De hablarse a sí mismo: locura y reflexión en el Quijote

Horacio José Almada Anderson

¿Quién es ese loco autonombrado Don Quijote de la Mancha, este loco inagotable que nos es presentado en los 52 capítulos de la Primera Parte y los 74 de la Segunda del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, en todo tipo de situaciones disparatadas? Reconocemos el mundo a partir de su mirada, conocemos a muchos de los otros personajes de la novela desde su perspectiva y no lo perdemos de vista aún cuando Cervantes, en la Primera Parte, decide ponerlo a dormir1 o ser mero espectador de algún suceso que no tiene que ver directamente con él2 o sus aventuras. Todos los que se lo topan reconocen su locura; ésa que parece contagiar a ratos a Sancho;3 ésa que no sólo divierte, pero que también sorprende o aterra a los que presencian sus extravagancias. No sabemos su nombre, pero conocemos los sobrenombres caballerescos con los que quiere ser reconocido y recordado: rebautizado por su escudero el Caballero de la Triste Figura;4 y por él mismo el Caballero de los Leones5 y después el pastor Quijótiz,6 y ya, al final, en su lecho de muerte, Alonso Quijano el Bueno.7 Ése del que sólo suponemos se llamaba señor Quijada, Quesada o Quijana, gracias, primero al narrador8 y después a la intervención de su vecino al llamarlo señor Quijana;9 o a lo que podemos creer o no, en palabras del mismo Don Quijote, descendía “[…] directamente por línea recta de varón de Gutierre Quijada”.10 Ése que como el Mireno de Tirso de Molina después lo hará, un día pudo haberse dicho: “No soy; seré”;11  y en sus propias palabras: “Yo sé quién soy […] y sé qué puedo ser […]”.12 Nada sabemos del sosegado villano de aldea antes de su conversión caballeresca. Una cosa es cierta: está loco, desde que lo conocemos en el primer capítulo de la primera parte, hasta el setentaicuatro de la segunda. ¿Quién, en su sano juicio, se autonombra tantas veces sin decir jamás quién es? Él no es quien es, sino quien quiere ser.

       ¿Don Quijote muere cuerdo? Es la pregunta que se hace Margit Frenk,13 cuando revisita el último de los capítulos de la Segunda Parte del Quijote. Una pregunta por demás pertinente si, como lo expone minuciosamente Margit Frenk desde el texto de Cervantes, podemos poner en duda la supuesta recuperación a la cordura en el último momento de vida del protagonista de la novela cervantina. Don Quijote vive loco el tiempo que lo conocemos, muere loco; y, en definitiva, a lo largo de la novela, está loco. 

       Pienso ahora en un lector de la obra cervantina de nuestro tiempo: un lector que pudiera curarse la depresión con una pastilla, si sufriera mal de amores; y le temiera poco a la esquizofrenia que pudiera controlar con un tratamiento adecuado, si padeciera un ataque en el que creyera que una venta es castillo, una prostituta, dama; y tuviera que reinventar su existencia, olvidarse del todo de su pasado, rebautizarse tantas veces como le viniere en gana y convertirse en modelo de caballero, impuesto por alguna de sus lecturas hechas con fervor y pasión. Un lector, éste, el contemporáneo nuestro, ¿pudiera interesarse en un personaje de ficción o creerle a un loco de remate que supuestamente recuperara la razón en su lecho de muerte después de un reconfortante sueño, o que se hablara a sí mismo? 

       Las ediciones se multiplican, los estudios cervantinos siguen su, al parecer, inacabable camino. Las editoriales no dejan de reeditarlo: ediciones críticas y de bolsillo, como la edición de Francisco Rico multiplicada por varios sellos editoriales, que conmemora el cuarto centenario de la primera edición de la Primera Parte en 2005, de la Segunda en 2015 y de su muerte en 2016 que rememoramos; así como ejemplares con adaptaciones “fáciles” para niños o adolescentes —pienso en la reciente edición de la RAE de un Quijote editado para escolares, adaptado por Arturo Pérez-Reverte14—. Las universidades no dejan de darle el lugar privilegiado que tiene y —espero— seguirá teniendo. La prensa, los medios electrónicos, las redes sociales no dejan de dar nota de acontecimientos relativos al autor, la novela, Don Quijote o Sancho. El Quijote, según las palabras del Director de la RAE, Darío Villanueva, sigue siendo el libro más editado15 en lengua española hoy día. 

       Así, creo que ese lector existe y se interesa, cree en las posibilidades que le ofrece Cervantes para distinguir y reconocer al loco; en mi experiencia, al hablar de la novela y discutirla con lectores, alumnos y colegas, se idealiza al personaje central y se llega a creer que su locura es cíclica o incluso a dudar de ella,16 o que Don Quijote se conduce con cordura y elocuencia, a ratos, dando pocas señales de ella. La locura de Don Quijote existe a pesar del hablar lúcido o de la estructura de su pensamiento, —sirva como ejemplo, la construcción del discurso de la Edad de oro—; y no sólo en tener episodios alucinatorios: su locura reside en creer que la caballería existió tal como la leyó en los libros de su biblioteca y que su tarea en la vida es resucitarla; no actuándola sino viviéndola. A cualquiera que escucháramos discutir en términos de: “[…] querer darme a entender que no ha habido caballeros andantes en el mundo y que todos los libros de caballerías son falsos, mentirosos, dañadores e inútiles para la república, y que yo he hecho mal en leerlos, y peor en creerlos y más mal en imitarlos […]”,17 sería prueba suficiente de locura; o si nos encontráramos con él, vestido como lo hace y viéndolo conducirse como lo atestigua la novela, dejaría la duda de lado. Como lo anotara Vicente Gaos, “[…] si Don Quijote no estuviera loco, no habría Quijote”.18 La locura planteada en la realidad del lector es superada en la ficción cervantina: toda explicación sobre ella, sus causas, efectos o consecuencias en el Quijote están de más: no los necesitamos.

     Don Lorenzo de Miranda define a Don Quijote: “No le sacarán del borrador de su locura cuántos médicos y buenos escribanos tiene el mundo: él es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos”;19 distingamos locura de lucidez: pueden convivir en el estado mental de nuestro protagonista. El diccionario de autoridades define locura como “Enfermedad que priva del juicio, y embaraza el uso de la razón”; y lúcidos intervalos como “Aquel espacio de tiempo que los que están faltos de juicio, o tienen manías, están en sí y hablan en razón: lo que suele suceder hasta que les tocan especies que les immutan”. El diccionario de la RAE establece que lúcido es “[…] claro en el razonamiento”.20 Don Quijote razona con claridad, tiene intervalos en los que puede hablar con razón, pero está, sin lugar a dudas, privado del juicio y tiene el uso de la razón cohibido. 

       Cervantes llega al extremo de presentarnos un Don Quijote, al encontrarse con Cardenio, que se contagia de su locura y se reconoce como loco: un loco que no dándose cuenta de que lo está, se finge loco.21 Cervantes se encarga a lo largo del libro de no dejarnos duda alguna de ella y logra, a partir de toda clase de estrategias narrativas, el presentar de forma verisímil22 a su personaje, su locura, y mantenernos en vilo y no agotarlo. 

       Una de ellas es el reconocer la locución adverbial hablarse para sí, o entre sí a lo largo de la novela. En la Primera Parte lo leemos en la relación en que, a voces, el ama le dice al cura “[…] que estos malditos libros de caballerías que él tiene, y suele leer tan de ordinario, le han vuelto el juicio; que ahora me acuerdo haberle oído decir muchas veces hablando entre sí, que quería hacerse caballero andante, e irse a buscar las aventuras por esos mundos […]”.23 Otra descripción de los efectos de la locura que la novela nos ofrece —la provocada por amor, distinta a la de nuestro caballero protagonista, y sin embargo provista de señas que también reconocemos en él24— está en el pasaje de las Bodas de Camacho, donde Basilio al verse privado del amor de Quiteria “[…] muestra claras señales de que se le ha vuelto el juicio”: no reír,  no hablar razón concertada, parecer pensativo y triste todo el tiempo, además de hablarse entre sí mismo, comer poco y dormir menos “[…] sobre la dura tierra”.25

       Este hablarse a sí mismo, o hablar solo es, en muchos casos, imagen de desorden mental en el libro. Y esta práctica, ¿se hace en voz alta o mentalmente?26  En los pasajes recién referidos del ama y de Basilio, claramente se usa con el sentido de hablarse en voz alta: otros personajes los escuchan hacerlo. A lo largo de las dos partes del Quijote el hablar para sí, entre sí, decir entre sí y decirse a sí mismo se harán presentes 28 veces, dos veces Cervantes usará el término soliloquio27 y lo abonará a esta práctica. Además, podrá usar la locución adverbial y matizarla con maldecir entre sí28 o alabar entre sí.29 Otras muchas, sólo nos dirá lo que Don Quijote se dice o dice sin que estén sus palabras dirigidas a oídos de otro personaje.

       En el primer capítulo de la primera parte, Don Quijote bautiza a Rocinante,  “[…] porque, según se decía él a sí mismo, no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido”.30 En ese mismo capítulo leemos por primera vez sus palabras, referidas por el narrador, holgándose “[…] el buen caballero al hacer este discurso”; y ya en el segundo capítulo, en estilo directo, “hablando consigo mesmo y diciendo”:

¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere, no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, de esta manera?: “Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora que dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero Don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”.31

       Estos tres pasajes concuerdan con la definición que hace la RAE de hablarse entre sí como hablar a uno para sí. Y hablar para sí como hablar mentalmente o sin dirigir a otro la palabra. El tercero de estos pasajes nos da testimonio de uno de los registros en que escucharemos a Don Quijote hablándose a sí mismo con una pesada carga retórica y refiriéndose a él mismo en tercera persona. Su locura no sólo se manifiesta en el contenido del discurso, sino además en sus formas, como el hecho de que está hablando consigo mismo. En esas ocasiones no sabemos con precisión —porque ¿Cervantes no lo desea, o porque no le importa decírnoslo?, o porque Cervantes lo da por sentado— si se habla en voz alta o en voz baja, pero lo hace de modo que el narrador lo puede testimoniar; ¿esto abona a favor de la práctica de hacerlo en voz alta, o de la visión omnisciente, —a veces no tanto—, del narrador?

       De las nueve menciones que nos da el texto de hablarse o decirse entre sí o para sí, en la primera parte del Quijote, siete están referidas a Don Quijote,32 dos a Sancho33 y una a Cardenio.34 Dos de ellos locos sin lugar a duda; el otro, contagiado por las prácticas de su señor, lo imita y se conduce como él; ¿o pudiera ser que esté loco desde el inicio, o que esté enloqueciendo por contagio de su amo, o que enloqueció en algún momento preciso en el trascurso de la novela?: todas estas menciones van directamente al reconocimiento de la locura. 

       Me parece interesante resaltar que al ver por primera vez Don Quijote al mancebo que buscaba, es decir a Cardenio en Sierra Morena, “[…] venía hablando entre sí cosas que no podían ser entendidas de cerca, cuanto más de lejos”:35 se escuchaban, pero no se entendían sus palabras; a diferencia, al imitar

Don Quijote a Roldán en las locuras desaforadas que hizo, o a Amadís en las malencónicas; y hablando entre si mesmo, decía: “Si Roldan fue tan buen caballero y tan valiente como todos dicen, ¿qué maravilla, pues, al fin, era encantado, y no le podía matar nadie si no era metiéndole un alfiler de a blanca por la punta del pie, y él traía siempre los zapatos con siete suelas de hierro?”.36

       Palabras dichas en voz alta que escucha Sancho mientras se va sobre Rocinante. Una vez que Cervantes nos deja pensar que hablarse a sí mismo o entre sí está siempre relacionado con la práctica del loco, nos prepara una sorpresa en la segunda parte de la novela. En ella parece que hay un cambio en su uso: la expresión no será utilizada únicamente por Don Quijote, Sancho, o Basilio en las circunstancias antes expuestas, sino también por personajes de los que no difícilmente podríamos pensar que están locos: el cura, Sansón Carrasco, Don Diego de Miranda, el hidalgo de la aventura de los leones, y Don Lorenzo de Miranda; aunque, se verá, siempre para identificar la locura de Don Quijote. 

       Permítaseme, para hablar de esta nueva utilización de decirse entre sí o hablar entre sí, remitirme al episodio del clérigo, cuando está hablando con el cura discurriendo sobre las comedias que entonces se representaban; dice el texto: “[…] dio con un argumento que hizo consigo mesmo”.37 Aquí Cervantes nos da una clave para entender, desde otro ángulo, cómo utiliza hablarse o decirse para sí mismo cuando lo hacen los que no están locos: al hablar o escuchar, en medio de una plática o discusión, simultáneamente pueden pensar y decirse para sí algo que no necesariamente sienten indispensable decir o que no puede ser expresado en voz alta. Como en este ejemplo de la primera parte lo hace el canónigo, en la segunda le sucederá al cura cuando escuchando hablar a Don Quijote “[…] se dijo entre sí: ‘¡Dios te tenga de su mano, pobre don Quijote: que me parece que te despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo de tu simplicidad!?’”;38 así como a Sansón Carrasco que “[…] al oír hablar a Sancho […] dijo entre sí que tales dos locos como amo y mozo no se habrían visto en el mundo”;39 y al hidalgo del episodio de los leones, cuando Don Quijote le pide que le abra las jaulas de sus bestias, en ese momento “[…] dijo a esta sazón entre sí el hidalgo, dado ha señal de quién es nuestro buen caballero: los requesones, sin duda, le han ablandado los cascos y madurado los sesos”.40

       Esta modalidad de uso no aceptaría la pronunciación en voz alta. Es un pensamiento íntimo, que nos da idea clara de lo que pasa dentro de la cabeza del personaje en el texto cervantino. Así lo volvemos a corroborar en dos ocasiones: primero, con Don Diego de Miranda diciéndose entre sí, sin haber hablado palabra con Don Quijote: “¿Qué más locura puede ser que ponerse la celada llena de requesones y darse a entender que le ablandaban los cascos los encantadores? Y ¿qué mayor temeridad y disparate que querer pelear por fuerza con leones?”.41 Siempre sorprendente, Cervantes aquí diseña un momento que espanta: Don Quijote pareciera leerle el pensamiento, pues: “Destas imaginaciones y deste soliloquio le sacó don Quijote, diciéndole: — ¿Quién duda, señor don Diego de Miranda, que vuestra merced no me tenga en su opinión por un hombre disparatado y loco? […]”.42 Y en segundo lugar cuando Lorenzo de Miranda, escuchando atentamente a Don Quijote, dos veces se dice entre sí, observándolo a petición de su padre, primero que no lo podrá juzgar por loco, y dejándolo pasar adelante, poco después, que es loco bizarro y que sería mentecato flojo si así no le creyese.43

       Vamos ahora con Sancho: en la segunda parte de la novela, nueve veces Cervantes le dará esta forma de monólogo interior; una de ellas vale la pena analizar particularmente: apartándose de su señor hasta ver que ya no estaba cerca, se sienta al pie de un árbol y comienza a hablar consigo mesmo;44 empieza: “Sepamos agora, Sancho hermano” Un recurso poco utilizado, referirse a sí en tercera persona, pero que ya habíamos visto en Don Quijote, y sumarle el uso vuesa merced. A partir de allí establece un diálogo consigo mismo, desdoblándose en su imaginación; se “autoentrevista”. Recuerda qué va a hacer, ir a buscar a Dulcinea al Toboso, y cuáles son las tareas que Don Quijote le asignó, no sin antes recordarse que se trata del “Famoso caballero don Quijote de la Mancha, que desface los tuertos, y da de comer al que ha sed, y de beber al que da hambre”.45 La inversión en el dicho es significativa, Cervantes la usa en otros momentos en su narrativa y en su teatro46 para darle al que la dice, a mi parecer, un toque de locura y un descuido significativo para evidenciar su desenfado y simplicidad. Al hablar de en dónde encontrará a Dulcinea, se dice lo que su amo cree: “[…] mi amo dice que han de ser unos reales palacios o unos soberbios alcázares”;47 él no lo juzga, no lo desdice, no comenta nada. Y al preguntarse por Dulcinea dice: “Ni yo ni mi amo la habemos visto jamás”. No se debe olvidar que Sancho en la primera parte menciona conocer bien a Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo, “[…] llamada por otro nombre Dulcinea del Toboso”.48 Esta “pérdida de memoria” me parece deliberada y abona a su propia locura, no la considero un “descuido de Cerventes”. Antes de terminar considera que a pesar de ser un mensajero, la gente manchega, vecinos de Dulcinea, coléricos por naturaleza, podrá molerle las costillas “porque estáis vos aquí con intención de ir a sonsacarles sus princesas y a desasosegarles sus damas”.49 Al final Sancho cree que “¡El diablo, el diablo me ha metido a mí en esto, que otro, no!”. Sancho poseído por el demonio. ¿Podemos creer, a partir de este soliloquio en la locura de Sancho? O, ¿reconocemos una estrategia de Cervantes?: las cosas son como le convienen en el momento que las presenta, nunca son iguales; todo puede cambiar a lo largo de los capítulos, sobre todo cuando de Sancho se trata.

       Sabemos por el texto que este soliloquio no lo dice en voz alta: “Con esto que pensó Sancho Panza quedó sosegado su espíritu”.50 A partir de este momento, Sancho recurrirá a esta forma de pensamiento íntimo en lo que queda de la segunda parte. Aunque no sólo lo hará pensando en lo que se dice, pero murmurándolo: cuando ensalza la sabiduría de su amo, “Yo pensaba en mi ánima que sólo podía saber aquello que tocaba a sus caballerías, pero no hay cosa donde no pique y deje de meter su cucharada”.51 Lo murmura, y lo entreoye Don Quijote; a lo que Sancho le contesta que no murmuraba, sino se decía entre sí. Además de resultar muy cómico considerar que Sancho no pueda distinguir que además de hablarse a sí mismo estaba murmurando, es la primera y la única vez que la expresión diciendo entre mí es dicha por el personaje que realiza la acción, y no es referida por el narrador. En otro momento de la novela, de la que hablaré en el siguiente párrafo, será otro personaje quien la use en referencia a Sancho.

      Aquí, el murmullo, o el poder ser escuchado sin dificultad o el hablarse en absoluto silencio, sólo mentalmente, se adecuarán a cada circunstancia en que Sancho se hable a sí mismo: En II, 24, p. 912 el narrador usa una tercera persona del plural no identificada para hacer notar que “dicen que dijo Sancho entre sí”. En II, 27, p. 940. mientras Sancho dijo entre sí, Don Quijote tomó aliento para seguir su discurso, “[…] viendo que todavía le prestaban silencio”. Y en II, 32, p. 977 Sancho dijo entre sí, pero la Duquesa le pregunta: “¿Qué decís entre vos, Sancho?”. Otras no hay intención de decirnos en cuál de esas opciones están y no hay manera de saberlo, como en II, 53, p. 1161 cuando en la Ínsula Barataria “el molido Sancho, que lo escuchaba y sufría todo, decía entre sí: “¡Oh, si Nuestro Señor fuese servido que se acabase ya de perder esta ínsula, y me viese yo o muerto o fuera desta grande angustia!”, o como en II, 57, p. 1190 cuando “Sancho pasaba entre sí”:  “Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano”. Única ocasión ésta en que usa la locución adverbial con el verbo pasar en vez de pensar.

       En otro registro diferente, Cervantes va a utilizar en Sancho esta expresión. Ya no para insinuar o hablar de locura, o identificar en el uso de hablar sólo la del personaje. Al parecer, Sancho vuelve a resignificarse frente al lector al notar la barbarie de algunas prácticas de su época. Lejos de parecernos loco, nos habla desde una sensibilidad que nos da una faceta nueva del escudero fiel. En Barcelona se dice entre sí: “Éstas sí son verdaderamente cosas encantadas, y no las que mi amo dice. ¿Qué han hecho estos desdichados, que ansí los azotan, y cómo este hombre solo, que anda por aquí silbando, tiene atrevimiento para azotar a tanta gente? Ahora yo digo que éste es infierno, o, por lo menos, el purgatorio”.52

Esta vez, así como la última en la que aparecerá la expresión, Sancho no lo murmura, ni lo dice en voz alta, pero lo deja entrever en la reacción que es observada en ambos casos por Don Quijote. En la anterior, el texto señala: “Don Quijote, que vio la atención con que Sancho miraba lo que pasaba […]”;53 acá también dice: “Mirábale también don Quijote, y, aunque el temor le tenía suspensos los sentidos, no dejó de reírse de ver la figura de Sancho”.54

       Cervantes usará en Don Quijote sólo tres veces el decir entre sí en la segunda parte. En II, 20, p. 867 cuando piensa en Dulcinea y su belleza, al escuchar a los convidados a las bodas de Quiteria alabar la belleza de ésta y la riqueza de Camacho. Esta vez Don Quijote se reserva el comentario, no les hace la corrección para ensalzar frente al mundo a su dama. ¿No quiso interrumpir? ¿No le pareció importante? Cervantes no quiere que sepamos que pensó, no se dijo nada entre sí sobre esto. En esta segunda parte, cada vez, sabremos menos de los mecanismos de pensamiento de nuestro protagonista. En la segunda parte, Don Quijote se dice entre sí una frase aterradora que dará un vuelco a la imagen que los lectores tenemos de él: 

—¡Basta! dijo entre sí don Quijote—. Aquí será predicar en desierto querer reducir a esta canalla a que por ruegos haga virtud alguna. Y en esta aventura se deben de haber encontrado dos valientes encantadores, y el uno estorba lo que el otro intenta: el uno me deparó el barco, y el otro dio conmigo al través. Dios lo remedie, que todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más.55

         Don Quijote ¿ya no puede más? Pero esta vez no lo oye el mundo, sólo sus lectores. Y en un tono francamente cómico, por última vez la megalomanía de Don Quijote se hará audible sólo de nuevo para sus lectores en II, 44, p. 1081, cuando escuchando éste a Altisidora, “[…] dando un gran suspiro, dijo entre sí: “¡Qué tengo de ser tan desdichado andante, que no ha de haber doncella que me mire que de mí no se enamore […]!”

      En Cervantes no hay una sola manera de usar un elemento narrativo, ni ninguna otra cosa. En el momento en que esperamos haberlo entendido todo, sabido todo, creído todo, nos cambia la jugada y nos ofrece una manera nueva de ver lo que antes no se utilizaba de esa forma. Los modos en que los personajes se hablan a ellos mismos no es la excepción: utilizado en la primera parte como elemento de locura, en la segunda se le suma un uso reflexico. Los personajes en su sano juicio observan a los locos. Los locos adquieren la capacidad de hacernos saber lo que piensan mientras otros están ocupados en lo suyo.

        Me parece curioso que al aumentar este recurso, no utilizado más que al final de la primera parte en el pasaje referido del canónigo, y en varias ocasiones en la segunda, haya momentos en que Cervantes decida no utilizarlo y prefiera no darnos la clave de qué está pasando en la cabeza de sus personajes: pienso particularmente en Don Quijote, del que no sabremos en qué piensa casi nunca en la segunda parte, como cuando, en el episodio en el castillo de los duques, ve a una Dulcinea actuada por un lindo mozo.56 

       La locura se habla a sí misma y ve el mundo de la manera que Cervantes nos revela. Otros personajes, al observarla la piensan y nos dicen en el retórico silencio que usan para con los otros personajes lo que pasa por su mente. Con Sancho se establece una forma dialógica en su cabeza utilizando el recurso del soliloquio. En el Quijote todo puede ser. No hay manera de asumir, leyéndolo minuciosamente, que ya lo sabemos todo. Cervantes está dispuesto siempre a sorprendernos.

En la forma de presentar la locura, el uso de hablar o decir para sí o entre sí, juega un papel determinante, sutil, que podría pasar casi desapercibido, y abona a la verosimilitud, en el caso de Don Quijote, del loco entreverado, que conocemos y reconocemos cada vez mejor sin saber a ciencia cierta quién es.

Notas

1 Cf. Miguel de Cervantes Saavedra, Don quijote de la Mancha, edición de Francisco Rico, parte I, capítulo 32, p. 403 y ss.

2 Cf. Ibid., I, 38, p. 492 y ss.

3 Recordemos el pasaje, II, 32, en el que el narrador nos dirá que la Duquesa “[…] en su opinión le tenía por más gracioso y por más loco que a su amo”. 

4 Ibid., I, 19, p. 224.

5 Ibid., II, 17, p.838.

6 Ibid., II, 73, p.1326.

7 Cf. Margit Frenk, “Alonso Quijano no es su nombre, en: Don Quijote, ¿muere cuerdo?, pp. 89-102. 

8 Miguel de Cervantes, op. cit., I, 5, p. 78.

9 Ibid., I, 5, p. 78.

10 Ibid., I, 49, p. 620.

11 Cf. Tirso de Molina, El Vergonzoso en Palacio, edición de Francisco Ayala,  p. 93.

12 Miguel de Cervantes, op. cit. I, 5, p. 79.

13 Margit Frenk, op. cit., pp. 103-115.

14 Cf. Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, edición escolar RAE, p.592.

15 Cf. Así lo dijo en la presentación de la edición conmemorativa 2015 del Quijote publicada por la RAE y el Libro de Bolsillo en el Colegio de México, el 25 de noviembre del 2015, <http://www.rae.es/noticias/presentacion-en-mexico-del-quijote-conmemorativo-de-la-asale>. [Consulta: el 7 de noviembre del 2016.]

16 Hace poco leí un artículo de Héctor Urzáis, La quijotización del teatro, la teatralidad de Don Quijote, [en línea]. <http://www.cervantesvirtual.com/obra/la-quijotizacion-del-teatro-la-teatralidad-de-don-quijote/>. [Consulta: el 1 de noviembre del 2016.] Artículo en el que cita a Carlos Arturo Arboleda, quien parte de la tesis de que Don Quijote no está loco, sino es un actor que se toma muy en serio su papel y lo actúa hasta el límite, Cf. Ibid. pp. 474-475.

17 Miguel de cervantes, op. cit., I, 49, p.617.

18 Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, edición de Vicente Gaos, vol. III, Apéndices, «La locura de Don Quijote», p.162.

19 Miguel de Cervantes, op. cit., II, 18, 846.

20 Cf. Diccionario de autoridades, [en línea]. <http://web.frl.es/DA.html>, y Diccionario de la RAE, [en línea], <http://dle.rae.es/?id=EaZb3pT>.  [Consulta: 9 de noviembre del 2016.]

21 Miguel de cervantes, op. cit., I, 25, p.301.

22 Usamos aquí la voz cervantina verisímil, no verosímil, como la utilizamos ahora.

23 Ibid., I, 5, p.80. Las cursivas son mías. 

24 En el capítulo 43 de la Primera Parte, Don Quijote pedirá noticia con voz blanda, regalada y amorosa, sin intención de ser escuchado más que por la luminaria de las tres caras, de Dulcinea del Toboso (Ibid., I, 43, p. 557, la muy hermosura y de buena fama, que “[…] para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre mi falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo […]” (Ibid., I, 25, p. 312).

25 Ibid., II, 19, pp. 856-857.

26 Este trabajo nació de mi interés provocado por Margit Frenk en su libro Entre la voz y el silencio, editado por el FCE en México, en el que se pregunta cómo era posible que los tablados estuvieran siempre llenos de espectadores que siguieran las obras de Lope, de Tirso o de Calderón no sabiendo leer, considerando la dificultad de los textos. La práctica de la lectura en voz alta jugaría un papel importante. De allí se desprende la pregunta, ¿cómo se lee en épocas de Cervantes? En el libro antes referido, Don Quijote, ¿muere cuerdo? ese es el título de otro ensayo de Margit (“¿Cómo leía Cervantes?”). En el Quijote se lee que el cura toma la novela de El curioso impertinente y antes de leerla completa en voz alta lee para sí tres o cuatro renglones (Ibid., I, 32, p. 410); en la segunda parte, el secretario en la Ínsula Barataria leerá para sí (en voz baja), la carta que le pide Sancho que si no viniese en ella alguna cosa digna de secreto, la leyese en voz alta (Ibid.,II, 51, p. 1126). Esta distinción en que leer para sí quiere decir para Cervantes leer en voz baja detonó la pregunta: ¿qué quiere decir la locución cuando se usaba en la novela con el verbo decir, y si había diferencias con la otra utilizada: ¿hablar entre sí? Y ese hablar, ¿es en voz alta o sólo en la mente de quien se habla? 

27 Ibid., II, 10, p. 14.

28 Ibid., I, 43, p. 557.

29 Ibid., II, 38, p. 1029.

30 Ibid., I, 1, p. 45.

31 Ibid., I, 2, p. 49-50.

32 Cf. Ibid., I, 1, 2, 5, 26, 43.

33 Cf. Ibid., I, 19, 29.

34 Cf. Ibid., I, 23.

35 Ibid., I, 23, p. 284.

36 Ibid., I, 26, p. 327.

37 Ibid., I, 48, p. 603.

38 Ibid., II, 1,  p.683.

39 Ibid., II, 7, p. 746.

40 Ibid., II, 17, p.832.

41 Ibíd., II, 17, p. 837.

42 Ibid. II, 17, pp. 838-839.

43 Cf. II, 18, p. 844 y p. 846.

44 Cf. II, 10, p.765-766. 

45 Ibid. II, 10, p. 766.

46 Recuérdese en La Cueva de Salamanca al barbero que expresa: “Eso tengo yo por bueno, que hablo más llano que una suela de zapato: pan por vino y vino por pan, o como suele decirse […]” Miguel de Cervantes Saavedra, “La Cueva de Salamanca”, en: Entremeses, RAE, Madrid, 2012, p. 108, y Cf. nota 56.

47 Ibid. II, 10, p. 768.

48 Miguel de cervantes, op. cit., I, 25, p. 309.

49 Ibid., II, 10, p.767.

50 Idem.

51 Ibid., II, 22, p.884.

52 Ibid., II, 63, p. 1254.

53 Ibid., II, 43, p. 1058.

54 Ibid., II, 69, p. 1296.

55 Ibid., II, 29, p. 954.

56 Ibid., II, 35, p. 1005 y ss.

Bibliografía 

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——————, Don Quijote de la Mancha, Madrid, edición de Vicente Gaos, 2 vols., Madrid, Gredos, 1987.

——————, Don Quijote de la Mancha, edición escolar RAE adaptado por Arturo Pérez- Reverte, Madrid, Santillana, 2014.

——————, “La Cueva de Salamanca”, en: Entremeses, Madrid, RAE, 2012.

FRENK, Margit, Don Quijote, ¿muere cuerdo?, México, FCE, 2016.

——————, Margit,  Entre la voz y el silencio, México, FCE, 2015.

MOLINA, Tirso de, El Vergonzoso en Palacio, edición de Francisco Ayala, Madrid, Castalia, 1971.


Fuentes electrónicas 

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<http://www.cervantesvirtual.com/obra/la-quijotizacion-del-teatro-la-teatralidad-de-don-quijote/>. [Consulta: 1 de noviembre del 2016.]

<http://web.frl.es/DA.html>. [Consulta: 9 de noviembre del 2016.]

<http://dle.rae.es/?id=EaZb3pT>.  [Consulta: 9 de noviembre del 2016.]