La revancha del mito

Ignacio de la Garza Gálvez

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos
.

León Felipe, Sé todos los cuentos

Todo es un mito. La humanidad vive en y gracias al mito. Son estos los que nos permiten trabajar en conjunto, que nos integran en grandes colectividades, que nos organizan; ejemplos actuales y cotidianos son la religión, el dinero, el Estado, las grandes corporaciones transnacionales… Todo es una creación cultural, sin existencia física ni reglas inquebrantables que atenten contra las leyes mismas de la naturaleza y del universo.1 A fin de cuentas, sólo existen gracias a nuestra capacidad de abstracción. Sin embargo, el efecto que tienen en la realidad palpable y medible es incuestionable. ¿Cómo se organizaría la gente sin el mito del Estado, de la igualdad o de las jerarquías? ¿De qué manera estableceríamos relaciones comerciales si no tuviéramos dinero o si no tuviéramos la capacidad de crear en nuestra mente asociaciones entre objetos, servicios o seres que permitieran intercambiarlos? ¿Qué pasaría si no existiera religión o ideologías? Sin mitos, ¿cómo sería nuestra aproximación al mundo físico y natural? ¿Qué pensarían nuestros ancestros hace veinte mil años sobre el Sol? ¿Cómo lo explicarían? Lo más probable es que, sin los conocimientos actuales sobre el universo, la física y la naturaleza, no habrían pensado que se trataba de una estrella incandescente alrededor de la cual orbitaba el planeta desde el cual lo observaban, sino otra cosa que haría perfecto sentido para el mundo en el que vivían. ¿En dónde estaríamos hoy como humanidad sin los mitos?

¿Cómo se organizaría la gente sin el mito del Estado, de la igualdad o de las jerarquías?

Una aproximación al concepto de mito

Sobre mitología se ha escrito mucho, particularmente de aquella de “pueblos tradicionales” o “salvajes” o “arcaicos”, siempre pensando en que son grupos atrasados con respecto al estudioso occidental y la sociedad de la que este proviene. Irónicamente, todas estas nociones parten de mitos, sólo que, en este caso, creados por colectividades y culturas que se han hallado felizmente en una situación de poder sobre todas aquellas a las que han estudiado.2 Estas distintas mitologías o visiones del mundo están plasmadas en la manera que tiene cada cultura de percibir el tiempo y el espacio. Así, siguiendo a Federico Navarrete, podemos apreciar un poco el impacto que tiene percibir el mundo de una forma u otra:

La idea de que la historia es única y lineal implica no sólo la utilización de una sola cronología para localizar todos los eventos humanos en el tiempo, sino también la imposición de un único rasero comparativo entre todas las culturas y civilizaciones dentro de una sola escala evolutiva y de progreso. El tiempo único implica también la existencia de un espacio único y la idea de que Occidente es el centro del desarrollo histórico mientras el resto del mundo es su atrasada periferia. Esto significa que los habitantes de ese centro privilegiado tienen la obligación de difundir su cultura superior por todo el planeta, así como las élites nacionales ilustradas de los países periféricos deben difundir la civilización entre las masas ignorantes y no occidentalizadas de sus territorios.3 

       Pero ¿qué es el mito? Si nos vamos a las definiciones más tradicionalistas, como por ejemplo aquellas del Diccionario de la Real Academia Española, nos encontramos con que es una “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico” o que se trata de una “historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto universal de la condición humana” o alguna entidad con cualidades extraordinarias.4 No es el espacio ni la finalidad de este artículo proponer una nueva definición de mito ni polemizar con las ya existentes. Por el momento, partiremos de la definición de Alfredo López Austin, quien la elabora pensando en los pueblos mesoamericanos:

El mito es un hecho histórico de producción de pensamiento social inmerso en decursos de larga duración. Es un hecho complejo, y sus elementos se aglutinan u ordenan principalmente en torno a dos núcleos que son recíprocamente dependientes:

a) una concepción causal y taxonómica, de pretensiones holísticas, que atribuye el origen y naturaleza de los seres individuales, de las clases y de los procesos a conjunciones particulares de fuerzas personalizadas; concepción que incide en acciones y pensamientos de los hombres sobre sí mismos y sobre su entorno, y que se manifiesta en expresiones, conductas y obras heterogéneas y dispersas en los diversos campos sociales de acción; b) una construcción de relatos que se refieren a las conjunciones de fuerzas personalizadas, bajo el aspecto de cursos de acontecimientos de tipo social; construcción que se expresa como discursos narrativos, principalmente en forma de relatos orales.5 

     Es decir, el mito no es únicamente la narración, sino también la creencia que repercute en la manera en la que nos relacionamos con nuestra comunidad y con el mundo. Si para Occidente el mito ha funcionado como justificación y como mecanismo para dominar al resto del planeta, para los grupos indígenas el mito, sus mitos, han permitido su sobrevivencia y les han dado fuerza para luchar y para vivir. 

el mito no es únicamente la narración, sino también la creencia que repercute en la manera en la que nos relacionamos con nuestra comunidad y con el mundo.

       A esta definición hay que añadir ciertas precisiones. Primero, esta noción del mito fue pensada para los grupos de tradición mesoamericana, es decir, aquellos que, al momento del contacto con los europeos, habitaban, a grandes rasgos, la mitad noroccidental de Centroamérica y la parte meridional de México. Estos eran grupos que tuvieron una historia compartida, que establecieron relaciones comerciales, militares y diplomáticas durante milenios, así como intercambios culturales que llevaron a la creación de una tradición cultural similar. 

¿Cómo impacta el mito?

En este punto, nos resulta necesario recordar que la visión mesoamericana del tiempo y del espacio era muy distinta a la occidental. De acuerdo a Navarrete, aquélla tiene como características esenciales “[…] la importancia de la idea de los turnos sucesivos y regulares en el tiempo y en la historia” y “[…] el reconocimiento por parte de los mesoamericanos de la existencia de una pluralidad de tiempos y cronotopos que convivían entre sí”.6 La idea de la sucesión de turnos, “[…] permite recibir e incorporar lo nuevo sin que esto implique la desaparición o la sustitución de lo viejo, y de esta manera establece una relación diferente entre pasado, presente y futuro […]”.7

La capacidad de incorporar elementos también es aplicable a las narraciones:

Cada entidad política era dueña y poseedora de la verdad sobre su propia historia, pero eso no invalidaba las tradiciones históricas de las entidades políticas vecinas, que eran verdaderas en lo que tocaba a sus historias particulares. Cuando estas diferentes verdades particulares entraban en diálogo, negociaban una verdad común a ambas, sin que ninguna de las tradiciones subordinara o asimilara plenamente a la otra.8

     La historia es construida a partir de los mitos y negociada con los distintos actores sociales, al interior y exterior de la comunidad, por lo que encontramos una gran variedad de relatos. Aun cuando comparten una tradición común, cada variante será autónoma,9 respondiendo al contexto particular en la que fue creada: “El pasado tiene un valor especular ya que todo cuanto ocurre tiene que reflejarse en lo que ha sido para cobrar un sentido”.10 De esta manera, podemos apreciar cómo se integran “profecías” anunciando la caída y la destrucción de algún pueblo o las adversidades por venir, como aquellas que le anunciaban a Moctezuma la llegada de los españoles y el fin del dominio mexica11 o los famosísimos libros del Chilam Balam que anunciaron aquellas mismas desgracias pero para los mayas y que a la vez alentaron las luchas contra los nuevos opresores, como la llamada “Guerra de castas”.12

     La reescritura de la historia, para que diga lo que debió ser, permite asimilar los eventos ocurridos y colocarlos en una situación en la que se haga frente al presente del momento. La caída de México Tenochtitlan fue anunciada por presagios terribles. Esta reescritura ayudó a los españoles a justificar la conquista ya que así era algo inevitable, avisado por los mismos dioses indígenas. Sin embargo, estos anuncios también demostraban la existencia y presencia de las deidades mesoamericanas y su cercanía con sus elegidos, así como también marcaban la necesidad del cambio y la transformación que sufrieron los indígenas. Cabe señalar que, bajo esta misma lógica del aviso y los anuncios de los dioses, los santos cristianos reemplazaron a las antiguas deidades, así como gran número de vírgenes María, entre las cuales la más destacada fue la de Guadalupe. Otras tantas vírgenes María, así como santos y hasta cruces parlantes, aparecerían ante los indígenas y los llevarían a tomar las armas en contra de los opresores; como la misma virgen de Guadalupe en múltiples ocasiones, diversas vírgenes en las rebeliones de los zendales, el levantamiento de Canek en Yucatán, la lucha armada en Tomochic, la Cruz Parlante de los cruzoob, entre tantos otros.13  Muchas veces, la reescritura de la historia hace que la esperanza siga con vida, a la espera del regreso de algún caudillo o rey, como en el caso de Juan López, quien luchó con los zendales en una rebelión contra los españoles y que duerme en una cueva,14 o el de Juan Tutul Xiu que volverá de oriente a reinar entre los suyos15 e, incluso, Emiliano Zapata, de quien se dudó de su muerte y de quien se decía que vivía en el Oriente (muchas veces se menciona Arabia como su lugar de retiro).16 

       Por otra parte, la concepción mítica creada por los mesoamericanos pareciera que tiende a integrar todos los aspectos del universo y de la sociedad. Así, vemos que en un relato, en un rito o en una plegaria, se busca integrar todos los aspectos del cosmos, en los que el sonido, las palabras, la estructura lingüística, los olores, la teatralidad, los colores, etc., tienen un sentido que remite a cierto aspecto del mundo y del cual se pueden desprender otros tantos.17 La cognición propia de la tradición mesoamericana radica más en que la gente sienta y se asuma como parte de toda la existencia.18 Debido a esto, es que se debe pensar en los relatos y mitos mesoamericanos como un todo no desmenuzable: “Un texto indígena, cualquiera que sea su índole expresiva, urde, en una intricada semiología, aspectos formales y otros que podrían considerarse como de contenido, por lo que la extrapolación y subsecuente abstracción de una de sus partes constitutivas para el análisis, desgarra dicho texto y desvirtúa su sentido”.19

          Es erróneo pensar que esta visión del mundo, transmitida a través de la oralidad, es alterada a voluntad o padece de una pérdida a través del tiempo, ya sea fortuita o debido al “débil” soporte que es la oralidad. Dice Carlos Montemayor:

La tradición oral no es equivalente a una conversación subjetiva sobre el pasado ni a recordar lo que sea en la forma que fuere. La composición tradicional supone rasgos formales que tendríamos que deslindar de la visión de una conversación. En los rezos y discursos ceremoniales hay elementos compositivos que se corresponden con una información religiosa, cosmogónica, médica o histórica. En la narrativa estos valores concurren, pero no se ponen de relieve porque las investigaciones permanecen sujetas a los rasgos accidentales de los narradores mismos.20

Las alternativas desde el mito

Debido a su condición de “otro” ante Occidente, los indígenas fueron discriminados, tanto por su color de piel como por su cultura y su visión del mundo. Por esto han padecido abusos, racismo y marginación durante siglos. Se ha puesto en duda su nivel de humanidad, de racionalidad y civilidad, desde el momento mismo del contacto con el mundo europeo hasta nuestros días. Carlos Montemayor lo expresa con gran claridad: “[…] el indio no tiene arte, sino artesanía; no tiene idioma, sino ‘dialecto’; no tiene religiosidad, sino superstición; no tiene sistemas normativos, sino ‘usos y costumbres’; no tiene organización política, sino ‘cacicazgos’”.21 

       El choque cultural que implicó la llegada de los europeos a América significó también un encontronazo entre distintas mitologías: aquellas de los pueblos nativos y la de los recién llegados, estas últimas plasmadas en la Biblia. Eduardo Galeano, en un breve cuento, ilustra bellamente este choque: 

En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.22

       Ha sido la visión del mundo y la adecuación de las mitologías indígenas lo que les ha permitido sobrevivir, adaptarse y reinventarse. Incluso se ha abierto un nuevo frente de discriminación ante estas adaptaciones, negándose la identidad de aquellos grupos que por no vivir o pensar de una manera más cercana a la que lo hacían sus antepasados prehispánicos, no son objeto de consideración como indígenas, con lo cual se les niega su devenir histórico, su presente y, por tanto, su futuro. Es también negar las nuevas propuestas que hacen desde su tradición, que van desde una nueva literatura indígena original,23 pasando por una apropiación de la música contemporánea como rock, hip hop, entre otros géneros,24 y que van hasta propuestas económicas y políticas ancladas en sus tradiciones pero que resultan propositivas e innovadoras en el mundo actual. 

       Para muchos, el pensamiento comunitario y ecológico de los pueblos indígenas resulta algo arcaico, de sociedades que se quedaron en el pasado y no han actualizado su pensamiento. Sin embargo, para varios autores contemporáneos que analizan la situación del mundo actual, son precisamente esas las alternativas y las propuestas que pueden darle al planeta una esperanza de terminar con la desigualdad y la degradación climática que presenciamos. En un contexto en el que vemos como un neoliberalismo salvaje aumenta la brecha entre pobres y ricos (basta recordar que premios nobel de economía, como Joseph Stiglitz, han denunciado el mito de la “meritocracia” y la inequidad que impera en la realidad),25 en el que el cambio climático incluso ha sido negado por líderes mundiales26 a pesar de las evidencias científicas y empíricas que podemos notar todos, en el que la discriminación por raza, creencia, género, y básicamente por cualquier motivo, se ha agudizado y en que movimientos nacionalistas, individualistas y xenófobos marcan la política internacional (ejemplo de esto lo vemos en el ascenso al poder de Donald Trump en Estados Unidos, de la ultra derecha en Europa o de figuras como Jair Bolsonaro en Brasil), las alternativas a las dinámicas mundiales se acercan a los modelos indígenas. 

       Autores como Jeremy Rifnkin27 o David Harvey28 ven en la gestión colectiva y en las autonomías una alternativa a los problemas mundiales. Estos modelos los encontramos no sólo en la historia prehispánica y colonial de los pueblos indígenas, sino en la actualidad. Sólo hay que voltear a ver al movimiento zapatista o lo que ocurre en Cherán29 (así como en los pueblos que ahora siguen el modelo autónomo de este pueblo michoacano) para encontrarnos con poblados y regiones enteras que, ante la corrupción e ineficacia del gobierno han decidido expulsar a los partidos políticos y representantes gubernamentales para establecer autogobiernos. Este modelo se está buscando implementar en varios pueblos y regiones de México.30 Recientemente, en el frente político, vimos el caso de Marichuy, candidata independiente indígena, representante del Congreso Nacional Indígena, quien no buscaba alcanzar la presidencia, sino organizar a la población para enfrentar los problemas que aquejan al país.31 

       En el campo de la defensa y resistencia, los indígenas tienen una larguísima tradición que continúa, en menor o mayor grado, mostrando resultados. Entre estos, podemos ver los casos de lucha de Yaquis y Huicholes y de gran cantidad de pueblos que se enfrentan a mineras y a transnacionales. Un ejemplo exitoso es el de los mayas de Yucatán, quienes ganaron la demanda a Monsanto para que esta compañía no pueda sembrar soya transgénica en su territorio. 

       En el frente económico encontramos también propuestas indígenas que han partido desde su propia visión del mundo. Sin entrar en detalles, hay que mencionar la existencia de gran número de cooperativas que incluyen la producción y comercio de textiles, chiles tradicionales, miel, etc. También, la creación de una moneda alternativa conocida como tumín,32 nacida en Veracruz y que ya cuenta con adherentes en 15 estados del país. Otro ejemplo exitoso son las cooperativas de Cuetzalan, Puebla, que han beneficiado económicamente a la región, al tiempo que la han protegido ante la amenaza de mega proyectos. Quizá el ejemplo más interesante es el servicio de Telefonía comunitaria nacido en la Villa de Talea de Castro, Oaxaca, apoyado por la organización Rhizomática, quienes crearon en conjunto la empresa Telecomunicaciones Indígenas Comunitaria, que ya tiene presencia en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Puebla y Veracruz.33 

la manera de ver y relacionarse con el mundo de los pueblos indígenas…, se nos presenta como una verdadera alternativa ante los problemas globales de la actualidad, para construir un futuro más alentador y menos catastrófico al que se perfila en nuestro horizonte próximo 

       Irónicamente, la visión del mundo indígena, vista por algunos como conservadora, tradicionalista, arcaica, salvaje o retrógrada, parece ajustarse a la perfección a lo que el mundo necesita para crear un futuro mejor, más igualitario y equitativo y con un mayor respeto al medioambiente. En este último aspecto, de manera ilustrativa y que se podría extender a otros temas, Cesar Pardura, yaqui, menciona:

[…] en este sentido llevamos muchos siglos de adelanto contra cualquier cultura moderna del mundo; esta concepción universal no es única de la tribu yaqui, es un valor entendido por todas las tribus del globo terráqueo y reconocer este principio básico es empezar a darnos el valor que nos corresponde, es acabar con el aislamiento racista que los europeos nos impusieron y los mestizos lo siguieron como patrón universal, en un desprecio por sus culturas y sus raíces, en un odio que parece haber llegado a los umbrales.34  

       En una de esas grandes ironías de la vida, la manera de ver y relacionarse con el mundo de los pueblos indígenas, considerada por el resto de la sociedad como una visión conservadora y tradicionalista, se nos presenta como una verdadera alternativa ante los problemas globales de la actualidad, para construir un futuro más alentador y menos catastrófico al que se perfila en nuestro horizonte próximo. Es como si el tiempo, en un transcurrir cíclico, hubiera transformado una visión del mundo fundamentada en el pasado indígena en un posible futuro, para aquella humanidad que ha intentado negar a aquellos pueblos cuya relación con sus mitos es aceptada, aprovechada y vivida cotidianamente. Pareciera como si los mitos indígenas que tanto se han intentado eliminar por parte de los conquistadores, de la iglesia, de los gobiernos mexicanos y del “progreso”, se hubiesen levantado luego de años de letargo, revitalizados y listos para dar una nueva batalla. Los antiguos nahuas creían que por medio de los sacrificios mantenían vivo al “ser” y evitaban el fin del mundo; los indígenas actuales, por medio de sus sacrificios y luchas, siguen manteniendo vivo a nuestro planeta. Es hora de apoyarlos en su misión. 

Notas

1 Yuval Noah Harari. Sapiens. De animales a dioses, pp. 26-40, 100-113.

Cf. Claude Lévi-Strauss. Lo crudo y lo cocido; Iuri Lotman y Zara G Minis, “literatura y mitología”; James George Frazer. La rama dorada; Mircea Eliade. El mito del eterno retorno. 

3 Federico Navarrete Linares, “¿Dónde queda el pasado? Reflexiones sobre los cronotopos históricos”,  p. 38.

Diccionario de la lengua española en Real Academia Española, <http://dle.rae.es/?id=PQM1Wus|PQMf1C3>. [Consulta: 18 de junio de 2018.]

5 Alfredo López Austin. Los mitos del tlacuache. Caminos de la mitología mesoamericana, pp. 451-152.

6 Federico Navarrete Linares, “¿Dónde queda el pasado? Reflexiones sobre los cronotopos históricos”, p. 41.

7 Ibid., p. 44.

8 F. Navarrete L., Los orígenes de los pueblos indígenas del Valle de México. Los altépetl y sus historias, p. 16.

9 Alfredo López Austin, “Tiempo del ecúmeno, tiempo del anecúmeno. Propuesta de un paradigma”, p. 14.

10 Patrick Johansson, “¿Ie ixiloiocan, yn imiyaoyocan tlatolli? ¿Ya llegó a jilote, ya llegó a mazorca el discurso?”, p. 212.

11 Cf. Patrick Johansson, “Presagios del fin de un mundo en textos proféticos nahuas”, pp. 69-147.

12 F. Navarrete L., La vida cotidiana en tiempos de los mayas, pp. 251-263.

13 Cf. Carmen Valverde, “De vírgenes, profecías, cruces y oráculos: Religión y rebelión

en el área maya”, pp. 283-319.

14 Cf. Domingo Gómez Gutierrez, Jwan Lopes : bats´il ajaw = Juan Lopez : heroe tzeltal. 

15 Mercedes de la Garza, “El mito cosmogónico en los libros de Chilam Balam y su pervivencia en los mayas de hoy”, pp. 185-183.

16 Salvador Rueda Smithers, “Emiliano Zapata, entre la historia y el mito”, pp. 251-264.

17 Patrick Johansson “Mitología, mitografía y mitokinesia. Una secuencia narrativa de la peregrinación de los aztecas”, pp. 17-20, 25-26.

18 P. Johansson, “Mitología, mitografía y mitokinesia. Una secuencia narrativa de la peregrinación de los aztecas”, pp. 19-25.

19 P. Johansson, “¿Ie ixiloiocan, yn imiyaoyocan tlatolli? ¿Ya llegó a jilote, ya llegó a mazorca el discurso?”, p. 217.

20 Carlos Montemayor, Arte y trama en el cuento indígena, p. 13.

21 C. Montemayor, Diccionario del náhuatl en el español de México, p.416.

22 Eduardo Galeano. “El descubrimiento”, p. 198. 

23 Para tener una idea de esta, cf. Carlos Montemayor, La literatura actual en las lenguas indígenas de México.

24 Un caso muy ilustrativo es el de los tzotziles, entre quienes en tiempos recientes han surgido gran cantidad de grupos musicales de hip hop, rock, metal, etc., y cuya música puede ser escuchada y sus videos apreciados a través de Youtube. 

25 “TPP and TTIP are an attempt by corporations to change the rules of the game against the rest of society” en CTXT. Revista contextos.

26 “Trump saca a Estados Unidos del Acuerdo de París” en Forbes México, junio 1, 2017. <https://www.forbes.com.mx/trump-retira-estados-unidos-del-acuerdo-paris/>.  [Consulta: 19 de junio de 2018.]

27 Cf. Jeremy Rifkin, La sociedad del coste marginal cero. El internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo.

28 Cf. David Harvey. Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. 

29 “Cherán, el pueblo de México que expulsó a delincuentes, políticos y policías” 

30 “Sin casillas ni partidos: pueblos indígenas buscan autogobernarse en México” 

31 Para más información sobre el CIG y Marichuy, cf.: https://actividadesdelcigysuvocera.blogspot.com/  

32 Para más información de esta moneda, cf.: http://www.tumin.org/ 

33 Para más información de este proyecto, cf.: https://www.tic-ac.org/ 

34 César Pardura, “Propuesta ecológica yaqui”, pp. 36-41.

Bibliografía

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Fuentes electrónicas

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Páginas de internet visitadas

Sobre el CIG y Marichuy: <https://actividadesdelcigysuvocera.blogspot.com/ > 

Tumín:  <http://www.tumin.org/> 

Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias:  <https://www.tic-ac.org/>