El sentido de la conquista según Chimalpain Cuauhtlehuanitzin y Fernando de Alva Ixtlilxóchitl

Sergio Ángel Vásquez Galicia

A casi 500 años del suceso, la conquista de México se ha convertido en un tópico importante en la historiografía nacional y extranjera. Sin duda, la diversidad de enfoques y metodologías empleados para su análisis ha permitido una comprensión profunda del proceso, pero sobre todo, ha puesto de relieve sus múltiples lecturas. Un texto nodal al respecto es la antología Visión de los vencidos (1959) de Miguel León-Portilla. A través de un conjunto estructurado de testimonios sobre el sometimiento armado, León-Portilla dio a conocer el punto de vista indígena. Por eso, en palabras de Roberto Moreno de los Arcos, la “Visión de los vencidos inició una nueva forma de historiografía cuyo propósito central era mostrar ‘la perspectiva y la imagen del otro’”.1 

          La propuesta de León-Portilla, desde los textos nahuas, le dio voz al pesar de los tlahtoque y sus descendientes al recordar cómo cayó el antiguo orden político y social que habían forjado. Actualmente, con un nuevo enfoque y nuevas fuentes, un grupo de estudiosos buscan dar voz al indígena, pero no para hacer explícito su desasosiego, sino para destacar la importancia de su participación en la conquista y el peso que la forma de pensar y hacer la guerra en Mesoamérica tuvo en su desenlace.2

     

          La historiografía novohispana de tradición indígena3 que aborda el tema de la conquista es tan compleja que las múltiples perspectivas y metodologías son indispensables para su comprensión.4 En este trabajo ofrecemos, con herramientas del análisis historiográfico, un enfoque distinto a los mencionados en el párrafo anterior. Lo que mostraremos es que en dicha producción discursiva la conquista no sólo adquiere sentido en el pesar de los pipiltin por el glorioso pasado que se ha ido, ni en el interés de sus descendientes por posicionarse en un nuevo orden social, sino también en las necesidades ontológicas y espirituales de los cronistas indígenas novohispanos, quienes vieron a la conquista como un evento que ratificaba la pertenencia de los pueblos americanos a la historia universal cristiana y que consideraron indispensable para la salvación de las almas de los naturales.

la conquista no sólo adquiere sentido en el pesar de los pipiltin… sino también en las necesidades ontológicas y espirituales de los cronistas indígenas novohispanos

       

          Para ejemplificar la propuesta enunciada, en esta ocasión me centraré en el análisis de la interpretación que el chalca, Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, y el aculhua, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, hicieron de la conquista. Los historiadores elegidos tienen elementos en común que permiten el análisis conjunto de sus obras. Los dos vivieron entre las últimas décadas del siglo XVI y la primera mitad del XVII; redactaron historias sobre sus respectivos pueblos (Chimalpain ocho Relaciones y un Memorial breve e Ixlitlxóchitl cinco crónicas sobre el Aculhuacan);5 conservaron en sus crónicas la tradición náhuatl,6 y recibieron una educación cristiana que fue fundamental para estructurar sus relatos. 

         En este trabajo no es posible detenernos demasiado en detalles biográficos y contextuales de los autores, sólo mencionaremos que no se tiene certeza de la institución en la que pudieron haber recibido educación, pero la complejidad de sus crónicas hace evidente que ambos tuvieron acceso a cierta instrucción superior. Seguramente eso no sucedió en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, pues para la época se encontraba en decadencia y sólo enseñaba primeras letras. Chimalpain, quien nació en 1579 en Zacualtitlan Tenanco, Amecamencan Chalco, y fue descendiente de los tlahtoque de la zona,7 debió comenzar su educación en el convento de su ciudad natal, que se encontraba bajo la dirección de la Orden de los Predicadores.8 A temprana edad debió trasladarse a la  Ciudad de México, pues por su Diario sabemos que cuando tenía entre 14 y 15 años (1593) entró al servicio de la ermita de San Antonio Abad, posiblemente como sacristán.9 Su estancia en ese lugar probablemente le facilitó el acceso a las librerías de algunos conventos que le fueron útiles en su formación y para la redacción de sus obras.10 

          Por su parte, Ixtlilxóchitl, quien nació alrededor de 157811 —no sabemos si en Teotihuacan, Tetzcoco o la Ciudad de México—, seguramente recibió sus primeras letras entre los franciscanos de Teotihuacan12 y posteriormente continuó su educación en alguna institución jesuita para españoles y criollos de la Ciudad de México,13 pues su condición racial de castizo le permitía moverse entre ambos grupos.14 Allí debió recibir los cursos básicos que incluían el trívium (gramática, retórica y dialéctica),15 pues su conocimiento era indispensable para obtener un cargo como los que tuvo en la administración española (juez gobernador, intérprete y solicitador de causas).16 Al igual que Chimalpain, Ixtlilxóchitl recibió los conocimientos necesarios para estructurar sus obras en función de algunos temas nodales del esquema de la historia universal cristiana,17 como veremos a continuación para el caso de la conquista.

La humanidad de los indios

La humanidad de los naturales de América fue motivo de discusión en los círculos intelectuales del Viejo Continente, prácticamente desde los primeros informes que dieron cuenta de que las tierras recién descubiertas se encontraban pobladas,18 y aunque para el momento en que Chimalpain e Ixtlilxóchitl redactaban sus obras la pertenencia de los indios al género humano no suscitaba mayores dudas, ambos autores retomaron el tema porque era fundamental para explicar que los naturales también formaban parte del plan divino de salvación. Chimalpain planteó este aspecto de la siguiente manera: Primero, como cristiano plenamente convencido, señaló que Dios era tanto el creador de todas las cosas como la “[…] prueba, medida [y] modelo”19 de todo lo creado. Para él, no había duda de que los indios pertenecían al género humano, porque eran descendientes de los hijos de Noé, “[…] quien, en segunda ocasión, se hizo el segundo tronco y semilla del linaje humano”.20 

          Lo que no le quedaba claro a Chimalpain era “[…] de cuál de los tres hijos de Noé descienden los antiguos Chichimecas”.21 El cronista de Chalco sabía que esta incertidumbre no era menor, pues para los cristianos la descendencia de cada hijo de Noé tuvo implicaciones distintas para el poblamiento del mundo. Por ello, Chimalpain puntualizó que los naturales no descendían de los hijos de Sem, pues a Jesucristo “[…] lo hicieron morir en la cruz los judíos”.22 Basado en información del cosmógrafo Henrico Martínez, el chalca señaló que los habitantes de lo que hoy conocemos como Mesoamérica eran descendientes de Jafet y provenían de Curt Lant, Polonia, pues la gente de allá “[…] es semejante a nosotros; dizque también nosotros somos así, que así como es nuestro cuerpo así es también el cuerpo de la gente de allá […]”.23 Seguramente los argumentos del cosmógrafo que convencieron a Chimalpain fueron dos: que la gente de allá era realmente parecida a los indios, “[…] excepto que son algo más corpulentos, como los chichimecas”,24 y que la distancia entre Curt Lant y la Nueva España no era significativa como para impedir el traslado humano por vía marítima.25 

el chalca señaló que los habitantes de lo que hoy conocemos como Mesoamérica eran descendientes de Jafet y provenían de Curt Lant, Polonia

         

          Por su parte, Ixtlilxóchitl también recalcó en sus crónicas que Dios fue el creador del mundo y “[…] creó a los primeros padres de los hombres, de donde procedieron todos los demás; y la morada y habitación que les dio fue el mundo […]”.26 De esta forma estableció que los naturales de América, por ser habitantes del mundo conocido, también eran descendientes de Adán y Eva. Asimismo, señaló que todos los que habitaban la tierra chichimeca, “[…] que se llama Nueva España”,27 llegaron “[…] de las partes occidentales” y el “[…] primer rey que tuvieron se llamaba Chichimécatl, que fue el que los trajo a este nuevo mundo en donde poblaron, el cual, según se colige, salió de la Gran Tartaria[…]”.28

         

          En la cita anterior, el historiador tetzcocano retomó la tradición indígena, muy arraigada entre los pueblos del centro de México, que destaca la ascendencia chichimeca de los nahuas.29 Sin embargo, reinterpretó la información en función de su educación cristiana para señalar que los hombres que dieron origen a los pueblos mesoamericanos no eran oriundos de América, sino que provenían de las “partes occidentales”, de la Gran Tartaria, es decir, de las tierras de lo que actualmente son el centro y norte de Asia. 

       

          Finalmente, en la Sumaria relación de todas las cosas, el cronista tetzcocano especuló que el paso al Nuevo Mundo debió realizarse por vía marítima,30 justo en el tiempo en que “[…] se les mudaron las lenguas y no entendiéndose unos a otros se fueron a diversas partes del mundo, y los tultecas […] se vinieron a estas partes, habiendo primero pasado grandes tierras y mares […]”.31 Así, el historiador de Tetzcoco argumentó que los indios de América no eran una creación independiente, sino que pertenecían a la única creación que el Todopoderoso hizo del género humano.32 

La naturaleza de los indios

Chimalpain e Ixtlilxóchitl no consideraron necesario explicar por qué Dios permitió que el Nuevo Mundo se mantuviera oculto para los europeos durante tanto tiempo. Es posible que pensaran que ese conocimiento sólo pertenecía al Creador, quien obra misteriosamente. Lo que sí resultó fundamental para ambos, fue explicar la naturaleza de los indios y su estatus espiritual, pues a través de esos temas justificaron la intervención española en América.

       

          Como los indios poblaron América desde los tiempos de la dispersión de las lenguas en Babilonia, para Chimalpain era claro que no tuvieron la oportunidad de conocer la vida de Cristo a través de la prédica apostólica: 

[…] ciertamente no conocieron a aquél por quien en verdad llegaron a vivir y tampoco conocieron cuál fue la verdadera luz que deberían seguir, justamente la que iluminó a la gente, la que mostró cosas a la gente, la que le dio ánima y vida, por la que es reconocido el único y verdadero téutl, Dios, Jesucristo, salvador de la gente, el único gracias a quien se vive y existe aquí en la Tierra.33

       

          Por ser desconocedores del Evangelio, el historiador chalca identificó a los naturales como “gentiles”,34 igual que lo fueron los pueblos grecolatinos.35 Ixtlilxóchitl coincidió en ese punto con el cronista de Chalco, así como en identificar a los indios como hombres de razón, que lograron prever “[…] al único téutl, a Dios”,36 a quien identificaron como Tloque Nahuaque.

          Chimalpain no hace explícito por qué los indios eran hombres de razón y cómo llegaron al conocimiento del Dios cristiano, sin embargo eso lo podemos saber a través de las obras de Ixtlilxóchitl. Para el autor tetzcocano, la Ley Natural había sido la guía de todas las acciones de los indios-gentiles37 y la que les permitió acercarse al conocimiento del Todopoderoso. En el pensamiento cristiano la Ley Natural está estrechamente vinculada con la Ley Eterna, que se refiere al orden que Dios dispuso para todas las cosas38 y cuyo objetivo es dirigir “a todos los seres al cumplimiento de sus fines”.39 En el caso de los seres racionales, la búsqueda de dicho orden implica el respeto de una serie de preceptos morales que en su conjunto conforman la Ley Natural y cuya máxima premisa es hacer el bien y alejarse del mal.40 En esta inclinación hacia lo bueno —según los cristianos— los gentiles, griegos y romanos, fincaron sus logros culturales.41

         

          Para Ixtlilxóchitl, los indios-gentiles también lograron construir una destacada cultura siguiendo su inclinación hacia lo bueno. Como había sucedido con griegos y romanos, para el cronista aculhua, la Ley Natural permitió a los indios vivir en orden y armonía, por ello atribuye a los gobernantes indígenas tanto la construcción de imponentes ciudades como la creación de leyes y normas morales para la buena convivencia social.42 Para él, los gobernantes tetzcocanos tuvieron como principal preocupación poner orden “en la gente de la manera que cada uno había de vivir, y en lo que había de entender […]”.43 

          Así mismo, la Ley Natural, según la interpretación del tetzcocano, guió a los naturales a buscar a Dios a través de sus creaciones, por eso puntualizó que las deidades mesoamericanas fueron en realidad representaciones de elementos de la naturaleza: “[…] y dicen que este dios del sustento era figurado al sol y su mujer a la luna, y otras diosas que llamaban las hermanas del sol y la luna […]”44 y que los toltecas no adoraban “si no es al sol que llamaban padre y a la tierra, madre […]”.45 Es posible que sobre este asunto el historiador aculhua tuviera en mente una idea del Antiguo Testamento46 según la cual, la adoración de la naturaleza no debía ser juzgada severamente, pues era la evidencia del esfuerzo de los gentiles por conocer a su Creador.47 Como quiera que sea, con esta interpretación Ixtlilxóchitl extirpó al demonio y los sacrificios humanos —sólo sacrificaba aves, liebres y venados—48 de buena parte de la historia prehispánica. Aunque la adoración de la naturaleza sólo fue el paso previo para plantear que la inclinación natural al bien permitió a los indios-gentiles prefigurar al Dios cristiano.

          Según Ixtlilxóchitl, los toltecas supieron de “[…] la creación del mundo, y cómo el Tloque Nahuaque lo crió”,49 sin embargo fue el gran chichimeca tecuhtli tetzcocano, Nezahualcóyotl, quien “[…] alcanzó a saber y declaró que después de nueve cielos, estaba el creador de todas las cosas y un sólo Dios verdadero, a quien puso por nombre Tloque Nahuaque”.50 Para plantear esta identificación, el historiador aculhua seguramente equiparó algunas características del dios mesoamericano, Tloque Nahuaque, con las del cristiano. Recordemos que Tloque Nahuaque —según explica León-Portilla— significa “señor del cerca y el junto” y el nombre es la sustantivación en forma de difrasismo de los adverbios tloc y náhuac; el primero significa “cerca”, el segundo “en el circuito de”, y juntos “expresan el dominio y presencia universal de Ometéotl en todo cuanto existe”.51 En este sentido, la frase tloque nahuaque era utilizada para referirse al “dios dual”, quien para los nahuas era “[…] madre y padre de los dioses, dador de la vida […]”.52

          Pero si los indios-gentiles llegaron al conocimiento de Dios a través de la Ley Natural, como señalan el historiador tetzcocano, ¿cuál era el sentido de la conquista armada y espiritual? y ¿qué justificaba la intervención española en tierras americanas? Chimalpain e Ixtlilxóchitl coincidieron en que los naturales fueron engañados por “el diablo [que] andaba pervirtiendo a los mencionados antiguos, a los que fueron nuestros abuelos ya podridos”.53 El cronista aculhua destacó en sus crónicas cómo previo a la llegada de los españoles todos los grupos del centro de México habían caído en la idolatría: “[…] los mexicanos fueron grandísimos idólatras, más que los tultecas, y los culhuas y tepanecas ni más ni menos, aunque no tanto como los mexicanos […]”.54 Con ello recalcó que sus antepasados incurrieron en el peor de los pecados, pues implicaba dar “[…] la espalda al Señor para rendirle culto a su enemigo”.55 Según Ixtlilxóchitl, incluso Nezahualcóyotl incurrió en esa grave falta y por ello los naturales se encontraban en “los abismos de infierno”.56 Este último punto es importante porque, para el tetzcocano, el gran chichimeca techtli fue vencido por el Demonio porque “le faltó la ley evangélica”.57 Así pues, para salvar a los indios de “los abismos del infierno” era necesario abrir paso a los frailes, a través de la conquista, para que dieran a conocer el Evangelio.

para el tetzcocano, el gran chichimeca techtli fue vencido por el Demonio porque “le faltó la ley evangélica”

La conquista y la salvación de las almas de los indios

En las obras de Chimalpain e Ixtlilxóchitl, la conquista, además de ser una lucha entre Dios y el Demonio, es un acto que tiene como motor a la providencia y como principales actores a sus instrumentos. En el caso del chalca, Cristóbal Colón y los Reyes Católicos fueron los elegidos de Creador para acabar con la idolatría en el Nuevo Mundo y lograr el “[…] cambio de vida macehual”,58 es decir, la conversión de los naturales al cristianismo. Por su parte, en las obras del cronista de Tetzcoco ese papel lo desempeñó Fernando Cortés Ixtlilxóchitl, su antepasado, quien es caracterizado como el aliado más fiel de los españoles y todo un apóstol entre los indios.59

          Así mismo, Chimalpain e Ixtlilxóchitl coincidieron en que la conquista era el castigo que el Creador impuso a los naturales por haber incurrido en la idolatría. Los abusos que los castellanos cometieron durante el sometimiento armado y en las primeras décadas de vida colonial, fueron interpretados como la justa pena para enmendar su falta.60 Ixtlilxóchitl consignó en sus obras el maltrato físico que sufrieron los indios, el despojo de sus pertenencias, el retiro de los privilegios a los naturales aliados, y lo más importante, denunció el agravio al estatus social de los pipitlin.61 Con pesar, el cronista del Aculhuacan subrayó cómo su tatarabuelo, Cortés Ixtlilxóchitl, de gran aliado de los españoles, terminó convertido en un albañil.62 Mientras que Chimalpain, con evidente nostalgia por el pasado en que los pipiltin ocupaban la cúspide de la pirámide social, consignó lo siguiente en su Séptima relación:

Los que después gobiernan la ciudad de Mexico Tenuchtitlan, ya no son poseedores de la sangre y el color de los arriba mencionados grandes tlahtoque y preciados tlahtocapipiltin tenuchca; de algún lugar son habitantes, algunos son pipiltin, otros no pipiltin, en fin, algunos mestizos. Y de estos mestizos ya no sabemos, en relación a los españoles, de qué manera comenzó su linaje, quizá eran pipiltin, quizá eran macehuales sus ancestros […] Cuando en relación a nosotros los hombres de aquí, salen mestizos y mestizas que son gente respetada, mestizos y mestizas nos estiman por salir de nosotros; pero algunas personas inconsideradamente, mestizos y mestizas, no quieren estimarnos cuando algo guardan de nuestra sangre, de nuestro color; sólo se fingen españoles, nos causan pena […] Pero algunos españoles de sangre honrada, a quienes hizo nuestro señor Dios, también nos honran, nos aman; aunque no guardamos la sangre, el color a la par de ellos, sin embargo, son prudentes, recuerdan que en el principio, en el comienzo del mundo sólo fue uno nuestro primer padre, Adán y una nuestra primera madre Eva, […] Y dichosos los que en lo terrenal lo reconocen.63 

         

          En esta cita es evidente que el cronista chalca se queja de que los descendientes de los antiguos pipiltin ya no tuvieran el derecho exclusivo a ocupar cargos en la administración novohispana, pero también podemos observar su molestia porque el grupo al que pertenece ha perdido el respeto del que gozaba en la época prehispánica y los primeros años de vida colonial.

          A pesar de los agravios, los cronistas consideraban que para poder formar parte de la historia universal cristiana, los indígenas debían soportar la pena impuesta por el Creador. Así lo expresó Chimalpain: “[…] aunque es verdad que de los gentiles, que de los idólatras salimos, después seremos unificados nosotros los habitantes de aquí de Mexico Tenochtitlan y los de todas partes, pobladores de la Nueva España”.64 Soportar los agravios implicaba para ellos la oportunidad de salvar sus almas y ocupar un lugar en el Reino de Dios, como lo señaló Ixtlilxóchitl:

[…] plegua a Dios que muchas sillas de las que debían ser de los primeros españoles que vinieron a estas partes, no las posean en la vida eterna los desventurados naturales, y aun algunos de los que hoy viven, porque es tanta su miseria que he leído a muchos autores que tratan de tiranías y crueldades de otras naciones y ninguna de ellas y todas juntas tienen que ver con los trabajos y esclavonía grande de los naturales […]65

        Según el texto, los indios serían compensados por todos sus sufrimientos con el goce perpetuo en los dominios del Señor, en donde estarían en sustitución de los abusivos españoles. Esta idea la podemos ver reafirmada en la frase: “[…] ya que perdieron sus reinos y señoríos que son [perecederos les] daría Dios el del cielo que es eterno”.66 Para Chimalpain e Ixtlilxóchitl, los naturales deseaban salvar sus almas “más que cuantas honras y riquezas y las demás cosas que tiene el mundo […]”67. Para ambos autores, ese fin trascendente era el que le daba sentido a la conquista. 

Para concluir

El estudio de la conquista es tan complejo como lo son los testimonios escritos que hoy reconocemos como nuestras fuentes de conocimiento. El efervescente contexto colonial en el que fueron redactadas las obras historiográficas de tradición náhuatl se proyecta en la riqueza de sus discursos acerca del pasado. A través de su interpretación de la conquista, los descendientes de los antiguos tlahtoque dieron diversas explicaciones de su situación colonial y esas expresiones de la conciencia histórica ocasionan que en sus obras podemos encontrar entretejidos múltiples sentidos de la conquista. Es cierto que en ellas está expresado el pesar de los pipiltin por el grandioso pasado que se ha ido, así como lo está la búsqueda de sus descendientes por posicionarse en el nuevo orden establecido por los españoles; sin embargo, no hay que olvidar que los autores de las crónicas fueron educados en los cánones europeos y que se reconocían como buenos cristianos, así que en sus crónicas también es posible encontrar un sentido profundo de la conquista, como lo fue incluir a los naturales del Nuevo Mundo en el plan divino de salvación.

Notas

1  Roberto Moreno de los Arcos, “Presentación”, p. 4.

2 Como ejemplo de esta cuestión, Cf. Indian Conquistadors: Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica.

3 Sobre el concepto de historiografía novohispana de tradición indígena, Cf.  José Rubén Romero Galván, “Introducción”, pp. 9-20. 

4 Para un análisis de la historiografía de tradición náhuatl que aborda el tema de la conquista, Cf. Miguel Pastrana, Historias de la conquista.

5 Para nuestro análisis retomaremos las ediciones que el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM ha hecho de las obras de ambos cronistas, pues son las mejor logradas. En el caso de las crónicas de Ixtlilxóchitl, los nombres abreviados son: Sumaria relación de todas las cosas, Relación sucinta en forma de memorial, Compendio histórico del reino de Tetzcoco, Sumaria relación de la historia general e Historia de la nación chichimeca.

6 A diferencia de Guy Rozat, aunque nuestro análisis se centra en temas nodales del esquema de la historia universal cristiana, no desconocemos la presencia de elementos de tradición indígena en la interpretación de la conquista de estos dos cronistas novohispanos. Cf. Guy Rozat,  Indios imaginarios e indios reales.

7 Para mayores detalles sobre la biografía del autor chalca, Cf. Sergio Ángel Vásquez Galicia, Interpretación histórica e identidad en dos cronistas novohispanos. Análisis historiográfico de las obras de Diego Muñoz Camargo y Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, pp.49-53.  

8 El convento fue fundado por franciscanos. Cf. Tomás Jalpa Flores, La sociedad indígena en la región de Chalco durante los siglos XVI y XVII, pp. 189-190.

9 Cf. Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, Diario, traducción de José Rubén Romero, en José Rubén Romero Galván, “Chimalpain Cuauhtlehunitzin”, p. 332.

10 Cf. José Rubén Romero Galván, “Introducción”, pp. 19-20. Es posible que Chimalpain terminara sus días en la ermita.

11 La fecha de nacimiento fue establecida por Edmundo O’Gorman. Cf.  Edmundo O’Gorman, “Estudio introductorio”, v. I, p. 17.

12 Su familia era poseedora del cacicazgo de San Juan Teotihuacan. Sobre este tema Cf. Guido Munch, El cacicazgo de San Juan Teotihuacan durante la colonia, 1521-1821.

13 Ixtlilxóchitl seguramente vivió en Atenantitech Tlatelolco, en la casa que su madre, Ana Cortés Ixtlilxóchitl, heredó de su abuela, Francisca Cristina Verdugo. Sobre este tema Cf.  Sergio Ángel Vásquez Galicia, “La identidad de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl a través de su memoria histórica”, p. 136; y Sergio Ángel Vásquez Galicia, “Aportes a la biografía del historiador tetzcocano Fernando de Alva Ixtlilxóchitl”, p. 156.

14 Tres de sus abuelos eran españoles y su madre, Ana Cortés Ixtlilxóchitl, era descendiente de Nezahualcóyotl. Sobre este tema Cf. Edmundo O’Gorman, “Prólogo”, p. 12.

15 Cf.  Elsa Cecilia Frost, “Los colegios jesuitas”, p. 312.

16 Fue juez gobernador en Tetzcoco, Tlalmanalco y Chalco; intérprete en el Tribunal de Indios de la ciudad de México, y solicitador de causas en el Ayuntamiento de la misma ciudad. Cf. Vásquez, “La identidad de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl […]”, pp. 63-65 y 100-195; Vásquez, “Aportes a la biografía del historiador tetzcocano […]”, pp. 147-151.

17 Esto no quiere decir que los historiadores hicieran especulación teológica, esa labor estaba reservada para los frailes. Sus conocimientos sobre los pasajes bíblicos y los postulados de algunos teólogos los pudieron obtener a través de su educación cristiana y de las catenas, que eran una especie de antologías medievales en las que aparecían, una detrás de otra, como cadenas (de ahí su nombre), las sentencias y glosas de los Padres griegos y latinos sobre los textos sagrados. Cf. Elsa Cecilia Frost, “Fuentes bíblicas, clásicas y contemporáneas de los veintiún libros rituales y monarquía indiana”, v. VII, p. 267.

18 Sobre este tema Cf.  Anthony Pagden, La caída del hombre natural. El indio americano y los orígenes de la etnología comparativa.

19 Chimalpain, Primera relación, p. 11.

20 Chimalpain, Cuarta relación, p. 65.

21 Idem.

22 Ibid., p. 67.

23 Ibid., p. 63.

24 Henrico Martínez, Repertorio de los tiempos e historia natural de esta Nueva España, p. 204.

25 Idem.

26 Ixtlilxóchitl, Historia de la nación chichimeca, v. II, cap. I, p. 8.

27 Ixtlilxóchitl, Compendio histórico de reino de Tetzcoco, v. I, p. 417.

28 Idem.

29 Cf. Federico Navarrete, Los orígenes de los pueblos indígenas del valle de México. Los altépetl y sus historias; y Federico Navarrete, “Chichimecas y toltecas en el valle de México”.

30 Seguramente Ixtlilxóchitl no tuvo conocimiento de obras como la Historia natural y moral de las Indias de José de Acosta, en donde se plantean fuertes dudas sobre las posibilidades del cruce por vía marítima. Cf.  José de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, cap. XVIII.

31 Ixtlilxóchitl, Sumaria relación de todas las cosas […], v. I, p. 264.

32 Para el contexto cercano a Ixtlilxóchitl sólo Diego Muñoz Camargo expresó la posibilidad de que los hombres de América fueran una creación independiente, señalando: “Y, si no hubiera visto por vista de ojos muchas cosas que el Diluvio arruinó en este tierra, me pareciera que había sido criado de por sí.”, sin embargo, de inmediato enmendó su insinuación y propuso, como fray Diego Durán, que los indios eran judíos. Cf. Diego Muñoz Camargo, Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de la Nueva España e Indias de la Mar Océano para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas, mandada hacer por la S.C.R.M. del Rey Don Felipe, Nuestro Señor, p. 115. 

33 Chimalpain, Segunda relación, p. 33. Las negritas son nuestras.

34 Chimalpain, Primera relación, p. 9. Las negritas son nuestras.

35 Idem.

36 Idem. Las negritas son nuestras.

37 Las menciones de la Ley Natural en las obras de Ixtlilxóchitl son escasas, sin embargo la doctrina se encuentra implícita en su interpretación del proceder de los indios. Cf. Ixtlilxóchitl, Sumaria relación de la historia general […], v. I, p. 529.

38 Enciclopedia universal ilustrada Euro-americana, v. 30, p. 337.

39 Idem. 

40 Ibid., v. 30, p. 339.

41 Ley Natural como guía de las acciones de los indios —de claro corte tomista— tuvo una fuerte vigencia en el contexto historiográfico del cronista aculhua, pues también Bartolomé de las Casas (1484-1566), Juan de Torquemada (ca. 1562-1624), y para el Perú, el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), recurrieron a ella de manera sistemática.

42 Para un análisis de estos aspectos Cf. Sergio Ángel Vásquez Galicia, Conceptos, ideas y modelos europeos y de tradición indígena en la construcción de un buen gobernante. Nezahualcóyotl en la obra de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, pp. 164-175. 

43 Ixtlilxóchitl, Sumaria relación de todas las cosas […], v. I, p. 380.

44 Ibid., v. I, pp. 272-273.

45 Ixtlilxóchitl, Relación sucinta en forma de memorial […], v. I, p. 412.

46 Insistimos en que Ixtlilxóchitl no tuvo acceso a la Biblia porque en su contexto sólo los religiosos podían consultarla y lo hacían en latín. Ese conocimiento debió llegarle a través de su instrucción cristiana.

47 Sabiduría, 13:6-7, Sagrada Biblia.

48 Ixtlilxóchit, Historia de la nación chichimeca, v. II, cap. VI, p. 19.

49 Ixtlilxóchitl, Sumaria relación de todas las cosas […], v. I, p. 263.

50 Ixtlilxóchitl, Compendio histórico del reino de Tetzcoco, v. I, p. 447.

51 Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, pp. 392-393.

52 Ibid., p. 386.

53 Chimalpain, Primera relación, p. 9. Ixtlilxóchitl señaló que a los naturales el demonio “les traía engañados”. Ixtlilxóchitl, Relación sucinta en forma de memorial […], v. I, p. 405.

54 Ixtlilxóchitl, Relación sucinta en forma de memorial […], v. I, p. 412.

55 Elsa Cecilia Frost, La historia de Dios en la Indias. Visión franciscana del Nuevo Mundo, p. 181.

56 Ixtlilxóchitl, Compendio histórico del reino de Tetzcoco, v. I, p. 501. 

57 Ixtlilxóchitl, Relación sucinta en forma de memorial […], v. I, p. 405.

58 Chimalpain, Tercera relación, p. 213.

59 Sobre esta interpretación Cf. Vásquez, La identidad de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, pp. 324-338. 

60 Esto los podemos observar en la siguiente cita: “[…] el imperio chichimeca careció de la paz y concordia que es buen pastor en los reinos, y nuestra soberbia y discordia nos entregaron a manos de estos extranjeros para padecer los largos y ásperos caminos, las hambres, fríos y otras mil calamidades que padecemos, desposeídos de nuestros reinos y señoríos, y olvidados de nuestra regalada patria como si fuera nuestra enemiga; pero todo lo podemos dar por bien empleado, pues estos nuestros amigos, los hijos del sol, nos trajeron la luz verdadera, la salud de nuestras almas y la vida eterna que tan lejos estábamos de ella […]”, Ixtlilxóchitl, Compendio histórico del reino de Tetzcoco, v. I, p. 501.

61 Sobre estos temas Cf. Vásquez, La identidad de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl […], pp. 347-366.

62 Ixtlilxóchitl, Compendio histórico del reino de Tetzcoco, v. I, p. 515.

63 Chimalpain, Séptima relación, p. 289. Las negritas son nuestras.

64 Chimalpain, Primera relación, p. 3.

65 Ixtlilxóchitl, Compendio histórico del reino de Tetzcoco, v. I, p. 505.

66 Idem.

67 Idem.

Bibliografía

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