México, Editorial Ruta, 1956, t. 2, p. 35. Cursivas en el original.

5 Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional (en adelante AHSDN), Ramo Revolución, XI/481.5/exp. 83, ff. 377r-377v, f. 377v.

6 Francisco Pineda Gómez, La revolución del sur, 1912-1914, Rafael Medrano (pról.), México, Ediciones Era, 2005, p. 637, pp. 300-302.

7 Datos obtenidos de la hemerografía de la época (principalmente de El Imparcial, El País, El Diario del Hogar, La Prensa, El Independiente, El Demócrata y The Mexican Herald); del AHSDN, Ramo Revolución; y de los fondos Emiliano Zapata y Genovevo de la O del AGN. Las cifras fueron complementadas con el apéndice número 1 (basado en la obra de Sergio Cordero) del libro de Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva, Xochimilco ayer III, Juan González Romero (presentación), México, Gobierno del Distrito Federal, Delegación Xochimilco, Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, 2003, 148 p., pp. 117-118. También utilicé los tres libros sobre el zapatismo publicados por Francisco Pineda Gómez (La irrupción zapatista, 1911; La revolución del sur, 1912-1914; y Ejército Libertador, 1915).

8 AHSDN, Ramo Revolución, XI/481.5/exp. 160, f. 1147. Cursivas mías. 

9 Francisco Pineda Gómez, Ejército Libertador, 1915, México, Ediciones Era, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2013, p. 492, pp. 87-127.

10 Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Fondo Emiliano Zapata, caja 6, exp. 3, f. 4.

11 San Pedro Tláhuac fue quemado el 2 de agosto de 1915 por las fuerzas de Pablo González, de acuerdo con el testimonio de Perfecto Ramírez Ruiz. También pasó lo mismo con San Martín Xico por la misma fecha, según se infiere de los testimonios de Gabino y Macaria Martínez y de Lauda López; todos ellos hacen referencia a Pablo González y a su ejército compuesto por combatientes yaquis. Véanse Perfecto Ramírez Ruiz, Ing. Estanislao Ramírez Ruiz, 1887-1964, México, versión mecanográfica, 3 p., p. 2. Raymundo Martínez, “San Martín Xico (Xico Nuevo), Municipio de Chalco”, en Margarita Loera (coord.), Mi pueblo: su historia y sus tradiciones, México, INAH, 1986, pp. 305-321, pp. 315-317.

12 Como ejemplo de esto, para la región de Tláhuac, véanse los casos de Ixtayopan y Mixquic que aparecieron en la prensa carrancista. El Demócrata, 19 de diciembre de 1916, 7 de agosto de 1917 y 22 de septiembre de 1917. El Nacional, 30 de agosto de 1917 y 22 de septiembre de 1917.

13 El Imparcial, 31 de julio de 1914, p. 5.

14 AHSDN, Ramo Revolución, XI/481.5/exp. 159, f. 1909. Cursivas mías.

15 El 22 de julio de 1914, Tiburcio Rodríguez y Pablo Chávez, vecinos de San Gregorio Atlapulco, informaron al general zapatista Juan M. Banderas que el ejército federal se dirigía, en canoas, a su pueblo para atacarlo. AGN, Fondo Genovevo de la O, caja 15, exp. 3, f. 034.

16 The Mexican Herald, 15 de septiembre de 1914, p. 1. Traducción  libre mía. “The persons who brought this information to this capital state that in order to occupy Tlahuac the Constitutionalists used several scores of canoes of those used by Indians. Whether any fight occurred in Tlahuac the arrivals did not known. Tlahuac is considered the key to the Ajusco region and it is believed in military circles here that the Constitutionalists will be able to operate to greater advantage in this region in future. The forces which occupied Tlahuac are those command by General Zuñiga, while the Zapatistas driven from the place belong to the men under Juan Banderas and Francisco Pacheco.”  

17 Gildardo Magaña, op. cit., t. IV, p. 207. El sector Tláhuac lo constituían los pueblos lacustres, tanto del lago de Texcoco como los de Xochimilco y Chalco, desde Aztahuacán hasta San Pedro Tláhuac, pasando por Acahualtepec, Acatitla, Acaquilpan, Tezonco, Zapotitlán, Tlaltenco y Yecahuitzotl.

18 Francisco Pineda Gómez, Ejército libertador…, pp. 113 y 294.

19 Carlos Mancilla proporciona los nombres de algunos zapatistas de Tlaltenco: Francisco Martínez (padre), Francisco Martínez (hijo), Guadalupe Rosas, Simón Castañeda Hernández, Camilo Castañeda Hernández, Gabriel Hernández, Porfirio Leyte, Gabino Castañeda, José Noguerón, Ezequiel Martínez, Rafael de la Peña Chávez, Tomás Reyes, Diego Rioja, Ascencio Noguerón, Gerónimo Galicia, Blas Hernández, Jesús Reyes, Tomás Mendoza, Teófilo Chávez y Flavio Chávez. Carlos Mancilla Castañeda, Cronología histórica de San Francisco Tlaltenco y pueblos circunvecinos, México, edición del autor, 1998, p. 409, p. 261.

20 Salvoconducto zapatista de Emiliano Zapata para Nicolás Rioja, 17 de marzo de 1917, Archivo privado de la familia Rioja Castañeda de San Francisco Tlaltenco. 

21 Entrevista a Domingo Martínez Chavarría realizada por Baruc Martínez Díaz el 14 de septiembre de 2004 en San Pedro Tláhuac. Entrevista a Javier Esteban Chavaría Martínez realizada por Baruc Martínez Díaz el 14 de julio de 2009 en San Pedro Tláhuac.

22 Salvoconducto zapatista de Valentín Reyes para Loreto Galicia, 22 de abril de 1916, Archivo privado de la familia Pineda Galicia de San Pedro Tláhuac.

23 Gildardo Magaña menciona estos nombres, los cuales son ratificados en la documentación del ejército federal. Gildardo Magaña, op. cit., t. 4, p. 153. AHSDN, Ramo Revolución, XI/481.5/exp. 160, f. 1009r.

24 Félix Vázquez Castañeda, “Félix Vázquez Jiménez, veterano de la Revolución”, en San Juan Ixtayopan. En el corazón de tierra blanca, Andrés Medina Hernández (presentación), México, Ce-Acatl A. C., 2005, pp. 29-31.

25 Gildardo Magaña, op. cit., t. 4, p. 153. José Ángel Aguilar, op. cit., t. 2, p. 245.

26 AGN, Fondo Emiliano Zapata, caja 2, exp. 4, ff. 22-23.

27 Al respecto Aníbal Quijano señala: “La colonialidad del poder es uno de los elementos constitutivos y específicos del patrón mundial de poder capitalista. Se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular de dicho patrón de poder y opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal. Se origina y se mundializa a partir de América.” Aníbal Quijano, “Colonialidad del poder y clasificación social”, en Journal of World-System Researche, Center for Global International and Regional Studies, Division of Social Sciences, Universidad de California, Vol. XI, número 2, verano/invierno de 2000, pp. 342-386, p. 342.

28 Baruc Martínez Díaz, “Zapata navega entre chinampas. El zapatismo en los pueblos lacustres del sur de la Cuenca de México”, en Carlos Barreto Zamudio y Guillermo Antonio Nájera Nájera (coords.), Constituciones y legislación en México. Aproximaciones desde los estudios regionales (a cien años de la Constitución de 1917), México, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Estudios Regionales, 2019, 249-287 p., pp. 271-281. 

29 Citado en Marco Antonio Anaya Pérez, op. cit., t. II, p. 98.

30 Antonio Díaz Soto y Gama, Historia del agrarismo en México, Pedro Castro (rescate, pról. y estudio biográfico), México, ERA, CONACULTA, UAM-Iztapalapa, 2002, 688 p., p. 507.

31 Cf. “Petición para desecar el lago de Chalco”, AGN, Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (en adelante SCOP), serie Lago de Chalco, caja 244, exp. 546/1, ff.  2-12; “Petición para cerrar el canal Riva Palacio”, AGN, SCOP, serie Lago de Chalco, caja 244, exp. 546/2, ff.  1r-1v; La Patria, 30 de noviembre de 1890, p. 2.  

32 El Diario del Hogar, 28 de octubre de 1911, p. 4.

33 El Diario del Hogar, 27 de octubre de 1911, p. 1.

34 El Diario del Hogar, 3 de febrero de 1912, pp. 1 y 2; 21 de febrero de 1912, pp. 1 y 4.

35 AGN, Fondo Emiliano Zapata, caja 1, exp. 20, f. 32.

36 Jesús Ángel Ochoa Zazueta, “Mizquic. Análisis histórico comparativo de la concreción religiosa en una comunidad del Distrito Federal”, 2 t., México, tesis de licenciatura en Antropología, Escuela Nacional de Antropología e Historia, 1972, t. 1, p. 102.


Bibliografía

 Archivos

Archivo General de la Nación, Fondos Emiliano Zapata, Genovevo de la O y Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, serie Lago de Chalco.

Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional, Ramo Revolución.

Archivo privado de la familia Pineda Galicia de San Pedro Tláhuac.

Archivo privado de la familia Rioja Castañeda de San Francisco Tlaltenco. 


Etnografía

Entrevista a Domingo Martínez Chavarría realizada por Baruc Martínez Díaz el 14 de septiembre de 2004 en San Pedro Tláhuac.

Entrevistas a Matiana Flores Martínez realizadas por Baruc Martínez Díaz en los meses de marzo a julio de 2005 en su domicilio en Santiago Zapotitlán.

Entrevista a Dionisio Chávez Acevedo realizada por Baruc Martínez Díaz el 10 de abril de 2009 en San Francisco Tlaltenco.

Entrevista a Javier Esteban Chavaría Martínez realizada por Baruc Martínez Díaz el 14 de julio de 2009 en San Pedro Tláhuac.


Hemerografía

 El Imparcial.

El Independiente.

El País.

El Demócrata.

El Diario del Hogar.

La Patria.

La Prensa.

The Mexican Herald.


Obras publicadas

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ANAYA Pérez, Marco Antonio, Rebelión y Revolución en Chalco-Amecameca, Estado de México, 1821-1921,  Margarita Carbó (pról.), 2 t., México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, Universidad Autónoma de Chapingo,  1997.

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