DOSSIER

Sobre este número (Editorial)

Hay sucesos aparentemente nimios en su tiempo que, al pasar de los años, se vuelven trascendentes. Cuenta una historia que, después de la conquista, cuando las acciones bélicas habían concluido y la Iglesia Católica buscaba asentarse en el Nuevo Mundo, se requirió bronce para la primera campana de la incipiente catedral metropolitana. Siendo escaso aquel material en la tierra conquistada, provino, según se sabe, de la fundición de uno de los cañones que Hernán Cortés donó para ese fin. Este hecho, en su tiempo trivial, marca simbólicamente un desplazamiento: de una conquista lograda bajo el fuego de las armas a la dominación de una cultura por medio de la evangelización. No ha faltado el que señale, con cierto enfado, que el repicar cotidiano de las campanas representa el continuo atronar de los cañones por parte de una conquista que se niega a quedar como resquicio del pasado.
En la actualidad, existe en México una tendencia a minimizar la conquista y su barbarie, como si ello fuera propio de unos cuantos resentidos que persisten en la memoria. Los que así piensan, actúan como si la cura para trascender los atavismos fuese condenarlos al olvido. Se soslaya que la conquista de América, particularmente en México, no puede reducirse únicamente a discursos políticos y odios irracionales, sino que ha forjado una manera de ser y estar en el mundo. Sobre ello ya había intentado dar cuenta Octavio Paz, en El laberinto de la soledad, sugiriendo que existe un carácter propio del mexicano, consecuencia de la conquista; un resentimiento ancestral, una misoginia constitutiva que explicaría, en gran medida, su forma de ser. Más allá de las críticas que se puedan hacer al poeta, es difícil negar que la conquista perfiló un carácter que podríamos calificar como colonizado. Tal carácter se vería reflejado en muchos fenómenos sociales cotidianos, a saber: el racismo hacia las personas morenas; la rapiña expoliadora de una clase política mediocre que pone, por encima de los intereses nacionales, las economías extranjeras; la sobrevalorización de la razón occidental sobre el conocimiento de los pueblos originarios, etc.
El presente número de la Revista Filosofía y Letras está dedicado a estas polémicas; a las discusiones en torno al descubrimiento y conquista de América. Los artículos que acompañan este dossier, salidos de la pluma de los académicos y alumnos de nuestra Facultad, dan muestra de las preocupaciones que suscitan aún estos debates; retoman, desde diferentes acercamientos, fenómenos que dan cuenta de un proceso de colonización que está lejos de quedar en el pasado. Al interior de este dossier se reviven las guerras, se hacen visibles los conflictos, se denuncian los silenciamientos y pacificaciones. Esperamos que estos artículos, más que un compendio de palabras dedicadas a un pasado mohoso, se traduzcan en un puñado de ideas que nos permitan zanjar un camino que, lejos de quedar borrado por el olvido, sea trazado por la reflexión de aquello en lo que nos hemos constituido.

Ramón Chaverry Soto

Editor