Neoliberalismo e innovación educativa: entre inmunidad y antropotécnica

Neoliberalismo e innovación educativa: entre inmunidad y antropotécnica

Gabriel Macías Cruz

Gabriel Macías Cruz[1]

Las personas del mundo de las variedades sabrían más de la vida real porque están al margen, arrojadas a la vida, derribados y molidos a golpes. Esta gente atropellada es quizás la única que aun realmente existe. Es una época en que los hombres se han entregado a la locura, esas personas, pese a que sean existencias rotas, recuerdan posibilidades mejores de ser hombre

Peter Sloterdijk.

 

Para algunos, las crisis que trajo la pandemia del 2020, producto de la propagación masiva de la Covid-19, es una oportunidad sin precedentes para promover mayores innovaciones en el campo de la educación, con la finalidad de alcanzar, por fin, el tan ansiado objetivo de reinventar la escuela y renovar la supuesta obsolescencia de ciertas prácticas de enseñanza y del dispositivo de la escuela tal como lo conocemos hasta ahora. En ese sentido, algunos pensadores del campo de la educación denuncian que lo que en realidad se revela en este conjunto de discursos y prácticas políticas en el contexto pandemia, mediados por la tecnología, son producto de la “plaga del neoliberalismo”,[2] la cual socava los valores democráticos y los proyectos públicos en educación.

“Hay quienes afirman que la pandemia es una oportunidad, inédita e inesperada, para promover que las ciudades del aprendizaje puedan, por fin, convertirse en ciudades resilientes, a través de la innovación, entendida por estos discursos como la incorporación de ciertas tecnologías que posibiliten cada vez mayores y más eficientes procesos de educación virtuales.”

 

De esta forma, el presente ensayo es una invitación para problematizar la noción de innovación desde el pensamiento del filósofo alemán Peter Sloterdijk, el cual es planteado desde una mirada antropotécnica, entendida como el desarrollo de todo un conjunto de prácticas ejercitantes tendientes a la optimización inmunológica de los hombres. A partir de esto, se problematizará el sentido de la innovación educativa en los discursos y prácticas en los escenarios pandémicos y sus posibles vínculos con alguno de los principales postulados del proyecto político-económico neoliberal, tales como los de aprender a “vivir en el riesgo”.

Se dice y se repite que la pandemia que ha azotado al mundo durante el año 2020, produjo profundas crisis en el sector educativo. Principalmente, el peligro de propagación masiva del virus SARS-CoV2 obligó al cierre de escuelas en todo el mundo y cerca de 1500 millones de estudiantes, de todos los niveles educativos, han visto suspendidas su asistencia a los centros escolares. De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés), más del 90% de la población mundial ha tenido que continuar con sus procesos educativos en casa y bajo medidas extraordinarias: clases a distancia implementando las más diversas y variadas plataformas de aprendizaje. Mediados por el uso de las tecnologías, los diversos gobiernos del mundo y grandes sectores empresariales, como Google for Education, han puesto a disposición programas educativos emergentes que hacen uso de la radio, la televisión y, principalmente, la internet, para continuar con los procesos educativos escolarizados.

De acuerdo con lo anterior, en todo el mundo se anuncian nuevas normalidades y en el campo educativo, lo que en un principio parecían programas emergentes, poco a poco se van anunciando como nuevas prácticas híbridas de un futuro que se anuncia por demás incierto, si además de todo esto le sumamos el crecimiento de la pobreza, las crisis económicas y la profundización de la desigualdad.

En un escrito de mayo de 2020, titulado “Covid-19: Las Ciudades del Aprendizaje a la vanguardia”, David Atchoarena, director del Instituto de la UNESCO para el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida, habla de la experiencia de distintas ciudades pertenecientes a la Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje de la UNESCO (GNLC, por sus siglas en inglés) en la aplicación de rápidas respuestas en el ámbito educativo de cara a la crisis que atraviesa el mundo actualmente. A decir del propio Atchoarena, Ciudades como Wuhan (China), Sao Paolo (Brasil), Turín (Italia), Osan (Corea del Sur) reaccionaron de forma eficiente y oportuna frente a la crisis de salud y al cierre de escuelas adaptando los procesos educativos que en un principio estaban pensados para realizarse de manera presencial a modalidades a distancia. Además de esto, se celebra la incorporación de nuevas materias en los programas de estudio en los que se enseñan a los niños temas relacionados al cuidado de sí frente a la propagación del virus Covid-19 como medidas de bioseguridad. En ese sentido, se dice que los países pertenecientes a la GNLC, se encuentran a la vanguardia utilizando métodos innovadores ante un reto global sin precedentes, demostrando un verdadero compromiso con el aprendizaje a lo largo de toda la vida.[3]

Aunque aún es muy pronto para aventurarse a hacer predicciones sobre las transformaciones que dejará o no la pandemia en las prácticas educativas, una de las conclusiones más reproducidas a las que se ha llegado es que, ante la profundización de las desigualdades que este fenómeno mundial ha generado, la COVID-19 demostró la importancia que posee el vínculo entre educación y salud dentro de los discursos contemporáneos del aprendizaje a lo largo de toda la vida. Incluso hay quienes afirman que la pandemia es una oportunidad, inédita e inesperada, para promover que las ciudades del aprendizaje puedan, por fin, convertirse en ciudades resilientes, a través de la innovación, entendida por estos discursos como la incorporación de ciertas tecnologías que posibiliten cada vez mayores y más eficientes procesos de educación virtuales.

De acuerdo con lo anterior, cabría preguntarse ¿cuál es la innovación en la aplicación de estos programas educativos en todo el mundo? ¿Cómo se piensa la innovación educativa en el discurso del aprendizaje a lo largo de toda la vida como práctica y discurso neoliberal? ¿Qué relación hay entre neoliberalismo, innovación y el desarrollo de la capacidad de los sujetos de adaptarse a los escenarios inéditos de la pandemia? ¿Es la pandemia un acontecimiento inédito o productor de innovación en el campo educativo? En primer lugar, como parte del análisis de las prácticas educativas en el contexto de la pandemia y sus posibles repercusiones en el campo de la educación, propongo recuperar el pensamiento de Michel Foucault para analizar la manera tan particular en cómo propone otras aproximaciones teóricas para capturar lo que el neoliberalismo es desde sus prácticas. En segundo lugar, utilizar este conjunto de precauciones metodológicas como grilla de análisis para proponer algunas posibles lecturas sobre cómo pensar de otro modo las prácticas y discursos educativos que están emergiendo en esta crisis sanitaria como pretendidos ejercicios de innovación.

La cuestión del neoliberalismo

 

 

“El neoliberalismo en educación no sólo sería ese proyecto político económico de ‘derecha y conservador’ tendiente a disolver el proyecto de escuela pública de Estado, sino, además, es una racionalidad gubernamental basado en la competencia que produce sujetos obligados al desarrollo de su capacidad inmunitaria a través de fuertes ejercicios y prácticas de cuidado de sí y de los otros. El neoliberalismo produce sus propios acróbatas.”

 

Al inicio de su libro La última lección de Michel Foucault. Sobre el neoliberalismo, la teoría y la política, el filósofo francés Geoffroy De Lagasnerie nos dirá que, a pesar de que las cuestiones del neoliberalismo ocupan un lugar cada vez más central en el pensamiento contemporáneo, asistimos a una uniformación y empobrecimiento del pensamiento en torno a estas cuestiones. De acuerdo con De Lagasnerie, cuando se habla del neoliberalismo en casi todos los sectores del campo intelectual (incluidos el campo de la educación y la pedagogía) se reitera, una y otra vez, en miradas negativas. Es decir, en grillas de análisis, que nos hablan de todo aquello que este sistema económico contemporáneo, esta ‘ideología de derecha y conservadora’, destruye, descompone o privatiza de nuestras formas tradicionales de vida. Se dice que el neoliberalismo es una ‘plaga’ que diluye los lazos de comunidad, los valores democráticos y sus instituciones.[4] En ese sentido, resulta interesante recuperar una observación muy aguda que el propio De Lagasnerie hace en el sentido de que, ante la enorme proliferación de análisis del fenómeno neoliberal que ocurren actualmente, hubiera sido lógico encontrarse una gran variedad de interpretaciones contradictorias por parte de grupos que ideológicamente representan polos políticos aparentemente antagónicos. Por el contrario, parece que, cuando se aborda la cuestión del neoliberalismo, presenciamos una especie de limitación del pensamiento que insiste, por un lado, en denunciar lo que el neoliberalismo erosiona y, por el otro, en proponer alternativas a este proyecto político-económico, que no pasan de ser propuestas que llevan la impronta de un retorno nostálgico y melancólico a prácticas del pasado. Incluso, estas grillas negativas de análisis, producidas por ciertos grupos que abiertamente se autodenominan de izquierda o críticos, los cuales centran sus análisis en denunciar simplemente lo que el neoliberalismo desaparece, invierten sus valores al presentar como soluciones propuestas que nos hablan de la importancia del orden, del valor de la tradición o de la necesidad de promover mayores intervenciones del Estado.

Lagasnerie recupera la lectura del curso 1979, Nacimiento de la biopolítica, en la cual Foucault propone pensar la cuestión del neoliberalismo “[…] como un instrumento de la crítica y el pensamiento […] a fin de emprender el análisis de nosotros mismos”.[5]  Para ello, nos dirá el propio Foucault, antes de hablar de lo que suponemos el neoliberalismo destruye, de lo que se trata es de ponerse a la escucha de lo que el neoliberalismo produce. Abordarlo positivamente. Es decir, captarlo en su singularidad, a través de sus prácticas y de sus procesos de subjetivación.

En ese sentido, para Foucault, existen todo un conjunto de matrices analíticas, que circulan desde principios del siglo XX con Sombart, desde los cuales se repiten una y otra vez eslóganes vacíos que intentan caracterizar al neoliberalismo, a partir de nociones como “sociedad del consumo”, “sociedad de masas”, “sociedad del espectáculo”, “hombre unidimensional” y que nada dicen acerca de lo que el neoliberalismo es. De hecho, este tipo de afirmaciones en torno al neoliberalismo, ya servían anteriormente como frases elaboradas para denunciar al liberalismo clásico y al capitalismo, de tal suerte que estos intentos de análisis se prorrogan una y otra vez, sin lograr distinguir las diferencias de cada uno los proyectos político-económicos, ni sus singularidades.

Al inicio de la clase del 14 de enero de 1979, Foucault nos dirá que, cuando se habla de neoliberalismo contemporáneo, comúnmente se obtienen tres tipos de respuestas: en primer lugar, la respuesta económica, al tratar de responder a la pregunta ¿qué es el neoliberalismo?, se afirmará que es nada más y nada menos que la reactualización de viejas teorías económicas del liberalismo clásico. Una especie de ‘Adam Smith apenas reactivado’; en segundo lugar, para la mirada sociológica el neoliberalismo sería la instauración de una sociedad mercantil en el marco del modelo capitalista de explotación. Es decir, una reactualización de las denuncias hechas por Marx en el libro I del Capital; y, por último, desde el punto de vista político, se dirá que el neoliberalismo es tan sólo la cobertura a escala planetaria para una intervención generalizada e incisiva del Estado. En ese sentido, afirmará Foucault, “[…] me gustaría mostrarles que el neoliberalismo es, justamente, otra cosa. Gran cosa o no, no sé, pero sin duda es algo”.[6] Entonces, ¿qué es ese neoliberalismo? se preguntará Foucault.

Para tratar de capturar lo que ese neoliberalismo contemporáneo es, Foucault propone abordar el problema en términos de una ruptura o innovación histórica singular. Para ello, en primer lugar, es preciso dejar de pensar el presente como mera repetición de las experiencias del pasado. Por el contrario, lo que se busca a través de esta mirada genealógica sobre el neoliberalismo es dejar actuar al pasado sobre la experiencia y práctica del presente, para ponerse a la escucha de lo que esta práctica es en su singularidad. De este modo, con la finalidad de intentar capturar la particularidad del fenómeno neoliberal, es importante tratar de abandonar la tentación historicista de tomar ciertos universales como grillas de inteligibilidad de las prácticas concretas. Lo que se busca es partir de la decisión teórico-metodológica de suponer, por un momento, que los universales no existen y construir desde allí un análisis histórico de sus prácticas.

Para el caso particular del análisis histórico de los proyectos político-económicos liberales y neoliberales, Foucault toma la decisión teórico-metodológica de no tomar al Estado como grilla de inteligibilidad de las prácticas de gobierno. Una decisión que tomará a partir de 1978, al inicio de su curso Seguridad, territorio, población y que comienza con una reflexión importante en torno a la “sobrevaloración del problema del Estado”,[7] la cual se presenta a través de dos formas: se sobrevalora al Estado en un sentido afectivo y trágico, cada vez que se le caricaturiza como el ‘monstruo frío’ que aparece siempre frente a nosotros; también se le sobrevalora al Estado, en su sentido paradójico, cuando se le reduce a todo un conjunto de funciones administrativas tendientes a la reproducción de las fuerzas productivas y económicas.

El Estado, nos dirá en el Seguridad, territorio, población nunca ha tenido esa homogeneidad, esa individualidad y esa funcionalidad perfectamente reconocibles. El Estado ni siquiera ha tenido la importancia dentro de la historia de las prácticas de gobierno que parece se le intenta dar a nivel de una “abstracción mitificada”. En ese sentido, advertirá Foucault, lo importante para nuestra actualidad no es hablar de una estatización de la sociedad, sino de una “gubernamentalización del Estado”.[8]

De acuerdo con lo anterior, en el quinto capítulo de su libro Historia de la gubernamentalidad I. Razón de Estado, Liberalismo y Neoliberalismo en Michel Foucault, titulado “Empresarios de sí mismos”, el filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez se da a la tarea de abordar el curso Nacimiento de la biopolítica, para adentrarnos en la lectura tan particular que hace Michel Foucault del proyecto de gubernamentalidad neoliberal.

Como primer eje de análisis del neoliberalismo como práctica gubernamental, Castro-Gómez nos hablará de la emergencia de la ‘cuestión social’ como una de las principales transformaciones del proyecto político económico liberal contra la cual, durante el siglo XX, el neoliberalismo reacciona como forma de radicalización y ruptura del proyecto de fobia al Estado. En ese sentido, la crítica neoliberal en contra de cierto proyecto liberal que se había decantado por resolver sus contradicciones a través de un mayor intervencionismo del Estado, para garantizar la seguridad de la ciudadanía, introduce una nueva racionalidad que tendrá por objetivo no la desaparición del éste, tal como se planteaba en el liberalismo clásico, sino en un tipo de intervención muy particular en la que el Estado crea los marcos necesarios para dotar de cada vez mayor autonomía al mercado. 

En un segundo momento, con la finalidad de trazar la genealogía de emergencia de la racionalidad gubernamental neoliberal, Castro-Goméz recupera las descripciones hechas por Foucault sobre del ordoliberalismo alemán y del neoliberalismo estadounidense, para desarrollar un tipo de análisis sobre la singularidad de la racionalidad neoliberal, que vaya más allá de aquellas malas lecturas de sentido común que piensan a este proyecto de gobierno como aquel capitalismo irracional que surge en la ausencia del Estado. Por el contrario, en el análisis de estos dos proyectos económico-políticos de inicios del siglo XX, los cuales representan  las dos caras de la misma moneda, el neoliberalismo es pensado por Foucault como un proyecto de gubernamentalidad que extiende la forma-empresa a todos los ámbitos de la vida social e individual, de tal manera que la economía se convierte en el paradigma de un tipo de libertad, basado en la capacidad de los individuos de ser empresarios de sí mismos, a través de la competencia, que permea todas las esferas de la vida cotidiana. Lo que se busca es hacer de la vida misma una empresa que es preciso gestionar.

De esta forma, nos dirá el propio Foucault, para que el neoliberalismo genere los marcos de competencia suficientes que permitan a los sujetos convertirse en empresarios de sí mismos, no se trata de asegurar a los individuos, sino de otorgar espacios económicos de libertad para que cada uno asuma y afronte sus propios riegos. Si el liberalismo fue caracterizado por Foucault como un “vivir peligrosamente”, ahora el proyecto neoliberal radicaliza esa premisa y nos habla de un “vivir en el riesgo” de forma permanente.

De acuerdo con lo anterior, la apuesta es que, una vez desplazando del centro al Estado como universal para pensar la educación en el neoliberalismo, aparezcan todo un conjunto de experiencias singulares que puedan ser pensadas como parte de una larga historia de prácticas gubernamentales y de antropotécnicas tendientes a la formación de sujetos, relacionadas a algunas de las características de esta racionalidad de gobierno, tales como el desarrollo de todo un conjunto de capacidades tendientes aprender a ‘vivir en el riesgo’. Es decir, el neoliberalismo en educación no sólo sería ese proyecto político económico de ‘derecha y conservador’ tendiente a disolver el proyecto de escuela pública de Estado, sino, además, es una racionalidad gubernamental basado en la competencia que produce sujetos obligados al desarrollo de su capacidad inmunitaria a través de fuertes ejercicios y prácticas de cuidado de sí y de los otros. El neoliberalismo produce sus propios acróbatas.

Antropotécnica, educación e innovación

 

“La innovación educativa tendría que ver, por un lado, con la explicitación en campos más claros y profundos de lo ya sabido, es decir, que la educación, antes de ser proceso escolarizado, es de forma más amplia una antropotécnica que permite la supervivencia del hombre.”

 

En su libro Has de cambiar tu vida. Sobre antropotécnica el filósofo alemán Peter Sloterdijk nos hablará de la innovación como parte de una reflexión histórico-filosófica sobre los sistemas de ejercitación tecnológicos para la optimización de los sistemas inmunitarios, a los cuales les dará el singular nombre de antropotécnicas.[9]

En la extensa introducción de Has de cambiar tu vida. Sloterdijk parte de las tesis del hombre como “ser deficitario”, del antropólogo alemán Arnold Gehlen, que nos habla del animal humano como un ser desvalido de facultades biológicas y anatómicas que le permitan sobrevivir mediante un proceso de adaptación al medio ambiente. Tal como ocurre en el mito de Prometo, el animal humano, a diferencia de otras especies, no posee el pelaje, ni las garras, ni la agilidad para sobrevivir a un medio ambiente que le resulta en todos sentidos amenazante. De esta forma, el hombre se ha visto obligado desde tiempos antiguos a convertirse en un animal cultural y político, con la finalidad de generar ambientes artificiales que le permitan producir, por su propia cuenta, diferentes sistemas inmunitarios que compensen a un nivel técnico sus propias carencias orgánicas. La técnica es pensada en las tesis de Gehlen y de Sloterdijk como habilidades, destrezas y capacidades, producidas mediante ejercicios repetitivos, para alcanzar una segunda naturaleza que posibilite su sobrevivencia. De esta manera, dentro de la noción misma de antropotécnica, la técnica no es sólo una herramienta de la que pueda disponer libremente el hombre en un sentido agregativo. El hombre no sólo utiliza la técnica, sino que es en sí mismo un animal técnico, pues requiere del desarrollo de su capacidad inmunitaria para sobrevivir. “La técnica designa formas de vida al mismo tiempo que las maneras de vivir imponen técnicas”.[10]

Para Sloterdijk, dentro de las esferas humanas, existen por lo menos dos niveles de sistemas inmunitarios que operan de manera complementaria, sobre la base de un complejo estrato biológico: por un lado, sistemas de prácticas socio-inmunitarias creadoras de esferas que permiten, al interior de éstas, producir ambientes artificiales que protejan a los hombres de las amenazas exteriores. Desde esta perspectiva, todas las sociedades que los hombres crean, tanto las antiguas como las modernas, son sistemas inmunitarios; segundo, un enorme sistema simbólico de prácticas psicoinmunológicas, mediante las cuales los individuos buscan sobrellevar su vulnerabilidad “[…] frente a los vagos riesgos de la vida y las agudas certezas de la muerte”.[11] Es a este conjunto de prácticas de sí, que son nombradas cuando se utiliza el ambiguo término cultura y que corresponden a todo un amplio espectro de prácticas entre las que incluyen usos, costumbres, hábitos, creencias, entrenamientos y la educación misma. Desde esta perspectiva, la educación es principalmente una antropotécnica dedicada a la optimización de los sistemas inmunitarios. En ello radica el carácter innovador de esta mirada histórico-filosófica para intentar comprender la naturaleza de los discursos y prácticas educativas contemporáneas.

Según Sloterdijk, en lo que respecta a la investigación y a la producción del conocimiento relativo a las ciencias humanas, entre las que incluye la educación, no hay nada nuevo bajo el sol. Para el filósofo alemán, innovar no significa la producción por sí misma de saberes nuevos o la creación de instrumentos tecnológicos ex nihilo. Innovar en términos teórico-filosóficos es, principalmente, “[…] una maniobra lógica para explicitar una serie de circunstancias que en la masa de lo transmitido por la tradición estaban allí ‘implícitamente’ es decir, en formas replegadas y apiñadas”.[12] De ahí que innovar no es del todo crear algo nuevo, sino explicitar de forma más clara, más amplia, más profunda lo que ya de por sí es cognitivamente disponible. La innovación entendida como explicitación y profundización de lo cognitivamente disponible, regularmente no produce aceptación, pues en general se acepta lo ya conocido. Por el contrario, a mayor grado de explicitación, mayor el grado de extrañeza y de rechazo. De ello, hablará Sloterdijk cuando aborde las contradictorias reacciones que producen los individuos neófilos en las sociedades que de por sí son neófobas. 

Una segunda reflexión sobre la noción de innovación y su relación con la antropotécnica es introducida a través de una lectura del pasaje “Del niño y del matrimonio” de Así habló Zaratustra de Nietzsche, mediante el cual Sloterdijk habla de la oposición de las actividades humanas de reproducción horizontales frente a la autoproducción de vidas ascendentes. En el capítulo titulado “Psicología de lo superior. La doctrina de la procreación ascendente y el significado del prefijo «súper»”, Peter Sloterdijk dirá que lo que realmente expone el extraño texto de Nietzsche en torno al matrimonio y la procreación de hijos representa una crítica a la vida moderna como mera reproductora de estilos de vida superfluos. Para Sloterdijk, en este pasaje Nietzsche pone especial atención a la importancia de la verticalidad de las relaciones humanas, vinculadas a la antropotécnica, de tal manera que permite oponer lo que sería una vida sin ejercicio, como simple actividad reproductiva, versus la creación de una segunda naturaleza, entendida como autoproducción ascendente. Es decir, vidas altamente ejercitadas, productoras de nuevos estilos de vida. Sobre este punto, conviene recordar la manera en que Sloterdijk define al ejercicio: “Defino como ejercicio cualquier operación mediante la cual se obtiene o se mejora la cualificación del que actúa para la siguiente ejecución de la misma operación, independientemente de que se declare o no se declare a ésta como un ejercicio”.[13] En ese sentido, Sloterdijk se preguntará “¿qué significa y a qué final nos empuja considerar la vida como un ejercicio? […] ¿Cómo y mediante qué cosas puede, en este campo, estar una forma de vida, una manera de ser por encima de otra?”.[14] A lo cual añado ¿qué es lo que impulsa a los hombres al desarrollo de prácticas ascendentes?, ¿cuál es la relevancia de las vidas ascendentes para el neoliberalismo y en el contexto particular de una emergencia sanitaria?, ¿cuál es la relación entre la producción de vidas altamente ejercitadas con la innovación educativa y el neoliberalismo?

Para profundizar en la comprensión acerca de la relevancia de la producción de vidas ascendentes, el ejercicio y la innovación, Sloterdijk lo abordará una vez más desde el vínculo entre antropotécnica e inmunidad. Esto es, entre prácticas culturales, como la educación, y la optimización de los sistemas inmunológicos, incluido el propio sustrato biológico. De acuerdo con Sloterdijk, al abordar el problema de las antropotécnicas como prácticas ejercitantes optimizadoras de los sistemas inmunitarios, desaparece la falsa separación en los estudios sobre el hombre entre naturaleza y cultura. Con la antropotécnica no sólo se evidencia la dimensión compensatoria de la técnica sobre los déficits orgánicos del hombre, que le permite optimizar su capacidad inmunitaria para hacer frente a las amenazas del medio ambiente. Además, permite explicitar cómo todo organismo biológico que sobrevive lo hace gracias a una alta prestación de ejercicios ascendentes. En ese sentido, toda teoría evolucionista que nos hable de la manera en que los organismos biológicos sobreviven a su medio, sólo tiene sentido si se le considera como una larga y rica historia acerca de la actividad ejercitante de la naturaleza. Bajo la mirada de Darwin, afirmará Sloterdijk, la naturaleza se transforma en un enorme circo donde cada especie demuestra los espectáculos más increíbles de sobrevivencia a su entorno, gracias a ininterrumpidos ejercicios de los procedimientos más sencillos, que les permiten niveles de prestaciones cada vez mayores. “Lo que llamamos vida no sería otra cosa […] que una varieté de una inmensa riqueza de formas, donde cada departamento artístico, es decir, cada especie, trata de realizar la mayor obra de arte, que consiste en sobrevivir”.[15]

Desde la mirada antropotécnica, sobrevivir implicaría el despliegue de todo un conjunto de prácticas repetitivas ascendentes, ejercicios, tendientes al desarrollo de mayores y más amplias capacidades inmunológicas. De ello, nos dirá Sloterdijk, da cuenta el prefijo “súper” de la palabra supervivencia. Cada especie superviviente representa una experiencia particular de toda una larga historia de repeticiones ascendentes que ha logrado estabilizarse en las cumbres de nuevas montañas, para después continuar con el interrumpido movimiento hacia arriba de la evolución.

En ese sentido, pensar la vida como ejercicio y la antropotécnica como el desarrollo de todo un conjunto de prácticas culturales tendientes a una mayor capacidad inmunitaria, nos ayuda a explicitar que la verdadera relevancia de los impulsos ascendentes se encuentra a nivel de la supervivencia misma del hombre. Desde esta mirada, innovar, además, de ser la explicitación de formas más claras y amplias de lo ya sabido, es la creación de vidas radicalmente otras, marcadas por un impulso ascendente. Así como la tecnología no es un instrumento agregativo del que pueda disponer libremente el hombre, a tal grado de que podríamos hablar del hombre como animal tecnificado, la innovación no es la simple incorporación de elementos novedosos a lo ya hecho. El hombre innova cuando el conjunto de antropotécnicas desarrolladas para la formación de sí, por ejemplo, la educación, tiende al ascenso. Es decir, el hombre innova cuando autoproduce su capacidad inmunitaria, en conquista de nuevas cimas en la montaña de lo improbable, a través de una fuerte vida ejercitante. Por lo tanto, si el hombre necesita de la innovación para optimizar sus posibilidades de sobrevivencia en el neoliberalismo, el hombre sólo es, en tanto se autoconstituye como un animal de innovación. El hombre es el producto de su propia capacidad de innovar, a la vez que para innovar necesita del desarrollo permanente de antropotécnicas ascendentes que le permitan el desarrollo de su capacidad de supervivencia, a través de la educación. Desde esta mirada, la innovación educativa tendría que ver, por un lado, con la explicitación en campos más claros y profundos de lo ya sabido, es decir, que la educación, antes de ser proceso escolarizado, es de forma más amplia una antropotécnica que permite la supervivencia del hombre. De la misma forma, la educación es innovación en tanto se constituye en una práctica ascendente autoproductora de vidas inmunizadas.

Reflexiones finales

 

Según lo antes expuesto, uno de los principales desplazamientos que se dieron como efecto de las transformaciones introducidas por las prácticas de gobierno neoliberales dentro de los discursos y prácticas educativas, tiene que ver con la centralidad que ha adquirido en la actualidad el aprendizaje del individuo. “Aprendizaje permanente”, “aprendizaje para toda la vida”, “aprender a aprender”, “competencias”, “autogestión del aprendizaje”, son todos ellos discursos que, más allá de la moda, dan cuenta del despliegue de un tipo de racionalidad gubernamental muy particular que busca la promoción de un tipo de subjetividad que sea capaz de asumir por su propia cuenta la responsabilidad de gestionar su propia vida a la manera de un capital.

Bajo esta mirada, el problema de la relación entre neoliberalismo y educación ya no sólo tendrá que ver con la adopción de discursos, prácticas y objetivos del sector empresarial al interior de las instituciones educativas o con la ya tan conocida privatización de la educación pública; además de esto, la analítica foucaultiana y el pensamiento filosófico de Peter Sloterdijk nos permiten pensar (de otro modo) todo un conjunto de problemáticas que ocurren al nivel de las prácticas de subjetivación en el marco de un momento histórico muy particular, con discursos y prácticas de gobierno singulares en los que la sociedad en general aparece como una enorme escuela en la que los sujetos nos formamos a través de fuertes ejercicios repetitivos, casi acrobáticos, con miras al desarrollo de una mayor capacidad inmunitaria. 

En una entrevista de mayo de 2020, Peter Sloterdijk recordará que, en la historia de las sociedades modernas, las pandemias no constituyen la excepción, sino un fenómeno bastante regular. Ni los brotes pandémicos, ni los repliegues en cuarentenas relativamente prolongadas son algo inédito. En ese sentido, afirmará Sloterdijk, lo verdaderamente nuevo en la pandemia del 2020, producto de la propagación de la COVID-19, sea la atmosfera frívola con la que se vive este brote y que, muy probablemente, no aprendamos nada nuevo de esta experiencia.[16]

Mientras tanto, tal como se mostró en la introducción de este texto, los gobiernos de las ciudades más importantes del mundo, junto a grandes corporativos globales, insisten en que la pandemia es una oportunidad para la innovación pedagógica y para lograr, por fin, el tan ansiado objetivo de reinventar la escuela y renovar lo que queda de obsoleto de la práctica de enseñanza.

Durante el Foro Económico Mundial de 2018, ya se planteaba que para el año 2022 los trabajadores del mañana necesitarían desarrollar competencias cognitivas más complejas, vinculadas al aprendizaje para toda la vida, tales como un espíritu empresarial, creatividad, mayor flexibilidad, resiliencia y, principalmente, una fuerte capacidad de innovación. De acuerdo con esta mirada, lo importante sería que los hombres a un corto plazo aprendieran a convertirse en aprendices de por vida, ante escenarios de cada vez mayor incertidumbre (Foro Económico Mundial, 2018). Del 2018 al 2020 el discurso sobre la relevancia del aprendizaje a lo largo de toda la vida continua intacto y, al parecer, el fenómeno de la pandemia sólo vino hacer más claro el vínculo entre educación, salud y vida de esta propuesta y, hasta el momento, la supuesta innovación pedagógica no ha pasado de ser una mera adaptación de prácticas educativas de escenarios presenciales a plataformas de aprendizaje no presenciales y con temporalidades asincrónicas, mediados por tecnologías ya bastante bien conocidas en la historia de la educación a distancia. En ese sentido, valdría la pena preguntarse ¿qué es lo realmente innovador en todos estos discursos sobre la educación?

Tal parece que ciertos organismos globales como la UNESCO, el Foro Económico Mundial o Google for Education, aciertan en explicitar que, ante las incertidumbres cada vez mayores del contexto pandémico y pospandémico, la educación cumple un papel importante no sólo en el ámbito del desarrollo profesional laboral, sino, primordialmente, en el ámbito mismo de la vida y la salud de los individuos y de las poblaciones. Ese nivel de explicitación podría ser tomado como un elemento realmente innovador sobre el carácter inmunológico de la educación, como antropotécnica, sino es porque la proclamación acerca de la necesidad de desarrollar capacidades para el emprendimiento carece de toda referencia a un tipo de autoproducción, marcada por una fuerte invitación al desarrollo de vidas ejercitantes con tensiones verticales ascendentes. Por el contrario, al reducir la importancia de la autoproducción del hombre en el contexto pandémico a todo un conjunto de prácticas que quedan en el ámbito de la reproducción horizontal de lo ya hecho anteriormente en educación, más que ser innovador, es un discurso que queda, cuando menos, en la “mera palabrería sobre ética”.[17] Y, entonces sí, resulta preocupante, como afirmará Sloterdijk, el enorme peligro de tomarse de manera frívola esta experiencia y no aprender nada nuevo sobre ella.


Notas

[1]Maestro en Pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Profesor de asignatura del Colegio de Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Línea de investigación: Educación, política, democracia y procesos de subjetivación política. Publicaciones recientes. Correo electrónico: gabrielmacias@filos.unam.mx

[2]Cf. Henry Giroux, y Laura Proasi. La pandemia del Covid-19 está exponiendo la plaga del neoliberalismo, Praxis educativa, Vol. 24, No 2, 2020.

[3]Cf. Atchoarena, D. COVID-19: Learning cities on the front line, [en línea], <https://en.unesco.org/news/covid-19-learning-cities-front-line>. [Consulta: 15 de mayo, 2020.]

[4]Cf. Henry Giroux, et al. Op. Cit., La pandemia del Covid-19

[5]Geoffroy De Lagasnerie. La última lección de Michel Foucault. Sobre el neoliberalismo, la teoría y la política. Fondo de Cultura Económica. México. 2018. p. 23.

[6]Michel Foucault. Nacimiento de la biopolítica. Fondo de Cultura Económica. México. 2007, p. 156.

[7]M. Foucault. Seguridad, territorio, población. México. Fondo de Cultura Económica. México. 2014. p. 136.

[8]Idem.

[9]Cf. Peter Sloterdijk. Has de cambiar tu vida. Sobre antropotécnica, Pre-Textos, Madrid, 2012. p.16.

[10]Ana Valle. “Técnica, autonomía y producción de sujetos.” En Valle, Ana y Jiménez, Marco. (ed.), Tecnología y enseñanza. Pensar los procesos de subjetivación. UNAM, FES Acatlán, México, 2020. p.78.

[11]P. Sloterdijk, Op. Cit. p. 2.

[12]Ibid., p. 20.

[13]Ibid., p. 17.

[14]Ibid., p. 151.

[15]Ibid., p. 156.

[16]P. Sloterdijk. La frivolidad no va a ser fácil. El País, España, 2020, [en línea] <https://elpais.com/ideas/2020-05-02/peter-sloterdijk-la-supervivencia-es-indiferente-a-las-nacionalidades.html>.

[17]P. Sloterdijk. Has de cambiar tu vida,  p.16.


Referencias

 

ATCHOARENA, D.  COVID-19: Learning cities on the front line. [en línea] <https://en.unesco.org/news/covid-19-learning-cities-front-line>. [Consulta: 15 de mayo, 2020.]

CASTRO-GÓMEZ, Santiago. Historia de la gubernamentalidad I. Razón de Estado, liberalismo y neoliberalismo en Michel Foucault. Siglo del Hombre Editores, Bogotá, 2016.

DE LAGASNERIE, Geoffroy. La última lección de Michel Foucault. Sobre el neoliberalismo, la teoría y la política. Fondo de Cultura Económica. México. 2018.

FOUCAULT, Michel. Nacimiento de la biopolítica. Fondo de Cultura Económica, México, 2007.

—————————. Seguridad, territorio, población. Fondo de Cultura Económica, México, 2014.

FORO ECONÓMICO MUNDIAL. 5 cosas que debes saber sobre el futuro de los trabajos. 2018, [en línea] <https://www.weforum.org/agenda/2018/09/future-of-jobs-2018-things-to-know/>.

GIROUX, Henry y Laura Proasi. La pandemia del Covid-19 está exponiendo la plaga del neoliberalismo. Praxis educativa, Vol. 24, No 2, 2020.

SLOTERDIJK, Peter. Has de cambiar tu vida. Sobre antropotécnica. Pre-Textos, Madrid, 2012.

SLOTERDIJK, Peter. La frivolidad no va a ser fácil. El País, España, 2020, [en línea] <https://elpais.com/ideas/2020-05-02/peter-sloterdijk-la-supervivencia-es-indiferente-a-las-nacionalidades.html>.

UNESCO. Interrupción educativa y respuesta al covid-19, consultado el 15 de mayo, 2020, [en línea] <https://es.unesco.org/covid19/educationresponse>.

VALLE, Ana. “Técnica, autonomía y producción de sujetos.”, En Valle, Ana y Jiménez, Marco (ed.), Tecnología y enseñanza. Pensar los procesos de subjetivación. UNAM, FES Acatlán, México, 2020.