Homenaje a José Luis Ibáñez

Homenaje a José Luis Ibáñez

Margarita González

José Luis Ibáñez, estoy aquí para “mover la voz a ti debida”, como dice Garcilaso,[1] una voz que intenta “parar las aguas del olvido”.  No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague, y yo, endeudada para siempre contigo, “que es deuda general, no sólo mía,/ mas de cualquier ingenio peregrino/ que celebra lo digno de memoria/”, quiero compartir brevemente dos momentos del tiempo afortunado que estuve colaborando contigo.

           El montaje se llamaba “Enamorados” y estaba compuesto por diversos textos: de Lope de Vega, Quevedo, Calderón, Sor Juana, Rodrigo de Cota y Fray Luis de León. Empezó la función, y en un momento de traslado al lugar de mi nueva entrada al escenario, lo encontré sentado entre las piernas del teatro, él, José Luis, había encontrado el lugar perfecto para no estorbar a nadie, para integrarse al espacio teatral como un fantasma iluminado apenas entre las sombras de las bambalinas. No iba a vernos, quería oírnos solamente y compartir con nosotros, los actores, ese espacio reservado para la función. El director de escena en escena, silencioso y atento. Lo miré sorprendida, me sonrió generoso y me recordó con su mirada aquel consejo de dejar reservado un lugar en el estacionamiento para que pudiera llegar sin obstáculos la musa de la inspiración. La vida que le dieron siete actores a este montaje duró solamente dos funciones, una en el teatro del Chamizal y otra, del lado mexicano, en el teatro Juárez. A nuestro regreso del viaje tendríamos un desengaño, y “Desengaños” era el nombre pensado para las funciones posteriores, en algún teatro de la UNAM donde ya no pudieron ser. Ese sería el último montaje de José Luis en 2004 que, nacido en el ámbito académico, tenía aspiraciones profesionales.

           El trabajo escénico que siguió después en el 2016 fue el inicio del “Proceso de montaje de Peribáñez y el Comendador de Ocaña”. Estrenar y vivir en una temporada no era la finalidad de este esfuerzo. José Luis, que era un visionario del arte teatral, sabía que la Universidad era el lugar idóneo para cuestionar e investigar los procedimientos creativos del teatro clásico, y para ir más allá e imaginar un momento en donde sería posible configurar un órgano productor de teatro que atendiera un repertorio clásico para y desde la Facultad de Filosofía y Letras. El trabajo del proceso Peribáñez será sólo un referente, una memoria sembrada en todos nosotros, como sus palabras.

           Detenerse en cada palabra no es la proeza lograda por el actor, buscar un sentido entre los espacios de las palabras tampoco, cuestionar e inquirir cada palabra a diario es apenas necesario, descubrir el ritmo y la respiración de los versos en nuestro cuerpo es simplemente confiar y dejarse atravesar como cuando cantas, encontrar la métrica,  sus rimas, conocer la lengua, dejarse sorprender, enamorarse por los oídos, tanto trabajo arduo del día a día en los ensayos y el estudio continuo vinculado a la escena y a las necesidades del actor, todo y nada de todo esto, es ni será suficiente, porque siempre nos propusiste ir más allá de donde ven los ojos y prueban los sentidos, más allá me decías, ve más allá. Y dijiste: actuar también es habitar el misterio de lo que somos y no somos. José Luis:

Pues yo, ¿cómo te diré

lo menos que miro en ti,

que lo más del alma fue?[2]


[1] Garcilaso de la Vega. Égloga I y III. Madrid, Castalia, 2001.

[2] Lope de Vega. Peribáñez y el Comendador de Ocaña. Ed. de Juan María Marín. México, REI, Cátedra, 1988.