Disputar la educación: imperativo para la pedagogía del siglo XXI

Disputar la educación: imperativo para la pedagogía del siglo XXI

Fernando A. Santander Guerrero

Fernando A. Santander Guerrero[1]

El texto que aquí se presenta, se enmarca en la temática general: Retos de la Pedagogía para la transformación educativa de México en el siglo XXI. Las primeras preguntas que me planteé al leer esta oración fueron: ¿En dónde está situada y cuáles son las condiciones que configuran la pedagogía en México hoy día, cómo está conformándose? ¿Cuál es su relación/es con la educación en el México de hoy? siempre tratando de asumir educación en su sentido más amplio; ¿de qué se está ocupando la pedagogía y de qué no? ¿Cuáles son sus alcances, sus límites y sus potencialidades en el mundo y el México de hoy? y, la que me pareció más exigente: ¿qué papel debe tener la pedagogía en el futuro próximo de México ante el mundo?

     Asumir el reto que impone abordar esta temática desde una perspectiva pedagógica es grande pero necesario. Por un lado, nos obliga a pensar en cuáles son esos retos que el campo de la pedagogía tiene por delante durante los siguientes años y qué tipo de retos son; por otro lado, la oración nos implica pensar en la transformación educativa de México ¿qué rumbo tiene? ¿Qué direcciones podría tener? ¿Qué horizontes le conducen? ¿Se está transformando?; todo esto enmarcado en un complejo contexto del siglo XXI en el que se han configurado condiciones inéditas para la humanidad en sus múltiples dimensiones: la social, la cultural, la económica, la política, la climática, la biológica, la ambiental, la tecnológica, la emocional, etc., multidimensionalidad que, desde el campo de la pedagogía, no se puede soslayar.

     En estas coordenadas temáticas está ubicado el contenido del presente escrito. La modesta pretensión es tomar en las manos algunas incógnitas, ciertas incertidumbres, y tratar de identificar algunas direccionalidades que puedan dar luz y sentido a nuestra práctica pedagógica en el mundo y el México de este siglo. Más que una serie de indicaciones o directrices, el lector/a encontrará un incipiente esfuerzo por visibilizar una serie de elementos y condiciones actuales que, para el autor, son insoslayables porque están y estarán siendo parte importantísima de la configuración y conformación de los sujetos del siglo XXI y, tal parece, estos elementos y condiciones se encuentran más allá del actual alcance de nuestros radares pedagógicos.

    Por lo anterior, se plantea la idea que titula este trabajo: la pedagogía tendrá que disputar la educación, es decir, los procesos de conformación y configuración humanas, en los espacios que —hasta hoy— exceden sus límites y alcances (de la pedagogía), sin desatender aquellos que ya disputa.[2] El actual terreno seguro de la pedagogía son espacios y prácticas sociales explícitamente educativas, sin embargo, existen espacios y prácticas con una fuerte función educativa que, por no considerarse como educación por su naturaleza perjudicial para las personas y la sociedad, son invisibilizadas o negadas, pero no intervenidas, desactivadas o transformadas.

     En este sentido, Gabriela Diker afirma lo siguiente: “Que la pedagogía, como campo de conocimiento sistemático sobre la educación, se haya configurado en la modernidad [, principalmente] en torno y como parte del desarrollo de la tecnología de la escolarización; ha contribuido a encerrar el campo conceptual de la educación en las coordenadas escolares, invisibilizando toda otra práctica educativa”.[3] En esa “otra” práctica educativa se centrará la reflexión.

 

Pedagogía y educación

“se entiende por educación todo proceso que conforma y configura considerando todas las dimensiones y condiciones posibles, todos los procesos subyacentes y los elementos multifactoriales y complejos que le permiten acontecer; la educación hace al ser humano lo que es”.

Es pertinente precisar las nociones conceptuales sobre pedagogía y educación, desde las que se posiciona el autor pues, aunque parezcan obvias, no lo son; es mejor entendernos y estar en desacuerdo, que estar de acuerdo sin entendernos.

     Diremos en términos muy generales que la pedagogía es entendida aquí, como un campo de conocimientos sistemáticos que existen sobre la educación, conocimientos que han sido construidos y acumulados a partir de la investigación realizada sobre el objeto de estudio educación desde la perspectiva/s particular/es de esta disciplina; así como, conocimientos construidos a partir de la sistematización de experiencias educativas en múltiples entornos, modalidades y ámbitos. En ello va incluido el gremio de profesionales, es decir, los sujetos concretos que dan vida y acción a los conocimientos y a través de los cuales el campo se mueve.

     Por otro lado, se entiende por educación todo proceso que conforma y configura considerando todas las dimensiones y condiciones posibles, todos los procesos subyacentes y los elementos multifactoriales y complejos que le permiten acontecer; la educación hace al ser humano lo que es.

     En otro trabajo se han tratado de delinear los contornos y fronteras entre pedagogía y educación, se retoma el siguiente párrafo:

Se concibe a la educación como un proceso complejo y en permanente movimiento que es propio de los sujetos y que es posible debido al encuentro con otros sujetos, particulares y concretos, con diferencias y puntos de convergencia entre sí. Estos sujetos habitan un mundo y se relacionan con él de formas particulares y concretas debido a su inscripción histórico-contextual. La pedagogía es la ciencia que tiene como objeto de estudio este proceso complejo de formación humana.[4]

     La pedagogía, en este sentido, tendría que visibilizar y estudiar todo proceso educativo resguardado en cada acción política y social, sin importar que este proceso sea intencionadamente educativo o no.

“La educación no es neutral ni aséptica, es un proceso y un espacio en constante disputa, en el que distintos horizontes y proyectos de vida y de mundo se encuentran con la intención de hegemonizar. Puede ser un horizonte liberador y crítico en el que los sujetos desarrollan su propio pensamiento y, tomando su vida en sus manos, forjen un futuro justo y digno; pero también puede ser un horizonte en el que la vida no sea un principio primordial sino el dinero, en el que los sujetos opten por existir en condiciones de muerte, injusticia y desigualdad, a cambio de él”.

     Cabe hacer mención del debate existente entre dos posturas pedagógicas sobre lo que es, o no es, la educación para luego manifestar la postura que asume el autor. La discrepancia es: ¿aquellos procesos de conformación de sujetos que tienen resultados “negativos” o indeseables socialmente deben considerados, o no, como educación?

     La postura en este trabajo es que estos procesos también son educación. No es posible seguir pensando la educación solamente bajo las coordenadas de lo que es “bueno”, sin el riesgo de diluir o, peor aún, de negar el carácter educativo de otros fenómenos, al asociarlos con prácticas de otra naturaleza “no educativa”.[5] La educación no es neutral ni aséptica, es un proceso y un espacio en constante disputa, en el que distintos horizontes y proyectos de vida y de mundo se encuentran con la intención de hegemonizar. Puede ser un horizonte liberador y crítico en el que los sujetos desarrollan su propio pensamiento y, tomando su vida en sus manos, forjen un futuro justo y digno; pero también puede ser un horizonte en el que la vida no sea un principio primordial sino el dinero, en el que los sujetos opten por existir en condiciones de muerte, injusticia y desigualdad, a cambio de él.

     Una vez aclarada, más o menos, la postura pedagógica y las nociones conceptuales, pasamos a lo siguiente.

Contexto global en el siglo XXI

 

Un camino para descifrar cuáles son los retos de la pedagogía y cómo se está configurando ésta en el presente siglo, es pensar en los escenarios y condiciones que se están constituyendo en el mundo actual; en este apartado se mencionan algunas cuestiones que, a criterio del autor, empiezan a ser relevantes en la conformación de la pedagogía y su relación con el mundo del siglo XXI. D, nuestro mundo atraviesa por intensas transformaciones que requieren ser pensadas, estudiadas y abordadas desde la mayor cantidad de ángulos posibles, la pedagogía,  tiene que ser uno de ellos. Hoy existen asuntos apremiantes que nos han colocado, como humanidad, en situaciones inéditas de sobrevivencia que están requiriendo soluciones urgentes y efectivas, ante estos escenarios es imprescindible preguntarse ¿Qué puede aportar la pedagogía? Pero, antes de intentar responder identificar a qué se enfrenta.

    El mundo del siglo XXI está caracterizado por[6] las múltiples manifestaciones de violencia con sus múltiples caras a nivel global, por la mayor injerencia de la clase empresarial en las decisiones políticas en el mundo, por crisis políticas que han cultivado el regreso de gobiernos conservadores con tintes fascistas; es un siglo caracterizado por los cada vez más irreversibles daños ambientales y el exterminio de seres vivos del planeta; por la violación sistemática de derechos humanos en nombre del desarrollo y del mercado; por la crisis de sentido ocasionada por la ausencia de un relato o proyecto de vida convincente hoy en día;[7] por las cada vez mayores catástrofes climáticas y humanas: inundaciones, tormentas, deslaves, tsunamis, huracanes, entre otros que, además, están ocasionando desplazamientos masivos de comunidades a nuevos territorios. Particularmente en el territorio mexicano enfrentamos una guerra entre distintos grupos del narcotráfico y el crimen organizado, coludidos muchas veces con instituciones o agentes del Estado, a la vez que enfrentamos el complejo fenómeno de la migración en sus múltiples aristas y facetas, provocado por diversas crisis socioeconómicas al interior del territorio o al exterior en los países vecinos.

    Economistas como Thomas Piketty,[8] han colocado nuevamente sobre la mesa el tema de la distribución de la riqueza, las desigualdades y las brechas tienen que ser atendidas o las crisis económicas serán cada vez más graves provocando conflictos sociales cada vez más violentos y crisis humanitarias más graves.

    Hoy se ha visibilizado con fuerza una triada de relaciones de opresión que permiten comprender con mayor amplitud el orden existente y las relaciones de poder que posibilitan su reproducción y su reconstrucción, estas relaciones de opresión son: la de clase, que sostiene al capitalismo en sus formas más salvajes; la de género, que evidencia que el sistema además de ser capitalista es, a la vez, patriarcal y heterocentrado y por último la opresión de raza, que identifica la forma en la que la condición de raza se convierte en un referente ordenador y constitutivo del actual sistema mundo. Estas tres relaciones de opresión operan interrelacionadamente de forma interseccional; es decir, las tres formas de opresión conviven y operan de manera conjunta. Pero cabe hacer la aclaración de que, aunque están presentes y en ocasiones son mutuamente constitutivas además de interseccionales, operan de manera distinta, con distinto énfasis en la fuerza de su dominación dependiendo de las condiciones y el contexto histórico y situacional en el que se desarrollan. Cada contexto histórico, social y geográfico ha tenido diferentes formas de percibir este sistema de opresiones; sin embargo, lo que permanece en general en todo el sistema mundo es que estas tres están presentes.

     Parte del contexto en su dimensión económica está caracterizado por la intromisión del sector empresarial en cada vez más ámbitos de la sociedad, su injerencia e influencia es claramente percibida en las decisiones de los gobiernos, en la oferta de servicios y en la lógica, hábitos e ideología de las personas. Particularmente en el ámbito educativo, esta visión ha ido permeando paulatinamente los sistemas educativos con ciertas lógicas economicistas y administrativas centradas en el valor de cambio y el fin de lucro de la educación, lo que ha provocado el desplazamiento de las concepciones humanistas y críticas, incluso tachándolas de obsoletas.[9]

     Tenemos la crisis climática más aguda que se haya visto en la historia de la humanidad, todos los días en las noticias se habla de huracanes, inundaciones, tormentas, tornados, terremotos, desbordamiento de ríos, extinción de una nueva especie, incendios forestales más frecuentes, escases de recursos, el cambio climático ocasionado por la contaminación, la mala calidad del aire en las grandes urbes, los problemas causados por la deforestación, la tala incontrolada y el abuso en el uso de la tierra, la contaminación de los mares, el sargazo y un sin fin de problemas ambientales. Ya un sinnúmero de científicos ha alertado que la crisis climática traerá sufrimiento: desabasto de agua y energías, desabasto alimentario, guerras por el control de los recursos vitales, entre muchas otras consecuencias que hace 20 años se veían lejanas, pero que hoy parecen ser inmediatas.[10]

     El siglo XXI también ha traído una serie de fuerzas que no habían existido, surgidas especialmente con el desarrollo sin precedentes de cierto tipo de tecnología y, aunque sabemos que ésta encierra grandes promesas maravillosas, es trabajo de los científicos sociales advertir, visibilizar y denunciar sus posibles amenazas y peligros.

La fusión de la infotecnología y la biotecnología pueden hacer que muy pronto miles de millones de humanos queden fuera del mercado de trabajo y socavar tanto la libertad como la igualdad. Los algoritmos de macrodatos pueden crear dictaduras digitales en las que todo el poder esté concentrado en las manos de una élite minúscula al tiempo que la mayor parte de la gente padezca no ya explotación, sino algo muchísimo peor: irrelevancia.[11]

    La “dictadura de los algoritmos” hace referencia a la posibilidad latente de que este tipo de inteligencia artificial tenga, no sólo acceso a las decisiones de las personas, sino a tomar las decisiones por las personas; decisiones sobre qué música escuchar, qué comida elegir, a que contenidos acceder, qué información consumir, qué conocimientos adquirir, qué perfil de pareja es la mejor o hasta por quién es mejor votar en las elecciones. Cada día delegamos más tareas a nuestros Smartphone y, sin percibirlo, los algoritmos de las redes sociales y el mercado comienzan a influir o controlar nuestras formas de ser y pensar.[12]

     Estamos expuestos a un bombardeo constante y permanente de publicidad y mensajes que proviene de todas direcciones en la vida diaria. Estamos saturados de información, hoy día muchos sectores de la sociedad están hiperinformados, mientras que otros siguen sin acceso a ella; estamos infestados de noticias falsas que corren a una velocidad y alcance asombroso sin que inmensas masas de gente logren identificar su poca o nula fiabilidad. Mucha información y mucho conocimiento es desperdiciado por no ser popular en los resultados de los motores de búsqueda o por el hecho de no saber qué hacer con él.

    Otro rasgo característico del siglo XXI es la creciente expansión de psicopatologías o enfermedades sociales como el estrés, la ansiedad o la depresión, ya no sólo en adultos sino en adolescentes e infancias, ocasionadas por el ritmo de vida acelerado que se vive hoy día, particularmente en las urbes y zonas metropolitanas. Dada la dinámica social y las extenuantes exigencias del mercado, han surgido las llamadas “enfermedades del siglo XXI”, por ejemplo: la ciberdependencia, el síndrome de burnout, el workaholic, entre otros.

    Dadas las actuales circunstancias es inevitables no hablar de la pandemia causada por el SARS-CoV-2 que ha reconfigurado el mundo en sus relaciones sociales, agravando muchas de las rupturas que tiene nuestra sociedad y vulnerando más a los sectores más vulnerables.[13]

     Ahora bien, en los párrafos anteriores se han esbozado de manera sucinta algunas de las características que han perfilado los rumbos y las agendas del mundo en el actual siglo, son sólo algunos de los elementos contextuales que caracterizan nuestro presente histórico, es ese presente el que plantea enormes desafíos para la pedagogía, porque es en ese contexto en el que está aconteciendo la educación de los sujetos hoy. Cabe resaltar que, con esta serie de tópicos contextuales sobre nuestro presente histórico, se pretende contribuir a la reflexión y no a despertar el pesimismo. Todos estos problemas han tenido, en mayor o menor medida, repercusiones en el ámbito educativo y la pedagogía debe estar a la altura de las circunstancias.

Contexto de México en el Siglo XXI

“Las agencias educativas como: el narco, la televisión, el sistema político y las políticas públicas, las redes sociales o la Internet, por mencionar algunas, están teniendo un papel formativo con el que la escuela y la educación formal no pueden contender más. En cada uno de los elementos antes descritos existen procesos educativos que no han sido develados como tales pero la pedagogía tiene el deber de evidenciarlos”.

Es innegable que vivimos en una red global parecida a una serie de telarañas en las que hay movimientos minúsculos que pueden transmitirse, e incluso afectar, al otro lado del mundo casi de manera instantánea, la actual pandemia da prueba de ello. En el apartado anterior, se han anotado una serie de problemas y retos que nos plantea el mundo actual desde una visión global y no nacional; sin embargo, es momento de ajustar el enfoque a las condiciones locales de nuestro país.

    Muchas de las cuestiones que se han nombrado como parte del contexto global también nos afectan a nivel local nacional y no tendría sentido repetirlas, sin embargo, hay algunas particularidades que destacan en nuestro país por su nivel de impacto, influencia o afectación social y cultural. Algunos de esos elementos son, por ejemplo: el narcotráfico, el crimen organizado, la llamada narco-cultura y la serie de fenómenos derivados de esto como las desapariciones, feminicidios o los sicarios, entre otros.

    Por otro lado, particularmente en México, tenemos un sistema político y de justicia que no sólo no impide estos fenómenos, sino que los fomenta y los propicia en vez de brindar justicia. Existe un habitus del sistema político que está fundado en la corrupción y que funciona y opera con el ‘combustible’ del dinero, la avaricia, el egoísmo y el interés por la acumulación de la riqueza y el poder que ésta puede otorgar. Dicho de otro modo, tanto el narco como el sistema político mexicanos tienen en común el interés por la acumulación como eje rector de su funcionamiento, un interés primordial por el dinero y el tipo de poder que éste puede otorgar en un contexto como el nuestro.

    A esto agregamos toda una estructura de medios de comunicación masivos que, desde distintos flancos (T.V., redes sociales, publicidad, plataformas digitales, etc.), están incentivando el consumo y apropiación de un habitus empresarial y de una lógica de acumulación como principio de vida que permea en todos los integrantes de la sociedad mexicana. El mensaje permanente es: ¡Haga dinero para tener poder! No importa cómo lo haga mientras lo haga.

     Asimismo, la ambigüedad de la idea moderna y relativista sobre la libertad de expresión junto con escenarios abiertos como las redes sociales, han traído consigo una exposición masiva de los sujetos a: diferentes violencias, a discursos de odio, a desinformación y además han propiciado el surgimiento de líderes de opinión o influencers con discursos acríticos, posturas extremistas y dicotomizadoras, que se vuelven referentes en las decisiones de la población y para la opinión pública provocando ambientes ríspidos que la mayoría de las veces son innecesarios ya que sólo lo hacen por generar likes o followers.

    En México, todo lo anterior se articula con una serie de condiciones generalizadas de ignorancia, de desigualdad, de precariedad, pobreza e injusticia, que nos colocan como país en un escenario muy adverso, aún a pesar de los incansables y honrosos esfuerzos de ciertos sectores de la sociedad que luchan por transformarlo.

    Todos los elementos que se han expuesto hasta aquí, son importantes y relevantes para la pedagogía en la medida en que éstos están teniendo un papel innegable en la conformación de los sujetos en nuestra sociedad actualmente. Absolutamente todos los escenarios descritos, todos los fenómenos expuestos y todos los agentes y actantes[14] que se han presentado, tienen una función educativa en tanto están construyendo a los sujetos, están construyendo personas, formas de pensar, modos de actuar y decidir, generan hábitos, sueños y aspiraciones a partir de los cuales los seres humanos se conducen.

    Las agencias educativas como: el narco, la televisión, el sistema político y las políticas públicas, las redes sociales o la Internet, por mencionar algunas, están teniendo un papel formativo con el que la escuela y la educación formal no pueden contender más. En cada uno de los elementos antes descritos existen procesos educativos que no han sido develados como tales pero la pedagogía tiene el deber de evidenciarlos, estudiarlos e intervenir en ellos para disputar esa educación que hasta hoy ha quedado fuera del alcance de los radares de la actual pedagogía; una transformación educativa en el siglo XXI implica mirar en esas nuevas coordenadas y disputar los procesos educativos que allí se gestan, una transformación educativa radical para el presente siglo no puede soslayar los procesos educativos que están aconteciendo más allá de sus actuales fronteras en donde la educación está aconteciendo con fuerte potencia, conformando proyectos político-pedagógicos y un sujeto pedagógico particulares sin que logremos advertirlo. Por ello se plantea que la pedagogía tiene que disputar la educación en esos espacios, y si se plantea esta disputa es porque logramos ver que las consecuencias de no hacerlo son muy poco alentadoras para nuestro futuro próximo.

La disputa

 

Al hablar de disputa, se hace referencia a aquellas batallas o luchas que son necesarias para alcanzar u ocupar un espacio que otros también desean ocupar o están ocupando. Pero ¿Qué se disputa? Aquí se presenta el planteamiento de que aquello que se disputa, o debería ser disputado, desde la pedagogía, es la educación, así como algunos espacios que están educando sujetos y que no están siendo ocupados ni disputados por la pedagogía sino por muchos de los elementos y procesos socio-culturales que se han presentado en el apartado anterior.

     En los siguientes párrafos se argumentará y defenderá esta idea y se responderán a las preguntas: ¿Por qué la pedagogía debería de preocuparse por esos espacios? ¿Todos los espacios deben ser tomados o disputados por la pedagogía? Y ¿Por qué esto resulta relevante para la posible transformación educativa de México en el siglo XXI?

    La idea de la disputa de la educación desde la pedagogía, parte de un principio que se ha anunciado en los primeros párrafos de este trabajo y aquí se presentará con mayor detalle.

    Durante el siglo XIX, vivió en Estados Unidos el educador William Torrey Harris (1835-1909); cabe resaltar su interesante postura frente a las agencias educativas de la sociedad. Para él las escuelas son tan sólo una agencia más, de hecho, afirmaba que es una muy limitada frente a otras como la iglesia o la comunidad;[15] esto en un contexto estadounidense de fines del siglo XIX (1871-1873) en el que se dio cuenta que en las zonas portuarias e industriales la población dejaba de estar escolarizada antes de los diez años edad, por lo tanto, la escuela no era la principal agencia educativa de la época.[16] Resalto lo anterior porque, aunque las condiciones histórico-contextuales son muy diferentes actualmente, me parece que Harris aporta una tesis que, si se contextualiza, puede seguir vigente hoy en día: aunque la escuela es una importante agencia educativa, no es la única y, tal vez, su impacto e influencia está perdiendo fuerza frente a otras agencias educativas de nuestro actual contexto.

    La escuela, particularmente la escuela pública, debe seguirse defendiendo y disputando desde la pedagogía, sobran argumentos y literatura que lo evidencien y aquí no se ahondará en ello; sin embargo, la pedagogía no puede centrar su atención sólo en la escuela, es imperativo que extienda su alcance hacia aquellos espacios educativos que no se han reconocido como tales.

     Cuando se habla de disputar la educación desde la pedagogía, se hace en por lo menos dos sentidos, uno quizás más claro y tangible que el otro. El primer sentido es el de disputar y defender la educación formal, la escuela. Las decisiones sobre esta educación las han tomado en sus manos los políticos, los economistas, los empresarios y administradores que, desde hace algunas décadas han desactivado y desplazado de los espacios de toma de decisión: a profesionales de la educación, a investigadores, a los conocimientos especializados que estos generan, a la visión humanista de la educación, a los docentes y su perspectiva y al campo de la pedagogía en general. En palabras de Aldana:

La pedagogía robada es la pedagogía de quienes no son educadores. Por el contrario, la voz de quienes viven con constancia la enorme aventura de educar no se escucha o atiende. No son los docentes quienes generan las principales inquietudes, preguntas o quienes hacen las más importantes sugerencias para el cambio educativo. Ni siquiera sus dirigentes hacen propuestas académicas, profundas y consistentes porque la lucha gremial los ha apartado de la reflexión y la producción pedagógica. Tenemos muy claro que no es casualidad que el robo de la reflexión, visión y propuesta educativa tenga lugar desde la economía, la política o las empresas. Por eso, es precisamente a ellos a quienes hay que disputar el terreno de la discusión y la reflexión para que la imposición del discurso pedagógico no ocurra sin resistencias, mucho menos sin el sentido de esperanza y reivindicación que necesitamos asumir quienes creamos que es necesaria y posible otra educación. Y otra pedagogía.[17]

    Es necesario defender la escuela como trinchera y debe transformarse, disputando el proyecto pedagógico, los horizontes y las decisiones sobre ella contra las miradas administrativas y empresariales que carecen de la experiencia, de la práctica y de la visión científica de la investigación educativa que posee la pedagogía en México.[18] Esta disputa se tiene que dar y es importante, pero no es a la que nos enfocamos en este escrito, aunque cabe decir que está íntimamente relacionada con el segundo sentido.

    El segundo sentido y tal vez el menos obvio o evidente, se refiere a disputar la educación fuera de la escuela, en otros espacios. Exige mirar otros contextos, otros mecanismos, diferentes agencias y distintos actantes que están educando con mayor fuerza que la escuela. Es en este enfoque en el que se enfatiza.

    En los dos apartados anteriores se expusieron una serie de elementos y condiciones contextuales que tienen una fuerte presencia en nuestras vidas actualmente. Se enlistaron problemas y retos que hoy enfrenta la humanidad; dentro de éstos existen varios escenarios, distintas prácticas, agentes y agencias, así como actantes que están teniendo un papel decisivo y fundamental en la conformación de los sujetos, particularmente en las actuales generaciones de México en el siglo XXI. Es por ello que resulta necesario y hasta urgente extender la mirada de la pedagogía a esas coordenadas si es que aspiramos a una verdadera transformación educativa real.

    En este sentido afirmo que uno de los grandes retos de la pedagogía del Siglo XXI es develar todos esos espacios que configuran a los sujetos, todas esas agencias “educativas” que no son visibilizadas como tal pero que han estado arrebatando los procesos educativos de las personas de nuestra sociedad. La pedagogía tiene que disputar en esos espacios la educación.

    Por más terrible que nos parezca habría que plantearnos que tal vez una de las agencias educativas más importantes en el México actual, por su capacidad de impacto, sea el narco que incluso ha generado la narco-cultura; se ha constituido toda una serie de elementos socioculturales de identificación para grandes sectores de la sociedad que colocan sus expectativas y aspiraciones en esas imágenes o referentes. Si no aceptamos que “el narco”, y todo lo que este representa, está jugando un papel educativo vertebral en nuestra sociedad, tenemos la batalla perdida. Éste se presenta como una opción distinta a la escuela, se presenta como un estilo de vida y como una opción laboral peligrosa pero viable para muchas personas que miran en él un sentido de vida real, inmediata y tangible que les permite sobrevivir a sus condiciones concretas.

    Un ejemplo de acercamiento real, crudo y valiente para el entendimiento de estos espacios y sus agentes, desde una perspectiva de las ciencias sociales, es el que presentó Karina García Reyes a principios del 2020,[19] en este trabajo se entrevistaron a 33 exnarcos y sicarios para intentar comprender a profundidad qué elementos y qué condiciones propiciaron sus decisiones de vida, y cuáles son los significados y la mirada de estos sujetos y cómo se configuraron así. Sin duda es un espacio que la pedagogía debería de estar mirando, estudiando e interviniendo en la medida de sus posibilidades y en colaboración con otras disciplinas.

    Claro, de ninguna manera se piensa que la pedagogía deba solucionar todo, mucho menos que pueda hacerlo; la pedagogía no puede solucionar todo y mucho menos aislada de otras disciplinas, pero tampoco puede quedar inmóvil ante las circunstancias, no debe negarse a ampliar sus fronteras o se volverá un campo poco útil para la construcción de un futuro mejor. La transformación de la educación debe tener en cuenta todos esos elementos, espacios, agentes y actantes que actualmente tienen gran influencia en la conformación de sujetos.

    La educación es darle la bienvenida al mundo a un nuevo ser y permitir que se sostenga en él.

Su tarea principal sería movilizar todo lo necesario para que el sujeto entre en el mundo y se sostenga en él, se apropie de los interrogantes que han constituido su cultura humana, incorpore los saberes elaborados por los hombres en respuesta a esos interrogantes y los subvierta con respuestas propias, con la esperanza de que la historia tartajee un poco menos y rechace con algo más de decisión todo lo que perjudica al hombre.[20] 

    Pero ese sostenimiento puede estar cimentado en opciones diferentes y a veces hasta contrarias. Considero que es deber de la pedagogía estudiar e intervenir en esas opciones, disputar y denunciar aquellos espacios educativos que han sido negados como tal, por responder a horizontes y proyectos que atentan contra la justicia y la dignidad, que perjudican a la humanidad pero que hoy día están ganando terreno por sobre las instituciones o agencias educativas que conocemos.

    La pedagogía debe colocar su mirada en esos espacios, no ya para burocratizarlos como ha sucedido con la escuela, sino para aprender de ellos y, más importante aún, para intervenir en ellos, ya sea para potenciarlos o ya sea para desactivarlos, dependiendo de si coadyuvan o no a la construcción y constitución de un horizonte y un proyecto pedagógico de mundo que queremos en sociedad, una sociedad que tenga como principio fundamental la vida y no la muerte, la dignidad, la justicia y el bien común por sobre el interés individualista, el monetario y la sed de poder. 


Notas

[1]Licenciado en Pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Egresado del programa de maestría en Pedagogía del posgrado de la misma institución. Profesor de asignatura en el Colegio de Pedagogía de la FFyL UNAM y en la carrera de Pedagogía de la UIN. Actualmente miembro de la Red Mexicana de Jóvenes por la Investigación (ReMJI), en la que tiene una publicación y es parte del programa “jóvenes incursionadores”. Organizador y participante en diversos eventos académicos. Algunas líneas temáticas de trabajo académico: Epistemología e investigación pedagógica, teoría pedagógica, curriculum, pedagogía crítica latinoamericana, descolonialidad y teoría crítica, entre otros. Correo electrónico: fernandosantander@filos.unam.mx

[2]No es un trabajo que centre su interés en las disputas, los debates o las perspectivas que se gestan al interior del campo científico de la Pedagogía sino aquellas que se dan desde el campo hacia otros espacios, como pueden ser: debates con otras ciencias, con otras perspectivas disciplinares, luchas por la intervención en políticas educativas, en ámbitos escolares o sistema educativo, estudio de mecanismos socio-culturales de formación humana, entre muchos otros.

[3]G. Diker “Educación”. Diccionario Iberoamericano de Filosofía de la Educación, 2016, [en línea] <https://fondodeculturaeconomica.com/dife/definicion.aspx?l=E&id=54&w=educaci%C3%B3n>. [Consulta: 15 de noviembre de 2020.]

[4]F. Santander, El futuro será pedagógico o no será: Mirada pedagógica desde América Latina y la esperanza en el sujeto pedagógico-político de la educación. Red Mexicana de Jóvenes por la Investigación, No. 3, Vol. 5, Colección MMXX, 2020, [en línea] <https://www.remji.mx/post/mirada-pedagogica>. [Consulta: 15 de noviembre de 2020.]

[5]En este trabajo no ahondaremos este debate, no es el objetivo, pero es necesario manifestar la postura, previo a la exposición de los planteamientos centrales.

[6]Hoy día las 100 personas más ricas del mundo poseen más riqueza que los 4mil millones de personas más pobres. Cf. OXFAM Internacional. El 1 por ciento más rico se quedó con el 82 por ciento de la riqueza creada el año pasado; la mitad más pobre de la humanidad no obtuvo nada. 2018, [en línea] <https://www.oxfam.org/en/press-releases/richest-1-percent-bagged-82-percent-wealth-created-last-year-poorest-half-humanity#:~:text=Eighty%20two%20percent%20of%20the,new%20Oxfam%20report%20released%20today>. [Consulta: 20 de noviembre de 2020.]

[7]Cf. Yuval Harari, 21 lecciones para el siglo XXI. Debate, México, 2018.

[8]Cf. Thomas Piketty,  El capital en el siglo XXI. 2da ed., Fondo de Cultura Económica, México, 2015.

[9]Cf. Manuel Pérez-Rocha,  Educación. Los valores de cambio y los valores de uso y las motivaciones para estudiar. DR, México, 2014.

[10]Cf. UNAM Global. Más de 11 mil científicos declararon oficial la emergencia climática global. 2019, [en línea] <https://unamglobal.unam.mx/mas-de-11-mil-cientificos-declararon-oficial-la-emergencia-climatica-global/>. [Consulta: 28 noviembre del 2020.]

[11]Yuval Harari, Op. Cit. p. 14.

[12]Cf. Jeff Orlowski, (dir.). El dilema de las redes sociales. estrenado en enero del 2020, Disponible en Netflix.

[13]Cf. Yanis Varoufakis,  ¿Qué vendrá después del capitalismo?, CLACSO, Buenos Aires, 2020.

[14]Persona —o cosa— que interviene o tiene un papel necesario en el relato de una acción, acontecimiento, etc.

[15]Cf. José García-Garduño, Los pioneros de la teoría curricular en los Estados Unidos (1875-1910). Revista Latinoamericana de Estudios Educativos. Vol. XXV, No. 1, México, 1995, pp. 46-47.

[16]Cf. Urtaza, Eugenio. Educación, arte y naturaleza en William T. Harris y Cossío, Manuel B. Historia y memoria de la educación, No. 5, 2017, pp. 15-71. [en línea] <http://revistas.uned.es/index.php/HMe/article/view/16835>. [Consulta: mayo de 2019.]

[17]Carlos Aldana, La pedagogía robada o la pedagogía de quienes no son educadores. Otras voces en educación, 2016, [en línea]  <http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/190607>. [Consulta: noviembre 2020.]

[18]Es necesario que se asume la heteronomía y diversidad del campo de la Pedagogía, no se niegan los debates existentes al interior del campo ni la existencia de diferentes posturas, pero los debates al interior son productivos cuando hay estudio y dedicación serias sobre la educación ya que la visión se centra, en la mayoría de los casos, prioritariamente en la educación, mientras que al exterior la mirada se centra en la economía, la administración, los costos electorales o el dinero.

[19]Cf.  Karina García,  Morir es un alivio: 33 exnarcos explican por qué fracasa la guerra contra la droga en México. The conversation, 2020, [en línea] <https://theconversation.com/morir-es-un-alivio-33-exnarcos-explican-por-que-fracasa-la-guerra-contra-la-droga-en-mexico-129484>. [Consulta: enero 2021.]

[20] Philippe, 1998, p. 71.

 


Referencias

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