DOSSIER

Sobre este número (Editorial)

Bajo el dintel de la hacienda de Chinameca es acribillado un hombre de piel morena y rostro campesino, su nombre es Emiliano Zapata. Junto al caudillo muere el anhelo de un México para los pobres, para los campesinos y los indígenas.   

      Zapata encabezó una revolución popular que inició, casi, como una guerra de guerrillas hasta convertirse en un temible ejercito. Esa revolución vio su mayor logro cuando el Ejercito Libertador del Sur y la División del Norte, al mando de Francisco Villa, entran triunfantes a la Ciudad de México. Los cronistas narran una escena impensable: el pueblo armado tomando posesión de la ciudad, bebiendo en los cafés del centro, disfrutando la victoria. De aquel histórico episodio nos queda una foto en la que ambos revolucionarios posan en Palacio Nacional. Villa, divertido, está sentado en la Silla presidencial que, se cuenta, previamente había ofrecido a Zapata. El Atila el sur, sentado a la izquierda de Villa, con la pierna cruzada y el sobrero en el regazo, parece hablar con él. Ese pudo ser el inicio de un nuevo gobierno pero ambos decidieron regresar a pelear a sus terruños donde fueron derrotados. Aquel fue el fin de la revolución popular más importante que haya tenido México, ésta supo conjugar las demandas y sentires del pueblo; sin embargo, no logró formular un proyecto duradero de nación.   

      Zapata, hoy día, forma parte del martirologio mexicano, su rostro, como el de Che Guevara y otros revolucionarios, se relaciona con el ideal libertario. Los artículos de este número conmemoran su muerte, representan miradas diversas que se arrojan sobre un personaje complejo que, a más de cien años de su muerte, sigue siendo fuente de inspiración y controversia.   

Ramón Chaverry Soto

Editor