¿Nuevos? Desafíos formativos y curriculares ante la pandemia de la COVID-19

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¿Nuevos? Desafíos formativos y curriculares ante la pandemia de la COVID-19

Abraham Daniel Hernández Fabián

 

Cambia lo superficial.

Cambia también lo profundo.

Cambia el modo de pensar.

Cambia todo en este mundo.

Numhaser, J. (1982). Todo cambia.

Ninguna persona dentro o fuera de los sistemas educativos del mundo hubiera apostado que, por causa de una emergencia sanitaria, las universidades lograrían transitar a la modalidad a distancia en tan solo un par de semanas. Durante este periodo de distanciamiento social, las Instituciones de Educación Superior (IES) y la comunidad académica, se centraron en analizar y adecuar la manera en la que podían continuar, concluir o iniciar sus ciclos escolares. Las reflexiones giraron en torno a los retos que las universidades están enfrentando para ajustar sus programas de estudios en el entorno digital, así como a algunas recomendaciones para movilizar sus recursos docentes, administrativos, tecnológicos y pedagógicos para que puedan llevarse a cabo actividades académicas en la modalidad a distancia o bien de manera híbrida.

Ante esto, es necesario hacer un alto para reflexionar sobre la experiencia y el conocimiento que está originando la pandemia de la COVID-19 y, sobre todo, las implicaciones que tendrán en el currículum[1] universitario en un futuro inmediato, como uno de los principales campos de la pedagogía. Por esta razón, en este escrito se intenta dar respuesta a los siguientes cuestionamientos, ¿cuáles son los retos a los que se enfrentará el currículo de la educación superior en México?, ¿es el fin del currículum para una sola modalidad y opción educativa?, ¿qué implicaciones tendrá la «liberación del conocimiento» en los planes de estudios de la modalidad escolarizada?, ¿cómo se beneficiará el currículo tras estas experiencias?, ¿de qué manera se deberá generar el aprendizaje en los estudiantes en las aulas universitarias?, ¿qué innovaciones didácticas tendrán que implementar el personal docente?

¿El tiempo del currículo multimodalidad?

“En un futuro cercano, se puede inferir que los planes de estudios serán organizados de una manera híbrida o mixta, para lo cual se deberá analizar cuáles conocimientos y habilidades se pueden desarrollar dentro y fuera de las instalaciones físicas de la universidad, cuáles son los intereses y formas de acercamiento al aprendizaje de las y los jóvenes, y las tecnologías digitales que apoyen la educación, entre otras cosas, lo que implicará un gran reto didáctico-pedagógico”.

 

 

Para poder obtener el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (RVOE), las IES privadas deben apegarse a lo señalado en los Acuerdos secretariales 17/11/17 (2017) y 18/11/18 (2018). Deben declarar cuál modalidad y opción educativa imparten de acuerdo con el tiempo que pasan los estudiantes bajo la conducción docente, los espacios donde se realiza el encuentro educativo, la trayectoria curricular, el calendario y horario, la mediación tecnológica, entre otros elementos. Si bien la normativa está plenamente estipulada, las didácticas y la pedagogía son cambiantes, adaptables, y responden a las exigencias del momento y contexto histórico.

En este sentido, los currículos establecidos para una sola modalidad y opción educativa prevalecerán ante las instancias educativas del Estado, hasta que éstas no puntualicen los rangos de adaptabilidad entre una opción y otra. Sin embargo, es inevitable que esa rigidez será desdibujada dentro de las instituciones educativas de acuerdo con sus particularidades y necesidades. Lo anterior, no afirma que se violente lo presentado ante las autoridades, por lo contrario, exige que tanto las autoridades e instituciones educativas tomen las decisiones necesarias para flexibilizar claramente el tránsito «parcial» entre opciones educativas; también “[…] implicará la revisión y verdadera flexibilización de los planes y programas de estudio, ya que las condiciones del desarrollo de saberes, haceres, prácticas y empleos, iniciarán transformaciones que van a requerir salidas profesionales abiertas y cambiantes, que se darán en contextos móviles y de inestabilidad”.[2]

En un futuro cercano, se puede inferir que los planes de estudios serán organizados de una manera híbrida o mixta, para lo cual se deberá analizar cuáles conocimientos y habilidades se pueden desarrollar dentro y fuera de las instalaciones físicas de la universidad, cuáles son los intereses y formas de acercamiento al aprendizaje de las y los jóvenes, y las tecnologías digitales que apoyen la educación, entre otras cosas, lo que implicará un gran reto didáctico-pedagógico. Considerando que el conocimiento y el desarrollo de habilidades no sólo se obtienen en las aulas universitarias, sino también en los espacios y organizaciones para la aplicación de saberes, “[…] del currículo como proyecto cultural, político y social, tendrá que abrirse”.[3]

Currículum vs liberación o democratización del conocimiento

                                                                                   

Antes de la pandemia, los congresos, seminarios, talleres, las actividades culturales se desarrollaban de manera presencial, lo que generaba que el acceso al conocimiento sólo estuviera al alcance de un pequeño grupo de personas. Lo que pudo parecer una complicación en la adaptación de todos los eventos académicos de las IES al medio digital, resultó en una “liberación o democratización del conocimiento”, es decir, ponerlo al alcance de toda la sociedad.[4]

Todos los días se están presentando una gran cantidad de actividades académicas como los webinars [5] o seminarios web, que rompen con la estructura rígida[6] de las universidades. Esto da la pauta para que las personas con acceso a internet puedan acercarse al conocimiento universitario. Sin embargo, la pandemia también enfatizó que a pesar de la «liberación del conocimiento», éste no está al alcance de todas las personas, debido a que en un país como México, la brecha social, económica, educativa y ahora tecnológica sigue siendo profunda. En particular, se puede inferir que la brecha tecnológica, en lugar de reducirse, se reproduce y aumenta. Por estas cuestiones, las IES deben pensar y rescatar que sus funciones de docencia, cultura e investigación deben estar a la disposición de la sociedad y considerar al “[…] conocimiento como un bien común, con pertinencia y responsabilidad social”.[7]

¿Cuál es el reto que enfrenta el currículum ante esta situación? El reto pedagógico al que se enfrentarán las IES es hacer propuestas curriculares atractivas e innovadoras, que generen conocimiento y competencias distintas a las obtenidas de manera autodidacta o sin una trayectoria curricular predeterminada, ocupando como apoyo adicional, todo el conocimiento que se encuentra disponible, tanto de acceso libre o restringido, en las diversas fuentes de consulta. La participación pedagógica en esto será necesaria para la adecuación e innovación curricular en la que se rompa con una estructura rígida, limitada por las fronteras cada vez más débiles de las disciplinas, y los retos interdisciplinarios y complejos del mundo globalizado.

Docencia, tecnología y aprendizaje

Después del reto mayúsculo de adaptar la educación escolarizada a una educación de «emergencia» mediada por las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), ahora es imposible concebir una educación sin éstas. Durante esta situación, la docencia universitaria se enfrentó a la difícil realidad de no contar con los conocimientos y habilidades necesarias para implementar las tecnologías digitales en el aprendizaje de sus estudiantes en una modalidad distinta a la acostumbrada. Por lo que se vieron obligados a capacitarse o actualizarse de manera inmediata en plataformas educativas, aplicaciones de servicios de videoconferencias, programas para la elaboración de presentaciones interactivas, pizarras electrónicas, entre otros, para poder dar sus sesiones de manera virtual o a distancia. En muchos de los casos, tuvieron que hacerlo de manera autónoma, debido a que sus universidades no les brindaron el apoyo y acompañamiento suficiente para el uso de las tecnologías en la educación.[8]

Por su parte, innumerables reformas curriculares han puesto énfasis en el hecho de incluir dentro de las aulas de clases, así como en sus perfiles de egreso, la tecnología para tratar de desarrollar en los estudiantes las competencias necesarias para su empleo en el ámbito profesional. La docencia en la educación superior se enfrenta a que, en la mayoría de los casos, tienen una formación profesional igual o afín al programa académico al que pertenecen, sin embargo, no cuentan con los conocimientos pedagógicos y didácticos para esta función. Por lo que el currículo, como propuesta educativa integral, debe considerar la formación docente como una pieza nodal para poder lograr los aprendizajes determinados en los perfiles de egreso.[9] En otras palabras, se debe pensar en un plan integral que además de tratar de definir a qué se enfrentarán los egresados en cinco o 10 años, se considere un programa de formación y capacitación para el personal docente en las cuestiones didácticas, tecnológicas y pedagógicas. 

Las diversas dificultades que enfrenta el personal docente en la concreción del currículo dentro de las aulas universitarias y que se acentuaron durante la educación de «emergencia», invita a reflexionar sobre los impactos didácticos que enfrentarán las IES y la función docente para responder a la exigencia de una educación distinta, no se trata de trasladar mecánicamente la formación presencial al mundo digital o mantener lo tradicional en otro formato.[10] Se tiene que cuidar que las TIC no sean las protagonistas del encuentro educativo, sino al contrario, las tecnologías deben verse como una ventana de oportunidad para nuevas formas de inclusión y diversificación de trayectorias de aprendizaje, donde el docente tenga la posibilidad de recurrir a los recursos en línea para adecuarse a la diversidad de las y los estudiantes, personalizar la propuesta curricular, así como producir conocimiento en situaciones de la vida real.[11]

Otro debate para considerar es que las nuevas generaciones, en particular, los nativos digitales, están experimentando con más impulso una educación mediada por las TIC. Es de esperarse que las y los jóvenes estudiantes exijan programas académicos y clases presenciales innovadoras, con el uso de la tecnología de manera permanente y que puedan desarrollar otras competencias que de manera autónoma no podrán hacerlo. Pero también, aunque parezca contradictorio, van a esperar que las instituciones educativas les brinden opciones distintas a la presencial: no escolarizada o mixta.[12] Puntos que sin duda el currículo debe considerar.

Se rompieron las paredes universitarias, ¿y ahora?         

Como se mencionó líneas arriba, la pandemia logró que la educación transitara y quebrara la formalidad de lo estipulado en los planes y programas de estudios dentro de las cuatro paredes de las aulas. Dio la oportunidad de que un número mayor de personas pudieran acercarse a los conocimientos disciplinares o culturales independientemente del lugar donde se encuentren.

Si bien, antes de la pandemia algunos programas académicos ya realizaban actividades formativas, organizadas interinstitucionalmente tanto locales, nacionales e internacionales, esto no se incluía formalmente en el currículo. Es importante que, en un futuro inmediato se considere dentro de los planes y programas de estudios un área de formación interinstitucional para potencializar la educación de manera nacional y transnacional;[13] esto posibilitará a que una mayor cantidad de jóvenes tenga la oportunidad de vivir una experiencia interinstitucional e internacional, situación que actualmente sólo unos pocos pueden obtener.

También, esto da la posibilidad de contar con perfiles de egreso que consideren el desarrollo de competencias distintas, respondiendo así a los múltiples intereses, problemáticas y necesidades locales, nacionales y globales. Brunner apuntaba desde inicios del siglo, la necesidad imperante que las fronteras disciplinarias sean desdibujadas y se piense en aquellos conocimientos y habilidades que ayuden a la solución de manera colaborativa e interdisciplinaria de problemas complejos, en campos y mercados laborales diversos a los existentes, más que la credencialización en un área particular del conocimiento, un puesto o función específica.

Reflexiones finales

 

“Debido a la sociedad del conocimiento que se está experimentando y a la necesidad imperante de la credencialización, las universidades deberán adecuarse a las necesidades de formación de las y los jóvenes, que demandan en muchas ocasiones, modalidades no escolarizadas o mixtas, que les permita poder atender otras áreas de su vida. También es necesario reflexionar las maneras en las que se puede lograr la flexibilización real y apertura del currículo, superando la idea de que sólo en las aulas universitarias se pueden lograr los aprendizajes esperados”.

 

Lo plasmado hasta el momento puede considerarse que derivó de la emergencia sanitaria causada por la COVID-19 en el mundo entero. Sin embargo, los «nuevos» desafíos curriculares ya estaban en la mesa de análisis, la pandemia como tal, sólo aceleró o mostró de manera más clara los retos a los que se enfrentan la trieja universidad-currículum-sociedad.

Debido a la sociedad del conocimiento que se está experimentando y a la necesidad imperante de la credencialización, las universidades deberán adecuarse a las necesidades de formación de las y los jóvenes, que demandan en muchas ocasiones, modalidades no escolarizadas o mixtas, que les permita poder atender otras áreas de su vida. También es necesario reflexionar las maneras en las que se puede lograr la flexibilización real y apertura del currículo, superando la idea de que sólo en las aulas universitarias se pueden lograr los aprendizajes esperados.

Para poder responder a lo anterior, Orozco y Chehaibar, señalan que se deben elaborar estrategias didácticas híbridas, con participación colegiada, que integren temas transversales e interdisciplinares, establecer vínculos con organizaciones donde las y los estudiantes puedan obtener conocimientos y habilidades, y sobre todo, comenzar con la reestructura institucional desde su normativa, la administración escolar y organización disciplinar. Superar el diseño curricular como el diseño de un formato de contenidos mínimos, número de créditos y formas de evaluación.[14]

Es innegable afirmar que se está en un periodo de profundos cambios. La educación se enfrentará a la reflexión sobre la modificación de las condiciones y las necesidades de aprendizaje de las personas para responder en todos sus ámbitos, sean estos personales, sociales, académico y laborales. La pandemia es un buen pretexto, para rescatar los pensamientos y el debate de la manera de concebir la escuela y la educación. Que se apunte al cumplimiento cabal del derecho a la educación, así como a la reducción de las desigualdades educativas, de tal modo que todas y todos cuenten con el aprendizaje que corresponda a su tiempo y contexto, así como a las dinámicas globales que se viven día con día.[15]

Se debe comenzar por tratar de resolver la pregunta sobre para qué educar, tanto en lo individual y lo colectivo, así como tratar de identificar qué aprender (conocimientos) y cómo hacerlo (estrategias de enseñanza, aprendizaje y evaluación), además de reforzar la necesidad de una educación para la vida, que desarrolle habilidades de adaptación frente a la incertidumbre y al vertiginoso ritmo de producción de conocimiento y de cambios sociales, científicos, tecnológicos, culturales, políticos y económicos. El currículo es una pieza elemental para la reducción de las brechas y desigualdades sociales, por medio del restablecimiento del vínculo entre la universidad y la sociedad, que posibilitará la construcción de otras sociedades, que estén preparadas para enfrentar la incertidumbre, al mismo tiempo que se forman profesionistas que, más allá de los beneficios personales y que den respuesta a los intereses económicos, sean conscientes de las necesidades locales, nacionales y globales, así como de las problemáticas multidimensionales y complejas que se enfrentan en la actualidad.


Notas

[1]Los cambios y necesidades educativas, históricas, sociales y económicas influyen en la concreción del currículum, por lo que una definición unívoca es compleja. (Gimeno Sacristán, 1988, pp. 13-43; Álvarez., M., 2010). En este escrito se entiende por currículum, al proyecto pedagógico integrador que incorpora los fines institucionales, educativos, políticos, sociales, culturales y económicos de un momento histórico, traducidos, organizados y plasmados en trayectorias ideales para el aprendizaje del estudiantado. Si bien curriculum (carrera) proviene del latín y por tanto no se acentúa, Glazman e Ibarrola (1978) afirman que en la lengua castellaña se adoptó del término anglosajón: currículum; aunque también tiempo más tarde, se castellanizó y popularizó: currículo (Citadas por Moreno y de los Arcos, 2002, p. 3). Para facilitar la lectura, se emplean como sinónimos currículum, currículo y plan de estudios.

[2]L. Chehaibar, Flexibilidad Curricular. Tensiones en tiempos de Pandemia, p.88.

[3]A. de Alba, Currículo y operación pedagógica en tiempos de COVID-19, p. 293.

[4]Cf. Santos, La universidad pospandémica. Espejos extraños.

[5]Entre la terminología que se generó y se legitimó en estos últimos meses en el ámbito educativo, es el de webinar. Debido a que es considerado un anglicismo, se recomienda el uso de seminario web. Otras denominaciones que se posicionaron con más fuerza y que exigen un uso adecuado son el de «educación o aprendizaje a distancia, en línea o digital». (L. García, Bosque semántico…, 2020).

[6]Si bien, algunos seminarios web mantienen la estructura del pre-registro para poder acceder, muchos de ellos pueden ser consultados de manera asincrónica, es decir, quedan disponibles para su análisis y revisión para el público en general.

[7]Chehaibar, Op. Cit., p.86.

[8]Cf. Arias, et al., Tecnologías digitales y educación superior ¿Qué opinan los docentes?

[9]En otras palabras, y parafraseando a Antón (2013), no sólo hay que cambiar el autobús (plan de estudios) por un modelo reciente que incluya sistema de posicionamiento global (GPS, por sus siglas en inglés), dirección hidráulica, transmisión automática, neumáticos todo terreno, cuando el chofer (docente) no está familiarizado con este tipo de dispositivos y tecnología.

[10]Cf. Antón, “Vino viejo en odres nuevos”.

[11]Cf. Amadio, et al., El currículo en los debates y en las reformas educativas…, p.18.

[12]Cf. Delgado, El impacto del COVID-19  en la generación Z.

[13]Cf. Schuller y Vicent-Lancrin, El trabajo de la OCDE en la internalización de la educación superior…, pp. 95 – 118.

[14]Cf. Chehaibar, Op. Cit., p. 90.

[15]Cf. Ibid., p. 85.

 


 

Referencias                                  

 

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